Ya una vez hablé aquí de los mangos de manila y no quiero volver a caer en esa lujuria aunque debo hacer público mi agradecimiento a quien por segunda vez en el año los mandó como fiesta y remedio, como consagración y auxilio, y a quien los trajo porque el porteo de algo tan delicado tiene proeza, pero lo que no he dicho es cuánto me gusta el humus árabe, ese platillo exquisito de garbanzo molido. Yo en estos días ni me meto en la cocina, pero Milagros, que aceleradamente se va convirtiendo en flor del tema, puso una taza de garbanzos a remojar la víspera; luego los coció en la olla de presión, los molió en la licuadora con una poquita de su misma agua, aceite de girasol, una cucharada de tahini, que es una pasta de sésamo que venden en las tiendas árabes (ajonjolí molido, pues), dos dientes pequeños y sabrosos de ajo, un chorrito de limón, sal y pimienta blanca, ¿así de fácil?, así de fácil. El chiste es que quede una pasta brillante, densa, sutil y exquisita que se acompaña de maravilla con pan de pita. Su brillo se consigue gracias al equilibrio de los factores, como bien sabemos, y al aceite.
Siempre ando presumiendo de que vivo a pie de todo, pero eso, mi querido Einstein, es relativo porque también el camino de Santiago de Compostela se hace a pie y tiene, desde St. Jean Pied-du-Port 769 kilómetros, y eso que apenas es la frontera más cercana de Francia con España, falta el de Roncesvalles que queda bastante más lejos. No, pero ahora se hace de muchas maneras y hay toda clase de transportes para aligerar el paseo, y hospedaje, comida y atractivos turísticos a cada paso. Pero la verdad es que sí vivo a pie de todo: del Museo del Prado, del Thyssen, del Reina Sofía, del Real Jardín Botánico, del parque del Retiro, de la Casa de América, del Instituto Cervantes, del Círculo de Bellas Artes, del Teatro Español; bueno, de todo: de Puerta del Sol, de la Plaza Mayor, de los mejores restaurantes de Madrid, del Teatro de la Ópera. Y me queda un montón de lugares interesantes que nombrar. Nada más hace falta que tenga vigor y entusiasmo para ir a donde sea, y eso en tres o cuatro días más estará resuelto.
Y ahora que nombré St. Jean Pied-du-Port, pasandito la frontera con Francia, me acordé: recién llegado a España tuve que ir al Festival de San Sebastián como representante de la Embajada; el domingo por la mañana me llamó Pedro Armendáriz para preguntarme qué iba a hacer; pues nada, le dije, caminar por aquí, conocer un poco; vamos a comer a un lugar en Francia que te va a gustar, me dijo, y me invitó una de las comidas más exquisitas que recuerdo, precisamente en St. Jean, en uno de esos lugares de culto, lejos de todo, pequeño, al lado de un angosto río en el que nadaban unas truchas gordas; unas cuántas mesas a las que se accede con estricta reservación, supongo que muy caro, en los que un artista de la cocina prepara lo que le da la gana con la conciencia de que está modificando el mundo. Qué bueno que soy amigo de Pedro, cuya conversación es, además, universal y enriquecedora.
Y aquí la voy llevando, mucho mejor que otras veces. Uf. Excepto que dormí pésimo: entre la luna llena y la mucha agua que tomo para eliminar toxinas, cinco veces el agua me llevó al pipitorium.
31may2007
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Miscelánea y frontera |
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El pescador |
Este poema es, en primera instancia, una descripción de un mosaico de las ruinas de Pompeya en el que el pescador está con su ristra de peces en la mano. Pero eso me sugirió muchas otras cosas, que tienen que ver con el trabajo, con los demás y con el sentido de la vida. Entiéndase de nuevo: no es que primero se me ocurrieran esas cosas y luego buscara cómo ponerlas en el poema sino que la imagen del pescador, que me provocó para describirla, me fue dando esos elementos conforme hacía el poema. De más está decir que el mosaico es precioso de formas y colores.
EL PESCADOR
Con una cuerda arrojadiza he sacado todos estos peces
de lo que unos llaman el agua y otros de otros modos;
al principio no sabía yo cómo hacerlo ni si tenía sentido
pero el asombro con que ahora los veo justifica la pesca;
gracias a ella mi torso se ha conservado esbelto
y mi desnudez sigue siendo una manera alegre de mostrarme.
No sé si son muchos o pocos o ningunos, porque ser,
lo que se llama ser, me tiene sin cuidado.
Yo los tengo ya como quiera que sea y los ofrezco
pues un pescador que conserva la pesca junto con ella se corrompe.
Mis pies, un poco rojos, han resistido estar tanto bajo el agua
que pueden llevarme con líquido fervor a cualquier parte:
se dice que la cabeza queda abajo y que los pies adentro
pero esta agua es distinta, es de otra densidad o de otro modo
y produce unos peces cuyo lomo es azul y cuya carne es de oro.
No dejaré que pase más el tiempo, me mandaré a trabajar,
me daré a la tarea de vencerme y derrotar al tiempo y otorgarlos.
Esos peces de mí.
30may2007
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Las otras medicinas |
Humus libanés y mangos de manila enviados de nuevo por María (Aura) y camelleados hasta España por Miguel (Marinas).
!Y se me olvidaban los merlitones!.
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El narco y los balazos |
La batalla contra el narco que ha emprendido el presidente Calderón no es poco inquietante, el reto es descomunal porque la primera apuesta está en la honestidad del ejército y por desgracia hemos visto con frecuencia que elementos del más alto rango están en el doble juego. Claro que la cosa ha llegado tan lejos que había que decidir un camino, agarrar el toro por los cuernos y comenzar. Está bien, ya comenzó; parece la acción más importante del régimen, al menos en cuanto a lenguaje. Y vaya que se ha movido el avispero: ha conseguido llamar la atención general del país hacia un problema común y ha obtenido otro logro político de primera magnitud, el apoyo de la Conago. Pero a los puros balazos no creo que se pueda ganar esa batalla.
El gobierno tiene otros recursos que no veo que se hayan puesto en marcha, aunque no son tan rápidos creo que son los únicos contra los que el enemigo no tendría respuesta, porque gente y armas, la torna una batalla puramente económica: una reforma profunda en la educación; una discusión seria acerca de las leyes y la prohibición de las drogas; el apoyo siempre pospuesto a la rentabilidad de las explotaciones agrícolas; una reestructuración a fondo de la relación entre trabajo y salario; una reforma fiscal que permita, entre otras cosas, que haya una mejor distribución de la riqueza nacional, que es tanta y tan bien alcanzaría para todos, incluso para los ricos, si volviéramos al primer punto de esta lista: una reforma profunda de la educación que nos diera una idea de país distinta de la que la educación escolarizada y la impartida a través de los medios hemos tenido en las últimas décadas. Entiendo que el reto es descomunal, pero eso es gobernar.
Así que, por lo que parece, hoy no me levanté tan infeliz que no pueda pensar un poquito en los demás. Qué tal que esta vez los efectos de los fármacos son mínimos y no tengo que hundirme en la desgracia de aguantar mi propio cuerpo como lo más importante del mundo. Ay, ójala que así fuera. Por lo pronto, hay que sacarle provecho. A ver si hasta trabajo un poco en algunas cosas que he dejado pendientes.
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La mano |
He aquí un poema celebratorio de altos vuelos. Es eso lo que tiene el estro, que a través de la cosa nimia toca, o busca tocar, lo sublime. La historia de la especie no va sin la mano, pero tampoco su posible futuro y trascendencia.
LA MANO
La mano importa tanto al manojo de nervios
como al intrincado sistema de emociones que conforman el mundo
pues en ello la mano aporta, la mano surte, rebana,
la mano instruye, aprieta, eleva, musicaliza,
y todas las acciones se inscriben disciplinadas en el carnet riguroso de la mano
para pasar al ejercicio voraz de los sentidos que de ella se valen para cambiar de reino: de los tres no se hace uno
y el que surge nuevo se proyecta por la gracia del tacto hacia otros juegos;
es otra cosa el mundo desde la perspectiva de la mano;
la historia no es ni lineal ni cíclica ni recta ni nosotros somos lo que parecemos ser;
quedan vestigios que el amor detecta en ella del tacto de la piedra,
de la alegre chamusquina del fuego,
del orgullo con que la mano levanta la herramienta para enseñársela al sol,
de la naturalidad con que se hicieron sus líneas: escritura sagrada
de un poder anterior a la conciencia;
la mano importa más al delta de la sangre que a la cuenta finita de latidos
que han de llegar a un paraíso distinto
en donde no se diferencia mano de pie de brazo de labio de párpado ni de corazón sangrante,
mas otra cosa es su destino;
de lo que es la mano: el alba de la memoria,
el celaje de la intuición, la fiesta.
29may2007
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Chochitos y farmacéutica |
Se sorprende Alma de Cántaro, interlocutora de este famosísimo blog, por la cantidad de medicamentos que a Milagros se le ocurrió poner en la foto de anoche. Ni son todos lo que están ni están todos los que son. Me explicaré. Esas son unas fotos en donde hay ejemplos del orden en que ella guarda los medicamentos homeopáticos en unas cajitas, y del orden con que me suministra los alopáticos en ese estuche plástico de tres compartimentos que indican desayuno, comida y cena, dizque para que no me confunda. Pero allí no está considerado el coctel que me ponen por vía intravenosa y que es el mero principal, allí nomás están un analgésico, una vitamina B12, un corticoide para tratar de evitar reacciones alérgicas al fármaco brutal y el sintrom, que es el anticoagulante para que no se me haga más bolas la sangre y se acabe la fiesta.
¿Y la homeopatía? os preguntaréis. Desde hace como veinticinco años curo todos mis males con esa magnífica rama de la medicina que no destruye unas partes para aliviar otras, pero resulta que hay enfermedades, como el cáncer, para las que la humana ciencia sólo ha encontrado solución, de manera estadística y científicamente comprobable, a través de la alopatía y sigo tomando la homeopática consistentemente para reforzar mi organismo y sobre todo, para evitar un despliegue de medicamentos industriales que aumentarían considerablemente el cupo de las amorosas cajitas de Milagros: que para la tos, que para el extreñimiento, que para la diarrea, que para las náuseas, que para protegerme el estómago, que para el sueño, que para el insomnio, que para hablar bonito y para escribir con buena ortografía.
Dado este parte de botica, orden y creación fotográfica, no me queda más que encomendarme (a qué, si no soy creyente) y esperar a que pase el día porque los efectos adversos del río que ayer me introdujeron en la sangre deben comenzar hoy o mañana a más tardar, y ya sé que vendrán unos días (¡qué sean poquitos, porfa!) en los que me siento de la patada. Ah, pero luego viene el amanecer y vuelvo a sentirme primero normal y luego fantástico. Y así hasta que una cosa u otra. Esperen ustedes las novedades. No se salgan del aire.
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Soy otra cosa |
Este poema alude a esa sensación universal que solemos tener por momentos y que ha hecho que se produzcan toda clase de especulaciones, la mayoría religiosas. Acaba en una coma y no es errata.
SOY OTRA COSA
Otra cosa soy. Soy otra cosa.
También soy lo que no se aparece en mi retina,
un señor que como otro señor tiene otros sueños
y desfila temprano en el zócalo apócrifo de sus recuerdos.
Soy otra cosa que ni sé. Soy otra cosa acá
y algo allá que es otra cosa.
Lo opuesto también soy.
Volteo para ver si me descubro y veo otra cosa,
lo que menos pudiera imaginarme,
lo que no se puede figurar con imágenes,
lo que no es. Soy otra cosa,
28may2007
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Aquiles sigue furioso |
Trilirín, trilirín..., hoy tengo sacadita de sangre a las ocho de la mañana, puro trámite; los chicos del Hospital de Día son impecables: va un pinchacito, Alejandro, me dicen cuando tienen la aguja enfilada a la carretera, ya no tan bien asfaltada, de mis venas (aquellas que eran como el ejemplo perfecto de las venas visibles de un flaco musculoso); yo miro para otro lado, y apenas siento. Unos segundos y váyase a desayunar. Lo posible (y deseable, nimodo) es que esté yo en condiciones íntimas (y aquí la intimidad se presenta en su estado más puro) de recibir el fármaco que entrará a trabajar en las galerías sórdidas de mis lugares descompuestos. O esa es, al menos, la ilusión que tenemos todos los que se dedican a combatir el cáncer y yo.
Vendré luego a desayunar y no sé en qué momento pueda publicar esto que estoy anotando en la noche, justo antes de dormirme, como prevención por si no tengo tiempo, porque al rato tengo que volver para someterme al segundo pinchazo: va, Alejandro; y yo miro para otro lado, por no perder la costumbre. Entre dos y tres horas enchufado a la vía por la que me entra la promesa de seguir viviendo con el tumor apaciguadito; ¡tate, tate! (¿cómo era lo del Dante?: ¡pape Satán, pape Satán alepe!). Y luego la cocción interna del malévolo guiso, y a ver quiénes se alimentan, si los buenos o los malos. Depende de los que sean más: "Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos". Pero, no; aquí se supone que cada vez está más orientado a combatir a los malos y a dejar que los buenos se las arreglen para sobrevivir, aunque sea medios derrengaditos.
Y esto ya lo anoto hoy: ya fui y ya me estoy desayunando. Como llegué temprano a los análisis me citaron de los primeros para la consulta, así que apenas tengo tiempo para publicar esta página y volver con mi libro al hospital: ya le fueron a pedir perdón a Aquiles porque le aconsejó Néstor a Agamenón que no fuera menso, que le devolviera al Pelida la chiquita que le quitó y el Atrida, como ve la cosa color de hormiga y no se atreve a enfrentarse a Héctor, que está implacable y ya los tiene cercados junto a las naves amenazándolos de que nomás amanezca se las quema y los mata a todos, aceptó devolvérsela junto con un montón de regalos; pero Aquiles dice que se los guarde donde le quepan, que no quiere nada de ese... Y en esas voy. Por eso me anda de regresar al hospital, porque voy a tener dos o tres horas para seguirle a la historia con lo de Patroclo y el duelo, que es conmovedorcísimo. Pero ya me estoy acordando que faltan un montón de rapsodias para llegar ahí. En fin, no tengo prisa, creo.
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Triste |
Este es un poema sin explicaciones ni notas posibles; un poema como son los poemas de todos.
TRISTE
No se puede escribir si se está triste,
el oficio se atasca, predomina la línea pedregosa
por la que no puede fluir ni una palabra cierta,
el paisaje es escombro de nombres sin sentido
y los ojos erráticos no se pueden fijar en cosa alguna,
transcurre un coche despacio por el siglo pasado de la ventana
y se lleva arrastrando la poca magia que la imaginación,
sirvienta remolona del deseo, estaba queriendo construir
y queda sólo un tiradero de añicos vidriosos y salados,
no hay nada tan triste como un poeta triste
tratando de escribir en su tristeza.
27may2007
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Una de televisión |
Ya sé que pensar en eso es utópico y políticamente incorrecto, pero cuál sería mi postura ante un gobierno en México que decidiera retirar la concesión a Televisa y a Azteca (dentro de sus facultades constitucionales) y volver a abrir algo semejante a Imevisión. Yo estaría francamente a favor del gobierno y daría infinitas gracias por la oportunidad de acabar con esas fuentes de estulticia, con esas deformadoras de identidad, con esas fábricas de mentiras sociales, con esos emporios económicos basados en la manipulación. Digo, a propósito del retiro de la concesión a la cadena privada de Venezuela que tanto revuelo ha causado y de la que en nombre de la libertad de expresión tantas cacayacas le han echado a Chávez.
Es facultad del gobierno que nos representa a todos con nuestra aprobación colectiva, otorgar el uso del espacio en que viajan las ondas -que es de todos, no del gobierno ni de los concesionarios, que es el mismo en que respiramos y nos movemos todos, y en el que no podemos influir individualmente sin el equipamiento necesario-, para emitir a través del radio y la televisión mensajes de entretenimiento, informativos, identitarios o conductuales. La gente debiera poder exigirle al gobierno que controle lo que los concesionarios hacen con ese descomunal poder que ingresa a la casa y a la vida privada de todos los que somos la gente de cada país.
Sé que se trata de un asunto delicado, que el planteamiento de la libertad de expresión tiene miga como para sacudir profundamente todas las formas de pensamiento y que la discusión puede ser larga y dolorosa pero viene a cuento por lo de Venezuela y porque en México no acaba de dirimirse el asunto de la llamada "ley Televisa", y si de algo sirve mi granito de arena...
Sí, es cierto, este es un blog de poeta, pero puedo decir que todas las cosas que tienen que ver con la especie humana y su relación con las demás especies y con el universo, son asunto primordial de la poesía.
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El halcón |
Ya ven ustedes, no todo en la vida es jugar; hay tiempo para la risa y tiempo para la reflexión. También en los libros de poesía, según yo. Por fortuna hoy es domingo y habiendo voluntad hay tiempo para leer un poema largo que reinterpreta una leyenda antigua. No es difícil si se lee el cuento del que parte. Hablo del destino, de fuerzas que lo conforman a uno a contrapelo de la voluntad, de cómo uno acaba siendo lo que nunca hubiera querido ser. De cómo Hiérace se convierte en lo contrario de lo que es por deseo y por acción propias en lo que otros elementos (en este caso los dioses) deciden que sea.
EL HALCÓN
Antonino Liberal, Las metamorfosis
He causado la ruina de los demás pájaros
y las palomas me tienen pavor;
he aquí por qué se dice que hay que pensar bien las cosas.
Antes de que yo me eligiera fui señalado para el vuelo,
no tuve la oportunidad del mamífero ni del reptil
ni se me permitió escoger el agua
en cualquiera de las tumultuosas formas que la habitan.
Ahora pienso cuánto me hubiera gustado pasar la vida en tierra
recolectando los alegres frutos y compartiéndolos con los demás,
haciendo labores con las manos,
como sacar el metal de entre las piedras, fundirlo,
pelear con él con toda valentía y rudeza
–las mismas que en ocasiones se usan para perpetuar una especie–
y acabar dándole forma:
la aguzada punta de la flecha que puede si es certera
inventar que alma y cuerpo sean dos cosas distintas,
llenar todo lo ancho y lo largo de una simple vida humana:
otros he visto que encuentran la irradiación de las piedras preciosas
de un pajar, de un lodazal, de un cuerpo,
que perciben y formulan a plenitud y en euforia cada instante
y el universo particular de cada atisbo,
pero o no supe o me faltó la fuerza para oponerme
y sucumbí al destino.
Casi nadie es lo que su gusto pide
y a la luz de la pequeña historia de nuestro siglo personal,
apenas es verdad lo que se da por cierto y por sabido,
las mismas cosas vuelven a suceder sin que uno caiga en cuenta,
cada vida puede tener las raíces puestas en vidas que ya fueron,
con iguales fibras si se trenzan se hacen hilos
con que se tejen telas para cubrir imágenes y cuerpos
y cuando se arrojan en suspensión irracional
se fabrican hojas de papel conservadoras de enigmas,
ni siquiera la distancia etérea del vuelo es suficiente para ver
porque el aire del tiempo es denso,
por eso no discierno entre el mal y el bien como quisiera
y apenas puedo hablar de mí entre graznidos sordos,
ésos que son el tiempo.
Otros al menos cantan con varios tonos y su canto se transmite
como un ramo de alegría.
El gorrión es uno de ellos
cuyo trino acuático permea los muros sólidos del desencanto,
de la impiedad, de los amaneceres lúgubres del insomne;
puede convivir con el jilguero sin que los afilados cuchillos
de sus cantos, montescos y capuletos, se entrecrucen.
Yo grazno.
Yo una voz rasposa.
Yo ruido ingrato.
El clarín o el zenzontle, piezas para mí insignificantes,
son el opósito,
el reverso,
el antípoda de mis desgarraduras guturales.
A mí lo que me sucedió es que me castigaron los dioses,
mortificaron mi piel, deformaron mi tamaño,
con muchas lastimaduras crujientes mi estructura cambió
y vine a ser lo que no era, lo que no iba a ser.
Veo mi esqueleto reconstituido y en él están patentes
los ligeros cambios que a mí tanto me dolieron.
¡Ya qué!
¿Estaban entretenidos haciéndolo o lo hicieron por oficio, indiferentes?
Nunca lo sabré.
¿Y qué son, qué paquete de inconsistencias los conforma?
Son la memoria y su doblez: el olvido.
¿Por qué los dioses se la toman con uno y lo hacen como quieren?
Yo tenía la apariencia de un hombre normal,
por lo menos cumplía con mis obligaciones y era pacífico y pródigo,
no excedía en estatura a nadie ni me quedaba corto
entre las filas de cualquier formación,
me levantaba antes que los demás
después de haber soñado cuanto era necesario en mis sueños
y era el primero en encender el fuego cumplidor para los ritos;
tanto entre los dioses como entre los hombres
siempre que se me necesitaba se contó conmigo,
he ahí lo que los disgustó sobremanera:
que les hubiera dado lo que ellos querían que no tuvieran,
que preferí a la gente, que me ensoberbecí
mirándome en el espejo de mi especie,
de la que fue mi especie.
Compartí la cebada y el trigo,
doné ovejas y corderos,
les regalé canastos de peces y moluscos
que muy trabajosamente aprendí a gustar
y aun sugerí que para mayor utilidad los sazonaran
con ciertas hierbas que les dije.
Además del cilantro y el perejil remotos,
les propuse la albahaca fresca cuando sus hojas al simple tacto
se extrovierten en aromas verdes,
el acuyo perfumado de complexión lunar,
bello como una visión egipcia,
les enseñé a utilizar el epazote y el papaloquelite
y hube de transmitirles el secreto sencillo
de tostar previamente las hojas de aguacate
y hacerlas luego emanar su gusto por medio de vapor.
Siempre andaba yo haciendo esas risueñas cosas.
Mientras, ellos se defendían del acoso de un monstruo marino
que los socarrones dioses les instrumentaron para sancionarlos,
nada que ver conmigo.
En realidad fue algo sangriento,
me dolió muchísimo el nacimiento de cada una de mis plumas,
me punzaban como remordimientos en la piel,
yo no sentía ni pude gozar su ligereza,
su parte metafórica,
y contrario a lo que todos piensan
la primera experiencia de volar fue desastrosa
ni siquiera en sueños me había imaginado nunca lo terrible
que es alejarse de la tierra;
para aquellos que conocieron el amor quizá sea más fácil entenderlo.
Espaldas de ángel, susurraban las muchachas
y sus palabras con alas eran siempre mucho muy ligeras;
se referían, por supuesto, con su gracia natural y fresca
a mi desnaturalización traviesa;
mi musculatura no alcazaba nunca a sostener lo que decían de mí,
yo sólo sentía laceración, dolor pues, mucho dolor.
Me entrenaron. Una cuerda amarrada a mi pata
me enseñó el alfabeto con que podría en adelante
nombrar los destinos posibles de cualquier desplazamiento,
cegaron los ojos de mi instinto,
me pusieron para cubrir todos mis sentidos una negra capucha
que sólo me es retirada para cumplir mi cometido.
Desde el puño de amos implacables
–tales son las fuerzas que me tienen–
salto a las mayores alturas para caer en forma vertical sobre mi presa,
lo que vuela me aterra y me da hambre
y en lo último en que quiero pensar es en mí mismo en el vacío,
mi elemento
desde que la metamorfosis vengadora me tornó en cernícalo
y tuve que olvidar la risa para siempre.
Pero el sufrir más grande, el que no tiene soborno,
es el dolor mismo del vuelo:
lo que se rasga es uno cuando tiene que atender asuntos
que no son de su especie.
He aquí por qué se dice que hay que pensar bien las cosas.
26may2007
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Jornada de reflexión |
La primera vez que fui a Aguascalientes, hace unos cincuenta años, me quedé asombrado de una manera de vocear muy peculiar. Había dos periódicos, el Heraldo y el Sol y los chiquillos que los vendían, todos, iban gritando sus nombres en ese orden, ¡el Heraldo, el So-llllllllllll! Alargaban la consonante final, la ele, sin vocal, como si fuera una sílaba distinta: la boca abierta, la lengua abombada por dentro y con la orilla pegada al paladar arriba de los dientes y una fuerte emisión de aire que expandía las ondas sonoras. La ele solita traspasaba el espacio de las calles y entraba por puertas y ventanas. Lo he comentado en la propia Aguascalientes pero nadie parece recordarlo. Quizás sea uno de esos recuerdos inventados a que tan afecta es la memoria, mía y de los demás, pero si hubiera un tribunal como el del dicho (que alguna vez tuvo que haber existido), yo metería la mano al fuego para garantizar que es cierto.
Hoy ya no hay campaña (pero sí hay sol-lllllll); hoy es jornada de reflexión y mañana se vota. Se dijeron horrores, los dos partidos principales se atacaron hasta donde pudieron, pero mañana se quedan calladitos mientras los electores piensan a quién le darán su voto. Dos semanas. Dos semanas duró la campaña y todos los medios estuvieron al pendiente y les dieron cobertura amplia. En la televisión, en la radio y en todos los periódicos hubo secciones diarias dedicadas al tema, pero no hubo anuncios pagados en ningún medio, o al menos no de manera visible. Y en las principales avenidas hubo carteles en todos los postes que mañana serán sustituidos por lo que regularmente tienen: información cultural y eventualmente de modas o de exposiciones de productos o de visitas oficiales de mandatarios extranjeros. O sea que no cambiará gran cosa el paisaje porque las campañas no fueron más allá de lo que suele haber. Los autobuses anunciarán estrenos de cine o de teatro o exposiciones en los museos, como de costumbre, en lugar de las caras de los candidatos. Y no se habrán gastado cientos o miles de millones ni habrán atosigado a la sociedad ni habrá que recoger toneladas de plástico y papel de desecho.
Hubo tiempo más que suficiente para saber quién es quién y por dónde van sus intenciones. Los grandes partidos, particularmente el PP, en la oposición, aprovecharon para llevar agua al molino de las elecciones generales del año próximo, cuando se elegirá jefe de gobierno. Acá no está prohibido que el presidente del gobierno participe en los mítines de campaña porque lo hace como cabeza de su partido y la sociedad vigila celosísimamente que no utilice su puesto, más allá de lo moral, para apoyar a sus correligionarios. O sea, unas campañas de pantalones largos, de gente seria, de adultos. Y aun así hubo tiempo de sobra para desengañarse.
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Uf |
Este poemita es sarcasmo puro. Había tal euforia, tanto valor puesto en el cambio de siglo y de milenio que el día uno de enero siguiente, cuando nos dimos cuenta de que seguíamos siendo exactamente los mismos que habíamos sido en el Siglo XX y en el Segundo Milenio, me ganó la risa.
UF
Bien se puede decir que hemos dado un paso,
un paso estratégico en la vida, un gran paso,
pues hemos pasado de siglo y de milenio
y en eso llevamos la delantera,
pues hay quienes no pasaron.
1/1/1
25may2007
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Nubes en Madrid |
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Días nublados |
¡Demonios!, llevamos una semana de días nublados y lluviosos, y por más que uno quiera levantar el ánimo y ponerle sonrisas al día, hay algo que pesa y apachurra, algo que literalmente ensombrece. Y bueno, ya sabemos que pasará, que son los menos días del año los que está nublado y desaparece el sol, pero como aquí no estamos acostumbrados a tantos días seguidos de sombras, ya pesa. Ay, España, España, no te nubles. Yo sé que más al norte hay quienes viven en regiones en las que está siempre brumoso, en donde el sol es una dádiva escasa y su luminosidad plena una rareza, allí se valora la vida de manera diferente y dicen que el índice de suicidios es muy alto y que el amor está hecho de desapego y frialdad. No sé. No me gustaría vivir en donde el gris se impone al verde y al azul. Ya con una semana de días nublados me basta.
Por fortuna, anoche vi una película excelente: El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, una aventura infantil, de cuento de hadas, enmarcada en el horror de la Guerra Civil. O más bien, de los primeros años del franquismo, cuando los ganadores se dedicaron a matar con saña a los vencidos y pusieron en juego lo más bajo y vil de la condición humana. Con el contrapunto magnífico de la esperanza llevada en dos caminos: uno, la fantasía pura, el cuento de hadas, y el otro, en la realidad histórica, los maquis, los guerrilleros que luchan por devolverle a España la dignidad y la humanidad que le han sido arrebatadas. Me encantó la película, qué bueno que la vi.
Y lo peor es que según el pronóstico, mañana estará peor: rayos y truenos, nubes y gris; el domingo, como es domingo y los niños tienen que ir al parque, se estarán yendo las nubes y el lunes tendremos de nuevo sol pleno; lástima que el lunes me toca arponazo y eso le quita una poca de alegría a la expectativa. Ya os contaré cuando suceda. Hoy lo que pasa es que está nublado, como les decía, y ya llevamos muchos días así...
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Vitor |
Confieso que es una tontería puramente retórica, pero no pude resistir el recuerdo de alguna vieja película del oeste en la que la estampida de bisontes, asustada por las terribles luchas de unos contra otros, se iba derechito al acantilado, por donde iban cayendo irremisiblemente unos tras otros sin que hubiera poder que los detuviera. Algo realmente espeluznante. Y así me pareció que es a veces el aplauso, sobre todo cuando es muy inducido.
VITOR
La estampida del aplauso
se desboca en las praderas
del asombro
hasta acabar precipitándose
por el acantilado
de la desilusión.
24may2007
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El genio de la lámpara |
Ahora tengo que estar en casa para poder escribir mi página diaria en esta bitácora, o en un lugar en el que haya wi-fi; ya vieron lo que sufrí cuando me fui a Sanlúcar de Barrameda y tenía que hacerlo desde un café internet; me sentía fuera de lugar, extraño, un poco ridículo, precipitado. Pero estoy seguro de que pronto se podrá hacer desde cualquier parte y no tendremos que preocuparnos por la conexión con internet; podré coger mi portátil e irme al Real Jardín Botánico a disfrutar de las maravillas del parque y a escribir acerca de los tonos de verde que van mostrando las plantas conforme avanza el año y de los matices interminables del canto de los pájaros. Y tal vez en poco tiempo (y yo lo vea) ya no tenga que llevar el portátil sino un pequeño tablerito que quizás se me pueda tatuar en los antebrazos.
Como un genio de lámpara de cuento árabe apareceré con los brazos cruzados como si estuviera esperando algo con una gran sonrisa en la boca y en realidad estaré con las yemas de los dedos inquietas escribiendo mensajes para el mundo. Contaré entonces lo que van pensando las muchachas que salen a pasear a la hora en que el sol dora las pieles y lo que piensan los viejos que se calientan al sol (o sea, lo que yo esté pensando); contaré lo que los muchachos susurran cuando nadie los ve y le preguntan a algo (porque a alguien es imposible, no pueden, no pueden) qué hacer, cómo portarse, como salir de sus predicamentos. Escribiré con soltura de primera mano acerca de las conversaciones que ocurren adentro de los coches que van vertiginosos por Paseo del Prado y de lo que se dice en las oficinas que tienen sus ventanas hacia los árboles. Verán. Ya falta poco.
Porque ahora, no dejo de maravillarme cada día de que puedo ir con mi pequeña computadora por toda la casa buscando en dónde me acomoda más para sentarme a escribir. Y no necesito cables, como antes, que tenía que estar enchufado a la línea telefónica. Pero todo ha sido tan rápido que no tengo por qué no pensar que van o ocurrir cosas que podemos imaginar como milagrosas. Pronto, lo que escriba llegará de manera inmediata a los lectores, sin cables y sin pantallas; pronto también, y eso es lo único que me inquieta y empaña la alegría floral de esta mañana, todo lo que haga o piense o diga dentro o fuera de la casa, pasará sin conexión por cable a un registro universal, a un ojo y una oreja que lo perciban todo y de todo guarden memoria para usarlo según y cuando les convenga. Ay nanita.
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Llegar a los cincuenta |
Éstos en seguida se verá que son versos de ocasión, sueltos y arbitrarios, en los que rima y metro caen cuando caen; su único chiste, aparte de lo celebratorio, es que dicen alguna cosita de la edad que entre burlas y veras...
LLEGAR A LOS CINCUENTA
Sergio Roterman,
en sus primeros cincuenta
No es tan fácil llegar a los cincuenta.
Los que ya lo pasaron ni se acuerdan,
los que están más abajo
no lo toman en cuenta,
esperan que no los muerdan
los colmillos feroces de los años
que no respetan idiomas ni tamaños,
les parece que están como en la cuerda
que tiene muchos nudos de trabajo
en los que hay que escalar,
hacer algún esfuerzo
–¿cómo se dice: torzo o tuerzo,
y cómo me acomoda: forzo o fuerzo?,–
y mejor la desechan, ¡a volar!
y nudos de placer que se deslizan
más bien de bajadita hacia una loca edad
que aquellos que la pisan
quisieran con adecuada propiedad
que su festejo en los demás se sienta.
No es tan fácil llegar a los cincuenta.
Son fáciles los pasos prematuros
que dan algunos niños apurones,
es muy fácil la técnica y la ciencia
para instalarse en plena adolescencia,
son fáciles los bluses y foxtrotes, las rolas y los sones
que se cantan agudos,
hirientes y picantes como chiles crudos,
cuando la edad está de tal manera
que se embelesa el cuerpo con la primavera;
es muy sencillo aficionarse a fiestas,
a paseos, a trotes, a proyectos en que suenen éstas
como razones últimas de todo,
las pachangas digo,
los relajos que hacemos al abrigo
de la bonita edad
que sin sentir se pasa,
y que el agua del tiempo vuelve lodo,
ay todo es puro polvo, todo,
es fácil ufanarse de músculos y bíceps,
tanto físicos como inteléctualeps,
son fáciles Platones y Aristóteleps,
Plotinos , Shopenháhueres y Esquilos
Heródotos, Plautos y Sanagustines,
Molieres y Corneilles y Racines
y es fácil acoplarse a los estilos
con que la juventud su haber cuenta y descuenta
pero no es tan fácil mirarse en los cincuenta.
Pongan ustedes por ejemplo un hombre
como éste que tenemos
y en cuyo honor bebemos,
bien vestido, elegante, generoso,
buen amigo, galán de punta a punta,
cuya lealtad con simpatía se junta,
abundoso
de dones, bien dotado de ingenio, de renombre
por su buena voz y su talento musical
que hace un pan tan sabroso y tan cabal
que la avenida de la Paz se magnifica
y envuelta en ese olor que panifica
las almas, toda desolación descuenta,
vivifica, tonifica,
la vida explica: ¡cosa rica!
y en levadura asciende la explosión incruenta
del placer concedido en baguette a los amigos
y digámoslo si no, pues hay testigos:
no es tan fácil llegar a los cincuenta.
Si se apura aquella enjundia que arremete,
aquel valor como de cero cero siete,
la vida acaba siendo de verdad un cuete,
aquella propensión al cien por ciento
en todo lo que causo y lo que siento
acaba por volvernos puro cuento.
Vale más paso constante,
humildad, perseverancia y ante
la adversidad del tiempo ir adelante
haciendo una labor panificante.
Vanidad es todo: la seda, la elegancia,
el smocking, el frack, la pajarita,
los vinos y los viajes,
el recuerdo y el olor de Francia,
y estos trajes divinos y esta cita
que tanto es advertencia como cuenta:
no señoras, señores, primos, amiguita,
no, no es fácil llegar a los cincuenta.
Aunque es mitad en rigor, es la mitad más larga,
es la subida toda de la barda
y en el pretil sabemos que del otro lado
se baja rápido y está nublado.
Y pues esto es así y así se sabe
busquémosle la vuelta más sabrosa;
que se acabe la pena, que se acabe,
y comience la veta prodigiosa
de la música fresca y saltarina
a darle al corazón su medicina:
comamos y cantemos,
bebamos y brindemos,
fumemos, platiquemos
y en comunión alegre retocemos,
y con este propósito hagan cuenta
que el señor Roterman se beneficia
pues todo lo que toca lo acaricia:
ha llegado el señor a los cincuenta.
23may2007
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Tostadas de pollo |
¡Qué tostadas de pollo tan espectaculares nos hicimos ayer! A ver, vámonos entendiendo: en México es facilísimo hacer o comer en cualquier parte tostadas de pollo; pero ponte a ver en Madrid en dónde encuentras tortillas tostadas en comal o en aceite y de dónde sacas frijoles refritos y quién te abastece una salsa verde. Pues todo en casa, porque ya les he contado que las tortillas (me refiero a ese pan mexicano de maíz que es básico en nuestra alimentación, no a las de huevo; qué maldición que se llamen igual) nos las traen las visitas, las empacamos al vacío y las guardamos en el congelador. En cualquier parte venden judías pintas o moradas o canelas e incluso lo que acá se llama frijoles negros, igual que allá; pero hacerlos refritos para untar en las tostadas es arte culinario puramente azteca. Pollo cocido y deshebrado, igual en cualquier parte. Cebolla rebanada, rodajas de jitomate; aguacate, que se ha vuelto universal, y una corona abundante de lechuga finamente cortada. Y tenía unos tomatillos de milpa, que dejados a la intemperie duran muchísimo: los cocí en agua con chiles verdes (también he encontrado la manera de que los chilitos me duren frescos dos o tres meses) y cebolla; lo molí todo, lo seguí cociendo y antes de ir a la mesa le puse cilantro picado: ¡qué salsa verde, coño! Ese queso desmoronado que les ponemos en México no existe aquí, y la crema no me cae nada bien, aunque esa, que se llama nata, sí hay. Buenísimas tostadas, güey.
Leí los tres últimos días en La Jornada un largo y serio artículo sobre el petróleo en México, firmado por Cuauhtémoc Cárdenas; un análisis del estado actual de los recursos petrolíferos, de sus antecedentes y sus posibilidades; más informado que Cuauhtémoc sobre el tema difícilmente se puede estar, pero lo que me impresionó fue la serenidad con que está presentado, la claridad de las propuestas y la vía directa hacia su aplicación; un estudio sin acusaciones, sin aspavientos ni tremendismos; ojalá que el gobierno actual esté a la altura y se pueda rescatar y utilizar con sensatez ese recurso. Como no puedo pensar que el Ingeniero esté buscando chamba ni votos ni tratando de acomodarse en posiciones políticas sólo veo una madurez humana al servicio de los demás: mi admiración y respeto.
Y aquí la cosa de las elecciones se está poniendo buenísima: ayer, el ex presidente Aznar dijo que cada voto que no sea para su partido, el PP, será para ETA; semejante retruécano, junto con otros que utilizó acusando al presidente Rodríguez Zapatero de lo que sólo es imputable a su propio acusador, si no fuera por su gravedad, deberían mover a la carcajada; lo malo es que en comunicación de masas la razón y la sensatez no son siempre la moneda que más circula y varios millones de españoles le creen; o bueno, a lo mejor no es lo malo sino lo bueno, güey.
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Mariví elige sus amistades |
Y va este alegre soneto para concluir con las calaveras.
MARIVÍ ELIGE SUS AMISTADES
Otra soy que miré desprevenida
pasar los años y llegar la hora,
fui muchacha locuaz y fui señora
y nunca de mí misma consentida.
Vi pasar la esquelética avenida
como si yo no fuera perdedora
y advertí que ni siendo soñadora
podía librarme de la Mal Venida
de modo que acabé con mi esqueleto
bailando entre las llamas de la radio
y entrevistando momias y calacas.
En mi fuero interior me puse un reto:
sólo habrán de pasar por este estadio
las osamentas locas de las flacas.
22may2007
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Ráfagas de vida real |
Los días tienen la carga que les corresponde y uno va tratando de bandear entre ellos para comprender y ver si puede decir algo, si puede opinar, ejercer de humano un poco. Pero, claro, no es fácil: aquí en España habrá elecciones autonómicas y municipales el próximo domingo y el líder de la oposición, como si se tratara de elecciones a la presidencia de gobierno, prometió ayer que si gana (el año próximo, no en éstas) pondrá tren a 350 kph a todas las capitales de España, como si nadie se acordara que ellos dejaron de gobernar hace apenas tres años y durante los ocho que lo hicieron no pudieron terminar ni siquiera el tren rápido a Barcelona.
En Israel la tienda Zara ha tenido que disculparse con la comunidad ultra ortodoxa por haber vendido trajes de señor de una tela prohibida: mezclaron lino con algodón, una combinación antinatural que atenta a todas luces contra ¿qué?; por supuesto que la empresa pide perdón porque se trata de la principal cadena de tiendas de ropa en Israel y sus ventas son de muchos millones de euros al año.
Anoche veía en la televisión una escena filmada para el noticiero a propósito de la interminable guerra entre Israel y el Líbano; la verdad, no sé cuáles eran cuáles: unos soldados disparaban hacia supuestos combatientes enemigos, pero nadie crea que esperaban a verlos, afinar la puntería e intentar el blanco; no, disparaban ráfagas y ráfagas de balas hacia una dirección en la que supongo que se supone que están los contrarios. Yo nunca he comprado balas ni jamás he disparado un arma de fuego; no por principio sino porque no me he visto en la ocasión, pero sí sé que las balas cuestan y que el parque se acaba, que defender con armas el derecho y la justicia les cuesta mucho a los pueblos que tienen que hacerlo; pero aquí, se ve que no, que las fábricas de armas están a todo lo que dan y los soldados pueden disparar cientos o miles de tiros al día, aunque no le atinen a nada, porque los muertos que hay son de obuses lanzados desde otros puntos y contra la población civil.
Hay un ahuehuete de cuatrocientos y tantos años en la plazuela del barrio de San Juan, en Xochimilco, en México, que está en grave peligro; cada vez el pavimento, los coches y el espíritu de depredación lo acosan más de cerca; algunos vecinos han levantado la voz para defenderlo; yo me sumo enérgicamente.
Como se ve, además de la Ilíada, estoy también al pendiente de lo que pasa en lo que llamamos la realidad. Sólo le pido a mi blog que se estire un poco y me alcance para todo.
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Germán ante la muerte coronada |
Es difícil resistirse a la tentación de hacer uno que otro soneto cuando se presenta la ocasión y buscar que el cartón se disimule, que ocurra con fluidez, que sea agradable; como aquí la ocasión se prestaba, me rendí al lance y vosotros diréis si salí airoso. No es uno, son dos: el de hoy y el de mañana, y con ellos se acaban las calaveras...
GERMÁN ANTE LA MUERTE CORONADA
Llegó contenta la perdida muerte
y atravesó la cancha muy canchera.
Antes, díjole, ingrata, que me muera
déjame con mi pluma esclarecerte.
Era hombre de pluma y de esa suerte
en cualquier circunstancia que se viera
hablar con entelequias le saliera
de lo más polifónico y más fuerte.
Nomás se puso ante la flaca ésa,
rechonchito, pelón, valentonado,
valido de su ingenio y de su gente
cuando riéndose dijo: fui indigente
mas acabé de monjas coronado.
Me llamé, cuando fui, Germán Dehesa.
21may2007
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Anoche los dejé alegando |
No sé si algo se haya modificado mientras dormíamos en este lado del mundo pero el caso es que anoche dejé a Héctor, el de tremolante casco, hablando con Andrómaca, desesperada porque aunque el marido es bueno y quiere al hijo, tanto que lo toma en sus brazos, aunque el niño se resiste asustado por el penacho de crines de caballo y trata de esconderse en el seno de la nodriza, y lo besa tiernamente y le dice palabras dulces y rudas al mismo tiempo, pues invoca a los dioses para que hagan que un día sea tan valiente o más que su padre y obtenga el prestigio de la guerra, no deja de ser el más sobresaliente de los guerreros y de reconocer que no le queda más que ir y enfrentarse con el que más desmanes está haciendo, el loco de Diomedes, que está incontenible. O con aquel a quien Ares decida apoyar en ese momento.
A la que dejé inconsolable es a Andrómaca, porque ya está viendo que si no ganan los troyanos -y cómo van a ganar si los aqueos es evidente que están apoyados por los dioses más que los argivos- ella irá arrastrada, como despojo de guerra; ella, la viuda del enorme Héctor, del preclaro hijo de Príamo, irá a servir para acarrear el agua o para calentarle la cama y cardarle la lana a aquel que se la lleve a rastras junto con lo demás del botín que le toque. Porque es evidente que están en desventaja, y ella lo ve clarito: Paris, a quien Afrodita sacó del peligro, o más bien, de la muerte inevitable, cuando ya Menelao lo tenía apergollado por el casco y la diosa hizo que se rompieran las correas y se lo llevó en medio de una nube, apenas va saliendo de su casa para regresar al combate, ya descansado, muy bien arregladito con ropas y arreos brillantes, y eso que es el causante de todo, por su culpa están los aqueos cercando Troya y haciendo los estragos que están haciendo. Así no se puede.
Bueno, les decía que no sé si las cosas sigan estando como las dejé anoche pero es muy importante que me apure con este trabajo y vaya a dar mi punto de vista, no sea que luego me lamente por no haber dado un consejo en el momento oportuno.
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María Victoria Llamas en escueta forma |
Otro de los personajes sujetos a mi versificación de calaveras ese año fue mi amiga muy querida María Victoria Llamas, periodista cabal y dama entera. Estos endecasílabos no tienen nada de particular que merezca especial comentario así que disfrútenlos como van.
MARIA VICTORIA LLAMAS EN ESCUETA FORMA
Qué cumplida que fue Maria Victoria,
responsable, discreta, solidaria
y se acabó como se acaba un aria
atrás del pentagrama de la noria.
Daban gusto sus guisos y consejos,
sus sencillas razones de valía,
sus regaños melíferos de tía
que agarraba a sus pobres abadejos
y de ahí no los bajaba en todo el día;
castigaba, juzgaba, sentenciaba,
poniendo en los asuntos que ganaba
adornitos de miel y de ambrosía.
Comunista fatal, la Muerte misma,
quiso saber de qué pata cojeaba
y acercósele lánguida y taimada
con objeto de hacerle algún sofisma.
–¡Nadie a mí me la da ni sofismea
porque Llamas que tengo de La Rioja
son bastantes a muerte y trampantoja
que ya ni canta, ni se ríe, ni mea!
Muy ardida la muerte por el trato
inesperado y rudo de la occisa
mudose al otro lado con su misa
y se sentó a bruñir su garabato.
–Aquí te espero aunque te tardes mucho
que al cabo has de salir de tu programa
y a tu casa dormida y en tu cama
ya te habré de mandar el arrechucho.
Murió María Victoria con soltura
y en el último trance de finales,
sin prestarse a discursos oficiales,
tampoco quiso que viniera el cura.
20may2007
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Domingo remolón |
Había yo acordado con el sol mi hora de levantarme. Aquí el sol pega de lleno en mi ventana en cuanto aparece y aunque hay una cortina gruesa, no lo es tanto que no se sepa lo que está ocurriendo afuera en materia de luz. Es domingo, hay fuero; casi no hay nadie en la calle; todo está consistentemente cerrado. A no ser los kioskos de refrescos y golosinas en los parques, que estarán limpiando, acomodando e imaginando las ganancias, que con el día así, demonios...; ningún comercio alienta. Las iglesias; seguramente las iglesias estarán trabajando aunque a poco gas porque las misas concurridas son las de medio día. Algunos transportes de turistas que deben llevarlos al Escorial, a Toledo, a Ávila, a Sevilla. El sol tenía que salir formalmente y acomodar toda esta fotografía a su hora adecuada. Y en eso, yo entraría en escena con oportunidad y todo estaría en sus cauces normales. Pero hete aquí que se nubló.
Ya desde antes de dormirme debí preverlo; había rayos y el viento sacudía las ventanas. Pero toda la semana había estado tan bueno y despejado el cielo, tan cálido el aire, tan confiadas en el calor las personas para andar con la ropa más ligera posible, que aflojé la atención y no hice caso del aviso. Claro, amaneció nublado y me quedé dormido. Yo, que trabajo los domingos, que soy en quien confío para que se abra el negocio y salga la página que da la vuelta al mundo sin moverse de su sitio, me quedé dormido como un angelito inocente.
Y ahora ya pasa de las diez y apenas estoy escribiendo esta torpe explicación de por qué no lo hice más temprano. Y para colmo: lo primero que discurrí al levantarme, todavía con los ojos chiquitos, fue dirigirme a la cocina, abrir el refrigerador y sacar una gelatina de jamaica, cuya frescura ácida y dulce me trajo sabores tropicales al desamparo de un domingo nublado en Madrid, en el que no cumplo con rigor mis horarios de trabajo y me expongo a que mis patrones, justamente indignados, decidan prescindir de mis servicios y contratar a cualquiera de esos poetas que abundan por ahí sin nada que hacer y que estarían felices de ocupar este espacio de privilegio. Procuraré enmendarme.
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Felicidad del oficio |
FELICIDAD DEL OFICIO
Qué magnífico ejercicio
si no se convierte en vicio,
puedes matar a quien quieras
y hacerle sus calaveras
si matas al presidente
no pasa nada en la calle
no hay política que estalle
ni se sorprende la gente.
II
No hay para narrar mejor procedimiento
que dejar que las palabras fluyan
como van en el que llaman pensamiento
y dejarlas que intuyan
que tanteen,
que digan sus bobadas
y paseen
por los espacios de sus propias coordenadas.
Y así si de morir se trata,
y si el asunto son las calaveras,
no maltrata
la vocación de las primeras
jugar un poco a los muertos y las morideras
Hay que buscar primero personajes
ponerles asegún sus vicios,
sus maneras y linajes
y quebrar la cascarita del humor
para sacar la almendra de los estropicios
que hace la inteligencia del rumor,
de los dimes y diretes
los certetes y falcetes
y el despliegue sonoro de artificios.
19may2007
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Introspección |
Como a ustedes les consta, no he faltado un sólo día a la obligación que me impuse en febrero de hacer una bitácora diaria de poeta. Cada día, entre las nueve y las once de la mañana, he salido al aire, no diré que victorioso pero sí seriecito, a comparecer en nombre de mi propia palabra. Hasta aquí he podido publicar un poema cada día y no se imaginan la cantidad de parque que me queda, tengo las santabárbaras peligrosamente abastecidas para una contienda duradera; no obstante, en algún momento habrá de acabarse. Veremos entonces si capitulo o encuentro formas evolucionadas de lucha. No sólo poemas sino sueños, recetas de cocina, quejas, asombros y sorpresas, han llenado estas páginas, con la única exigencia en la aduana de salida, de no cooperar a la banalización del mundo. Si van a servir para algo, vayan. Y procuren ser bellas.
Algunas veces he acudido a formas de propaganda que me han parecido legítimas para atraer lectores; he pedido ayuda a ciertos autores que vienen a dormir a la misma pensión en la que suelo quedarme, y ellos no han tenido inconveniente en prestarme algunos de sus versos más famosos para mi campaña. Luego ya entre nosotros nos arreglamos. He pirateado muchos directorios de quienes me mandan por internet distintas informaciones, y pienso seguir haciéndolo. Uno que otro destinatario de mensajes me ha pedido que lo borre de la lista y lo he hecho inmediatamente; mi intención no es molestar ni obligar a nadie. Pero ocurrió un caso para el que necesito a mi hija Cecilia, que es experta en detectar duendes: hay alguien a quien le he remitido dos mensajes publicitarios y dos veces me ha dicho que lo borre. Lo busqué en los directorios desde la primera, por supuesto, y nada; además del buscador he rastreado a ojo pelón, y no está. Ya le escribí explicándole y ofreciendo una disculpa. Por fortuna, se ha humanizado y parece que me cree.
Que no le gustan los blogs, me contestó. Y en principio, su respuesta me pareció más que razonable. Luego me he puesto a reflexionar sobre el género: página blanca, caja vacía, lienzo sin nada, espacio oscuro. Cada blog es lo que contiene y el contenedor no es nada. Nada de nada, su inmaterialidad es proporcional a su inexistencia: no puedes ir a comprar blogs a ninguna parte; no se puede adquirir blogs; el blog es la persona que lo hace aunque tiene como condición el no pertenecer al mundo de los objetos. Y posee, como ningún otro medio, la libertad como requisito. Cada quien en su blog pone exactamente lo que le da la gana, y no hay en el universo mundo poder que se lo impida. Otra cosa es que cuente con prosélitos o reciba el desdén, pero eso sólo corrobora la libertad absoluta. ¿Puede, entonces, gustar o dejar de hacerlo, lo que sólo es un medio y además no existe?
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Calaveretas del 98 |
Los versos que corresponden al día de hoy son de circunstancia; entre las calaveras que escribí ese año hice estas y otras dedicadas a mi amigo Germán Dehesa; confieso que la aportación de hoy es más larga que profunda pero qué se le va a hacer, así lo publiqué en "Poemas y otros poemas" y esta no es edición crítica. Tienen su chiste los versos, no obstante, así que se los encomiendo, aunque estén fuera de temporada.
CALAVERETAS DEL 98
Ay, ay, ay, calaveretas
que son del noventaiocho
permítanme dar piruetas
tocando a tocho morocho;
permitidme, señoras y señores,
que comience a narrar estos dolores
en que se vio la humanidad envuelta
cuando la muerte se sintió resuelta
y agarró por su cuenta los asuntos
de implicados, confesos y presuntos.
Ah, qué año, qué época y qué siglo
que acercábase rápido al dosmiglo
sin haber liquidado problemillas,
errores, muladeces, postemillas
y demás cochineros que tenía
en sus buchacas de milagrería.
La muerte se llevó a los que murieron
y se llevó también a los que fueron
remoloneando por la buena vida
para ver si encontraban la medida
de transcurrir nomás con disimulo
metiéndose la rima por el rulo
que les hacía la edad en la pelona;
ah qué muerte tan falsa y tan felona.
Pero hagamos la cuenta de los tales
cuyos huesos se hicieron parietales
y quedáronse mondos y lirondos,
descarnados, blancuzcos y redondos.
Por ejemplo pensemos en Dehesa,
en aquel señorón cuya entereza
no flaqueó por mentiras ni intereses
mas padeció los cívicos reveses
de tener poco seso en la mollera
y menos pelo que lo protegiera;
el humor lo perdió por atrevido,
por meter las orejas en el ruido
–y vaya que las tenía descomunales,
capaces de captar todos los males.
¿Me distraigo? ¿Les cuento indiscreciones?
Pues perdonen, que tengo mis razones
para salirme un poco del relato
porque el pobre señor, en arrebato
se puso a criticar a trochemoche
y a juzgar la moral del día y la noche,
dijo tantas blasfemias de los otros,
que si eran caballos, que si potros,
que galopaban a buscar fortunas,
que si agarraban sin temor las tunas
acabarían llenándose de ahuates,
que así perdió su multitud de cuates
sin temor a la muerte que venía,
pobre tipo, no vio lo que tenía.
Ni aun escuchó cuando la huesa inmunda
le entonaba estas coplas de segunda:
–Nada en la balanza pesa
lo que pesa la amistad,
nada vale la mitad
de lo que quiero a Dehesa–,
decía la muerte traviesa
mirándolo con maldad;
–yo creo que ya está en edad
de llevármelo en la panza;
pues comiéncemos la danza
y en ella, con gran fineza
limpiémosle la cabeza
de toda idea de venganza
tal como la tiene ya
limpia de toda basura,
de toda idea de mesura
y de toda intimidá
toda la inmunda maldad
en boca suya pongamos
y con neologismo hagamos
preocupantilicidad
que viene a ser preocuparse
de los infantiles males,
de magníficos tamales,
de gentílicos ramales,
de políticos venales,
de piedrecitas renales,
de cantantes infernales,
y de mil banalidades
que en forma de variedades
presenta en su cabaré.
Olé, olé y reolé.
Y todavía querer
enchuecandito la boca
hacernos creer que hoy toca.
¡Te toca a ti fenecer!
18may2007
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Las manzanas de oro |
Entre las cosas imposibles que le encarga su hermano, con la esperanza de que no sobreviva a los peligros de llevarlas a cabo y no tenga que entregarle el trono, y que se conocen como los Trabajos de Hércules, lo manda a traer unas manzanas del Jardín de las Hespérides, que tienen la característica de ser de oro. Ese jardín queda justamente en donde está Atlante sosteniendo el cielo sobre sus hombros; la estructura del cosmos, nada menos; en donde termina el mar Mediterráneo y empieza el Atlántico (o sea, más o menos en Cádiz, por los rumbos de la antigua Tartéside). Hay un dragón de cien cabezas vigilando la huerta para que nadie entre a robarse las manzanas, pues, como se comprenderá, son muy codiciadas; el único que puede entrar allí sin que lo ataque el dragón es Atlante. Cómo le haré, cómo le haré, piensa Hércules.
Se acerca al titán y le ofrece, mira tú qué buena onda, sostener su dura carga mientras él descansa un rato y ya si de paso entra a buscar las frutas pues se lo agradecería mucho. Pero Atlante, una vez que viene con ellas de regreso se siente tan bien, tan ligero, tan a gusto sin el castigo que le impusieron que decide dejar al gigante con la carga e irse él a llevar las manzanas. Hércules le dice que sí, que no tiene inconveniente, que hay que llevarlas a tal y tal parte, pero que antes de irse le detenga nomás tantito el cielo porque se le están enterrando en la espalda unas constelaciones, nomás para acomodarse. Una vez que Atlante ha retomado su carga Hércules coge las manzanas, le da las gracias, y hasta la próxima.
Anoche, Milagros se estuvo hasta las tantas poniendo aquí las fotos de los azulejos de adorno de la casa. Yo me dormí y no tengo idea de a qué horas habrá concluido pero la verdad es que quedaron muy bien; el pájaro y la dama me encantan y lucen una barbaridad; están, una en el estudio y otro, en un pasillo; las calas en las paredes, como cuadros abstractos, dependen en mucho de la pantalla desde la que se vean. Es que alguien las pidió y la verdad, era obligado ponerlas, nomás que está de la patada ser ciber esposa; yo no estoy muy apto para labores domésticas, de modo que ella se hace cargo de todas y aparte... , bueno, qué tengo que estar contando intimidades. El caso es que ahí van quedando como parte del rompecabezas que, junto con las palabras, conforma el mundo en que vivimos.
¿Y lo de Hércules?, os preguntaréis. Se han de acordar de Scherezada, que condenada por Harún al-Raschid al-Kancer a una muerte inevitable, alarga su vida en plazos tan cortos como día a día, y cuando menos se da cuenta mil y una noches ha llenado con sus palabras que evitan la ejecución de la sentencia. Pues saquen la hebra del ovillo mientras yo me dispongo para desayunar la fruta deleitosa que ya está Milagros preparándome.
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Post scriptum cabrón |
Esta es la última de las tres calaveras de Efraín (parece chiste, como la pequeñita de Pancho Villa que le vendían al gringo: sí señor, de cuando era niño); creo que hice otras pero, como no dejan de ser versos de circunstancia, fueron a dar a alguna parte y no guardé copia. Está hecha con decasílabos pareados, que aunque no son una medida ni una rima holgada, buscan dar la impresión de la voz del de Silao. En un tono rudo pero juguetón, el poeta le reclama a la muerte algunos matices del reconocimiento que pudo faltar a su trabajo en vida y hace alarde de haberla enamorado, a la vida y a todas las demás que se dejaron. Claro que no lo dijo él, lo dije yo.
POST SCRIPTUM CABRÓN
¿Crees tú que he trabajado poco?
Pues atájate en la punta el moco
y agarrándote la hebra mira
el bastón que mi derecha estira
nada más que por hacer mi suerte
similar a lo que fue mi muerte:
no dejé que me agarrara seco;
menos mal que frío y enteleco
el amor me dio la primavera
y yo hice que en poemas viera,
bajo un ala de sombrero loco
y tenaz como el estreptococo,
que no fueron suerte sino suerta
los trabajos del poeta Huerta.
17may2007
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Vetustas paredes |
Ya la casa tenía de por sí gancho pero lo que la hacía más deseable era su ubicación con respecto al trabajo, que me quedaba a cuadra y media, y de este lado, que está lleno de comercios, de servicios, de vida urbana; porque curiosamente del lado de atrás del Congreso no hay ni una triste tiendita, ni, claro, tintorería ni bodega de vinos, ni expendio de pan, ni fruterías ni florerías ni tiendas de chucherías, ni nada: edificios sobrios con oficinas y viviendas; algunos restaurantes caros en los que suelen comer los diputados, y otros en los que comen sus choferes y otros empleados. Claro que la finca está reformada, hace unos veintitantos años, pero es de 1884; o sea que, historia, tiene.
Un día compré en el Rastro un azulejo antiguo que me gustó y pensé que quedaría bien empotrado en alguna pared de mi casa; le pedí a mi amigo Marcelo Galván, que entonces vivía en Madrid haciendo teatro y es un manitas, o sea, tiene esa rara habilidad de atreverse a todo que tienen algunos, que calara el estuco de la pared para ponerlo. Vino y aplicose a la tarea; pas, pas, tiró el yeso, y resultó una cala atractiva, por lo menos tanto como el azulejo; mira qué raro construían estos muros, con una pieza asimétrica y de distinto material; déjamela, Marcelo, se ve bonita. Entonces busqué otro espacio para el mosaico. ¡Ahí!, le dije cuando tuve la revelación; en ese lugar va a quedar que ni pintado. Cincel, martillo y manitas en un santiamén tuvieron una visión de otra manera de construir, de una realidad distinta: abajo del recubrimiento apareció el material del muro original de hace un siglo y medio: unos sillares de tabique arenoso y madero atravesado reforzado con cuerdas muy delgadas de pita, lo que llamamos mecate, pues, y hecho con tal gracia que pensé enseguida que más que cubrirlo con un azulejo lo que había que hacer era firmarlo y ponerle iluminación de galería. ¿Rohtko? ¿Tapies?
Tengo varios azulejos en casa y no ha habido ya mayores excavaciones sin provecho, pero es que hay que aprender: hay muros que los pueden recibir sin ofender su pasado; uno tiene que saber cuáles son.
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La muerte y su espejo |
Es un poquito complicada la voz del poema. Se trata de la Muerte ante su espejo que es el poeta. La muerte se juzga a sí misma y ve la posibilidad de medirse con Efraín. Que se quedó gargantituerto por una operación de las cuerdas vocales. La muerte trata de superar la situación minimizándola. La de este lado del espejo la valora y la juzga y acaba aceptando en algún lugar de lo impensable que ha sido derrotada. No son comunes los pentasílabos en este género pero quería dejar limpio el nombre del poeta en el último verso.
LA MUERTE Y SU ESPEJO
Decidí verla:
colibrí seca,
gargantituerta;
para mí era
catarineta.
Paladín era:
la partí recta,
y a decir verda,
pues me vi mensa,
la creí lerda.
Me morí cerca:
batidimuerta,
comprendí quera,
jijirijera,
Efraín Huerta.
16may2007
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Como chinampina |
Ya me autorizaron. La presentación va a ser en Madrid, en el Instituto Cervantes, de la calle Alcalá, el martes 12 de junio, luego les digo la hora. La editorial es Calamus, de Oaxaca, una iniciativa de Francisco Toledo con apoyo del INBA, que da continuidad a las antiguas Ediciones Toledo. Se presentan en esta ocasión libros de cuatro autores, dos y dos: Antonio Gamoneda, Francisco Hernández, José Miguel Ullán y este galapaguito. Los que viven en Madrid vayan reservando esa tarde para acompañarnos; los que no, procuren ponernos en sus meditaciones de ese día.
Hoy desperté como una chinampina (como no está en el Diccionario RAE y sé que no se entiende fuera de México, la aclaro: serpentina de papel con pequeñas ampollas de pólvora que por percusión hacen breves estallidos en las pistolas de juguete), pensé que no me alcanzarían todas las páginas blancas que se han hecho en el mundo para contar las revoluciones de mis sueños. Sudaba; estaba empapado. Había un tiradero, por más que yo procuraba el orden con denuedo, quería que el sueño durara de principio a fin y pudiera cumplirse su existencia cabal, al lado de todas las cosas que le corresponden. Y que en ello privara un orden, una continuidad. Pero el concepto me lo revolcaban los hechos: contaminación por calor y piyama empapada, dispersión de propósitos, antecedentes errados, comezón. Me incorporé pensando que era el momento de emprender la tarea; vi el reloj; tomé unos tragos de agua y volví a acomodarme en mi pobre y sufrida almohada que estaba, la inocente, tan desconcertada como yo. Torné a engancharme con el tema del orden. ¿Pero cómo puede Milagros dormir tranquila y estar seca sólo porque sabe que hay una secuencia, una manera para soñar, y que este tiradero que a mí se me hace en derredor no sea más que falta de disciplina para hacerlo? He de poder. Tengo que poder. Acabé fracasando, poco a poco rendí la plaza que ya estaba más que tomada por el enemigo; no me quedó más remedio que reconocer al día como nueva autoridad.
Lo bueno es que una cierta naturalidad se va recuperando. Allí está el mundo, como siempre. Y uno se pregunta ¿por qué no hay montones de películas rusas en el mercado europeo y mundial, cuando los rusos saben hacer tan extraordinario cine y siguen siendo una potencia aunque hayan dejado de serlo en materia ideológica? ¿No sería natural que empezáramos a ver obras de intriga en las altas jerarquías del comunismo?, ¿visiones nuevas de la historia rusa de siglos pasados?, ¿aventuras cósmicas en las que una renovada visión humanista desplaza el utilitarismo de la guerra de las galaxias? ¿Pues qué pasó? ¿No tienen ustedes la sensación de que nos quedamos esperando, de que después de la caída del muro de Berlín nos imaginamos (¿o es que eso nos habían vendido?) un renacimiento cultural y humano de Rusia? ¿Será tan macabra la historia de lo que está pasando allí como el patético ingreso de Irak a las bondades de la democracia? ¿Tendrá esto que ver con la angustia y el desorden de mis acalorados sueños? Busco en los periódicos la información del encuentro de ayer entre Condolezza y Putin, tratando de intuir algo, pero sólo hay más confusión: ¿Lo único que le importa ya al mundo es el escudo antimisiles para la defensa de Estados Unidos? ¡Auxilio! ¡Escuchad a los poetas!