Es que me da hipo. Un hipo pertinaz, reiterativo, como todos los hipos. Casi no me doy cuenta cuando comienza, es suave y mullido, con algo de curativo; uno cree que va a ser un espasmo benéfico y liberador y sigue con lo suyo; pero cuando se ha instalado como descarga nerviosa que sacude todo el cuerpo y el entorno del cuerpo, comienza a tornarse en maldición. Hago lo que corresponde, claro: me tapo la nariz y dejo de respirar hasta que aguante, pero la medida no me deja prosperar porque a la mitad de mi ejercicio, hip; tomo agua al revés y apenas estoy tratando de dominar el ridículo de la postura y del ejercicio mismo cuando, hip; respiro adentro de una bolsa de papel y mientras voy cerrando con el puño los pliegues para que no se cuele el aire externo, hip; trato de procurarme sustos pero es prácticamente imposible asustarse uno mismo, se requiere una imaginación demasiado enfermiza, de la que yo carezco, hip.
No me acordé de decírselo a la doctora que está de guardia porque mi oncólogo de cabecera se fue de vacaciones -empieza agosto y nadie que se precie de exitoso o al menos consistente en su profesión permanece en Madrid, el calor es seco y llega a ser inclemente, como este maldito hipo-. Pero aunque se lo hubiera dicho, no creo que se haya inventado nunca un medicamento útil contra el hipo. Dicen que es enfermedad de Papas y que varios se han muerto de hipo desde la Edad Media y desde antes. Claro que hay páginas en Internet que describen los procedimientos que se deben seguir, y algunos llegan hasta la cirugía. Pero imagínate la situación:
-Vengo a que me operen.
-¿Qué tiene usted?
-Hipo.
-Váyase a su casa y tómese un vaso de agua al revés. Y vuelva cuando tenga algo más serio: caspa, por ejemplo.
Aunque quizás la doctora, muy profesional como se veía, habría empezado a hacerme una historia clínica para tratar de averiguar el posible origen, hip. Y lo peor es que, en este caso, lo sé muy bien: se debe a los medicamentos contra el cáncer; o no, alto ahí, a los medicamentos asociados: los corticoides ¡eureka!, es la primera vez que me da hipo con cada aplicación del fármaco y es la primera vez que lo tomo asociado con cortisona.
¡Ay, madre!, con razón le tengo tanto horror a esa sustancia, pero ¿qué prefiero: hipo o urticaria? Porque la cortisona me la dan para evitar la reacción alérgica que me produce una urticaria belcebullente que ya describí en todo su esplendoroso horror en estas mismas páginas; los muy morbosos, búsquenlas. Y nada, estoy perdido: esperar a que pase el efecto: una semana. Hasta ahora me da y se me quita, no crean que duermo con hipo, aunque hoy tuvo la gracia de despertarme a las cinco cuando me había dormido casi a las tres. Me da a ratos. Imagínense si fuera como un Papa y tuviera que irme agostando de hipo ante la imposibilidad de hacerlo de algo verdaderamente maligno por estar protegido con el manto divino de la suprema protección del Altísimo, hip.
31jul2007
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Me da hipo |
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Autocrítica |
Hay poemas que no necesitan que se les agregue nada; cualquier intento de explicación es una intromisión grosera.
AUTOCRÍTICA
El Adán
de Tulio Lombardo
es un varoncito hermoso
de mármol
con una hoja de parra.
Como yo.
30jul2007
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Educación para la convivencia |
Conforme uno crece se aleja de ciertas verdades que caían por su propio peso porque la sociedad está viva y se transforma, hay cosas que cambian y uno ya no se da cuenta, pero según yo, los mexicanos educamos a nuestros hijos con algunos principios que son constantes y que como son modo de ser pasan de padres a hijos. Uno de estos es el de que los demás no tienen por qué padecer nuestros malhumores o nuestros conflictos internos, que son cosas privadas, cosas muy de nosotros, que nuestras quejas y rabietas las hacemos en privado, en la medida de lo posible, y tratamos de ponerle buena cara a la vida que vivimos ante los demás. Mayoritariamente contestamos del mejor modo posible al saludo o a la petición de un servicio porque así nos enseñan los padres desde niños y así vemos que es entre los demás.
Choferes de taxi, dependientes de comercio o empleados de oficina en España suelen ser mucho menos amables con el público de lo que se acostumbra en México o en otros países de América Latina, y esto nos desconcierta porque pensamos -esa es parte de nuestra susceptibilidad social- que es algo personal contra nosotros, aunque en realidad responde a esa parcela de la educación en la que nosotros decimos que nuestros problemas son nuestros y los demás no tiene por qué padecerlos y acá esa separación de sentimientos no me parece que esté incluida en la educación, sobre todo en la que dan los padres; y esto en el peor de los casos, porque normalmente lo que pasa es que son distintos, pero tan amables y dispuestos al buen trato como cualquiera.
Cuando ejercemos la irritación contra terceros procuramos que haya un cierto equilibrio justiciero, es decir que no aplicamos normalmente, al menos en público, violencia contra personas impedidas, ancianas o notoriamente menores en peso y fuerza a nosotros, aunque está de por medio y es capítulo aparte la extrema violencia doméstica que se ejerce en privado contra mujeres y niños. Una de las campañas constantes de los medios de comunicación en España, es la denuncia de las mujeres asesinadas por sus esposos, ex parejas y novios. Se lleva una cuenta minuciosa de víctimas anuales de esta lacra en todos los medios. Y por desgracia suele haber niños que pagan sin deberla ni temerla. Con frecuencia el hombre despechado, aunque en ocasiones ya haya pasado por correctivos policíacos, que aplican la ley reciente que trata de evitar estos conflictos, y tenga orden de no acercarse a la ex pareja, la encuentra (siento decirlo, pero casi siempre con la anuencia de ella), la mata y atenta también contra los niños, supongo que por desesperación y culpa, que generalmente los orilla al suicidio, o al menos a intentarlo.
Con lo terrible que es este flagelo, no creo que estadísticamente sea mayor que en México en donde estos casos no son ventilados en público, pertenecen al orden de lo privado; se busca, supongo, resguardar de la vergüenza a los familiares sobrevivientes. O falta conciencia de la gravedad entre las autoridades, que comparten la idiosincrasia con los demás paisanos. Rafael Ruiz Harrel debe conocer al dedillo los pormenores y recuentos de este horror y es más que probable que lo haya analizado en sus columnas del Reforma, le voy a preguntar, aunque de su respuesta resulte que estoy seria y concienzudamente equivocado. En tal caso lo haré saber porque eso es parte de la educación para la ciudadanía, y nunca es tarde para empezar.
Y me perdonan pero corro pal hospital: me toca arpón.
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La tuerta es reina |
La memoria me hace siempre quedar mal, pero según yo este poma lo escribí a propósito de la extraordinaria exhibición del busto de Nefertiti que hace el Egyptian Museum de Berlín, que la tiene puesta con luces y elegancia, como una reina, cuya vista lo hace a uno quedar balbuciendo. Mírenla, si no.
LA TUERTA ES REINA
Nefertiti,
la carita más hermosa
que en mi vista
he vido.
29jul2007
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Crecimiento inesperado |
Qué susto me llevé ayer. Lo primero que pensé es que algo se había descompuesto y me entró terror como preludio de la aceptación ante lo inevitable: se tronó el dese. Alguna configuración se alteró en el incomprensible mundo virtual en donde todo esto ocurre. Pero ahí fue donde comencé a recapacitar: si hay tantos visitantes repentinamente debe haber alguna razón y no necesariamente una descompostura, las cosas que ocurren en ese otro mundo en donde nada es real ni tiene cuerpo verdadero han de tener también, como en el resto del universo, un origen y una razón. Vamos a revisar. Y aunque el contador de visitas no es tan chismoso como uno quisiera algo cuenta con la boca apretada y como viendo hacia otro lado: sí, los cuatrocientos y tantos que iban hasta ese momento eran reales, habían pasado por la página y algunos hasta huella habían dejado. Y ahí fue que se reveló todo el pastel, porque no faltaron los visitantes que evidenciaron el origen de su llegada: la columna de Jaime Avilés en La Jornada los puso sobre aviso de la existencia de esta bitácora. Y Jaime me lo había dicho, el sábado voy a poner una nota en mi columna comentando tu blog.
Pues muchas gracias, Jaime, cayeron un montonal de repentinos nuevos lectores a los que no había yo podido avisarles que cada día cuento en esta página las cosas azarosas que pasan en la vida colectiva o en mi muy particular mundito personal, porque no había tenido cómo; lo que he ido haciendo desde febrero que comencé a escribir diario esta página y a publicar uno por uno los poemas de mis libros, empezando por el más reciente, ha sido mandar avisos a todos los cuates que tengo en mi directorio de correo electrónico y piratearme cuantas direcciones llegan en los correos colectivos desprevenidos que no saben cómo ocultar las listas de sus destinatarios. Con qué apetito veo los correos que tienen pinta de ser colectivos y con qué gula hago copy/paste de los sabrosos enlistados. Algunos, no tan pocos, me han pedido que los borre de mi lista y lo he hecho inmediatamente, para qué quiere uno lectores que no están interesados en leerlo. Otros, me consta con alegría, han ayudado a la divulgación con el antiguo método del comentario directo o del envío de la sugerencia. Pero, claro, no hay como una mención en la prensa que corre por todo el país diciéndole de cosas a la gente. Se más que duplicó la cuenta. Y más que por el país, porque habemos muchos que estamos fuera y lo leemos por internet.
Y esa era la motivación primera. Tenía yo un libro nuevo de poemas y carecía de editor. Pos lo publico yo mismo, si para eso hay acceso para todos en el mundo virtual, me dije. Es cierto, no es en papel pero el chiste es que corran los poemas por el ancho mundo. Y vaya que es ancho: en todos los continentes hay lectores de este medio. Y tal magia me ha hecho reflexionar algunas veces sobre los lenguajes que aquí se usan porque uno habla con las palabras de su tribu pero los de allende el cerro no necesariamente usan los mismos términos con el mismo sentido; aunque hablemos el mismo idioma no lo empleamos con el mismo ritmo ni en las mismas frecuencias auditivas. En fin, al que le interese el tema vaya a las páginas atrás en donde se habla de esto. Y de que el libro salió en papel y ya anda rondando por el mundo. En octubre iré a México y procuraré que me lleven a presentarlo en distintas ciudades. Lo publicaron Ediciones Calamus, de la tan sufrida Oaxaca.
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La bien amada |
Estaban las puras laminitas de oro acomodadas en donde correspondía aunque no estuviera la momia, quién sabe por qué.
LA BIEN AMADA
Los ojos de oro
los labios de oro
los pezones de oro
y de oro también
la paparrucha
de la momia
bien amada.
28jul2007
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Cosas inexplicables |
Hay tantas cosas que uno no se explica. Es decir, hay tantas cosas que ocurren o están ahí con su naturaleza y uno quisiera poder desmoronarlas y aplicarles la regla de sus mediciones particulares, pero no siempre se puede. Ahí tienen, por ejemplo, el caso extrañísimo de los controles de luz en los baños de las casas españolas, que todos están fuera. Vas al baño y antes de entrar tienes que encender la luz y apagarla una vez que has salido. En las casas particulares no hay problema, enciendes y ya, apagas y ya; pero en los baños de los restaurantes y otros lugares públicos la cosa se complica con frecuencia: el apagador, que está fuera, suele tener un temporizador, un mecanismo que hace que dure equis tiempo y se apague automáticamente; tú, muy quitado de la pena entras al retrete una vez que has encendido desde fuera la luz pero tus acciones tienen que coincidir con el tiempo que el diseñador dispuso para tal efecto porque si no a medio trabajo te puedes quedar a oscuras sin la posibilidad de salir a darle otro toquecito al famoso temporizador para que se active y te conceda más plazo. O tener cachaza para decir con voz fuerte: ¡eh!, ¿hay alguien ahí? Por favor, darle un tiento al apagador porque me he quedado a oscuras.
O la utilización de ciertas palabras que tiene su modo peculiar en cada parcela del idioma. Acá, por ejemplo, cuando una línea telefónica está en uso y no puedes hacer efectiva tu llamada porque suena la universal señal continua indicándote que hay otros usuarios en ese momento hablando entre sí, se dice que el teléfono comunica. De modo que los primeros días en la oficina, cuando llegué a trabajar de sopetón en un país que, aunque comparte la misma lengua con el nuestro y otros veinte, me era desconocido en sus minucias, sufría desconciertos mayúsculos. Comunícame con tal persona, le decía a la secretaria; no se puede, me contestaba pasados unos momentos, porque el teléfono comunica. Pues sí, eso es precisamente lo que quiero, que me comunique. Pero hay que esperar porque comunica. Y así podíamos seguir, con una escena de confusiones y carcajadas locas de comedia, sin que lograra entender que lo que quería decir la secretaria era que el teléfono que marcaba estaba ocupado, en uso, y no se podía lograr, precisamente, la comunicación. O sea que, según eso, cuando comunica es que no comunica porque está comunicado con un tercero.
Dame una rebanada de ese queso, le dije al charcutero que tiene su negocio en Santa Isabel, en las goteras del mercado Antón Martín; no, me dijo socarrón, las rebanadas son de pan, estas son lonchas. Está bien, dije, lónchame uno poco de ese queso. Me miró primero con un dejo de rencor verbal y acabó riéndose y despachándome lo que le pedía. Pero, bueno, lo de menos son esas nimiedades anecdóticas; hay cosas mucho más incomprensibles: el gobierno ha propuesto y el congreso ha convertido en ley, la educación para la ciudadanía; ley que debe ser acatada por todos porque esto es una democracia y mandan las mayorías representadas en un congreso cuya función es normar la vida colectiva, y desde mi punto de vista, altamente necesaria en este país y en casi todos los demás para que los ciudadanos aprendan a convivir entre sí lo más constructivamente posible. Pues la jerarquía eclesiástica española, apoyada por el Vaticano, dice que tal educación, la de la ciudadanía, es un atentado contra los derechos humanos. ¡Tiene narices! (expresión hispana que equivale a ¡qué huevos!)
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Sáfica |
Éste y otros que siguen, son breves impresiones de paseante de museo, corresponden a imágenes recogidas en el Metropolitan.
SÁFICA
Safo
sufre
finamente
y miente.
27jul2007
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¡Ah. Grecia! |
Hace treinta o cuarenta años, cuando leí El Coloso de Marusi, de Henry Miller, me prometí que iría a Grecia y recorrería ese poso de historia y cultura con detenimiento y paciencia, iría a cada isla y cada asentamiento a la orilla del mar y me asomaría atrás de cada roca y me mojaría los pies en cada río saludándolo devotamente con la secreta intención de caerle bien y que viera con buenos ojos mi posible relación con alguna de sus hijas que seguramente estaría con otras ninfas tan apetecibles como ella por aquellos prados jugueteando bajo el cielo profundamente azul de aquel Mediterráneo. Cada año lo pospuse irresponsablemente. Cada vez pensé que no era el momento oportuno, que no tenía la libertad necesaria. Y mientras tanto leía a Homero o a Herodoto, a Jenofonte o a Apolonio de Rodas y me iba construyendo la barca de imágenes en que navegaría hacia adentro una vez que llegara a Grecia. Al empezar este año, cuando murió Sergio Jiménez, con quien compartí de muy joven, con tanto cariño, algunas de estas lecturas y fantasías y supe que él tampoco había ido a Grecia y que era uno los pendientes que dejaba, se redobló mi tristeza profunda por su muerte.
Pero estoy leyendo ahora un libro delicioso de Javier Reverte, Corazón de Ulises, que es un viaje por cada estación de la cultura griega, contado el viaje del solitario por los lugares de hoy día y contadas las abundantes lecturas y reflexiones que hacen que cada punto narrado de las islas y de tierra firme de Grecia y de Turquía se abra en el tiempo y se disfrute como un canasto inagotable de placeres y perplejidades. Por ahí andan todos los héroes y los mitos, todos los lugares que hemos recorrido una y mil veces gracias a la poderosa transmisión de la literatura, y andan los monstruos míticos y las batallas imposibles, los pasos de los ejércitos persas y de los aventureros griegos. Unos cinco mil años en abanico. Un bombón de lectura, que además de ser sabroso está lleno de sabiduría.
Cuando llegué al capítulo que se llama La armadura de Aquiles, pensé que leería una vez más la descripción minuciosa del mundo griego con sus ritos y costumbres labrados en el escudo con esa pasión de miniaturista y visión cinematográfica de Homero, cuando se la entrega Hefesto a Tetis que se la ha pedido para suplir las armas que Héctor se llevó como trofeos de guerra, para que se arme Aquiles, que ya depuso la cólera y está dispuesto a hacer las paces con Agamenón y entrar a la batalla para vengar la muerte de su querido Patroclo. Pero no, Reverte no va por ese camino; nos cuenta los últimos momentos del poema de Homero y pasa a otras reflexiones. En fin, ayer llegó mi hija Cecilia, que viene también de Grecia, esa Grecia que se me acerca cada día más y que veo más lejana cada vez. Qué cosas.
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Como la chispa |
COMO LA CHISPA
Toco tu cuerpo y por tu cuerpo
soy tocado
miro tu cuerpo y soy mirado
por tu cuerpo
por él soy inventado
este cuerpo nuestro
arrollado y fugaz como una chispa
huele
y brilla por dentro nuestro cuerpo
satinado.
26jul2007
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El espejo encantado |
Ahora no voy porque me resulta muy agotador pero los primeros años que viví en Madrid solía ir con frecuencia los domingos al Rastro; sobre todo los primeros meses, cuando monté mi casa, porque de México no me traje prácticamente nada más que unos equipales, algunos cuadros y unos pocos libros. En el Rastro, ese hervidero comercial de cuanto hay de los domingos, encontré algunas maravillas porque lo mismo venden allí trapos de todo tipo para ponerse que chucherías, vejestorios, antigüedades y desperdicios. Compré un ropero decorado que pensé habilitar como cantina, aunque después se impuso su verdadera vocación y se quedó para guardar los abrigos de invierno; compré un espejo grandísimo enmarcado que al verlo supe cuál sería su lugar y el efecto que haría en la casa: entras y si miras a la izquierda, hacia el pasillo que da a los dormitorios, te encuentras con una imagen repetida de ti mismo mirando hacia el pasillo que da a los dormitorios. Un día me puse a regatear por un caballo de piedra antiguo que ni se me ocurría para qué podía quererlo; finalmente llegamos a un acuerdo y lo merqué; allí está el caballito, que pesa como si fuera de verdad, de macetero.
Otros muebles tengo que provienen de ese mercado de pulgas, como una cajonera que ha sido utilísima para guardar de todo y unas lámparas de barco que quedaron discretamente ubicadas en varios lugares de la casa. Esas las fui comprando poco a poco; primero encontré unas pinchitas pero que quedaban muy bien en un pasillo, luego una medianona que escogió el comedor para quedarse y por último compré una grande que se acomodó de perlas en un recoveco del salón en donde permanece desde entonces a resguardo de todos los vaivenes marítimos que pudieran recordarle zangoloteos infaustos. Un domingo me encontré con un azulejo dizque antiguo que me gustó para que adornara alguna pared de la casa; lo compré y estuve hablando con las paredes para que me dijeran cuál lo quería tener. Yo, me dijo una del salón, y ocurrió lo que ya conté el 17 de mayo pasado, a donde os remito para que completéis vuestra información. Que podéis complementar con la referencia de imágenes del mismo día.
Pero la pieza estelar es un espejo mágico que me encontré un domingo. Es cosa antigua y debe haber servido en casa de alguna princesa encantada de donde obtuvo la facultad de iluminarse con sutiles matices a cualquier hora del día. Tú ves el salón y captas una determinada intensidad de luz, según la hora del día y dependiendo de que estén abiertas o cerradas las persianas porque sea verano o invierno, pero volteas a ver el espejo redondo con su grueso marco de mediacaña dorada y ves luces que no existen, que no están aquí, que el espejo trajo de otra vida que tuvo, una en la que los reflejos de la felicidad daban destellos a un ambiente de agua y cristales que se le quedaron dentro y que el hombre que me lo vendió no supo ver porque de haberlo sabido me habría cobrado todo el oro del mundo por el espejo encantado.
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Misioneros |
MISIONEROS
Por qué no,
nosotros, sin temor,
nos hicimos a la mar
porque
la mar
era nosotros.
25jul2007
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Extraña experiencia |
Extraña experiencia. Al menos, un poco fuera del transcurrir ordinario de las cosas como uno las espera. De hecho, yo no habría regresado a la página escrita el 13 de marzo en este blog, excepto por alguna razón editorial o en busca de algún dato concreto. Si no estuviera la columna lateral en que van apareciendo los comentarios de los lectores quizás me habría tardado mucho tiempo en cruzarme con el de Daniel Murillo que me sugiere una inmersión en la dimensión desconocida. Él me pide que observe si no seré yo mismo el lector que me desconcierta en Beijing, en Punta Arenas o en Australia, si no habrá una parte de mí -que me fije en la arena acumulada en los zapatos, en el lodo que se pudo haber adherido a mis pies, me dice- que viaja en el tren vertiginoso y ubicuo de Sonambulia. Y sí, tiene razón, si me concentro un poco y digo ciertas palabras cabalísticas que me sé, lo más probable es que aparezca -con al menos una representación de mis sentidos- en cualquier parte y época del mundo ejecutando alguna acción imprevista. Ese es, precisamente, el encantamiento al que fui sometido en el momento en que pasé por el aprendizaje de este oficio que cotidianamente ejerzo, no sé si para bien de alguien, pero al menos para adelgazamiento de las penas que me pudieron haber tocado en el reparto.
O sea que no es necesariamente inmediata la respuesta del lector a la propuesta del que escribe, ni siquiera en este medio cuya inmediatez parece constitutiva, que aquí también el tiempo lleva su caprichoso andar entre personas y las va tocando de acuerdo con un plan que nos es incomprensible a los mortales. Peor sería si ya los amantes de mi poema publicado ese trece de marzo pero escrito dos o tres años antes, hubieran modificado su situación, si alguno de los dos ya hubiera muerto, por ejemplo, para desesperación del otro, o si pasado el lapso previsible de sus vidas, hubieran entrado ya a la historia cogidos de la mano para la eternidad de los amantes, junto a Romeo y Julieta, a Marco Antonio y Cleopatra o a Dante y Beatriz, por poner otros ejemplos de amores tormentosos, o unos más cerca: Marilyn y Kennedy, Burton y Taylor, Pit y Jolie. Pero como no ha ocurrido aún, lo que no quita que llegue a suceder tarde o temprano, derivaré por otro derrotero la intención de Daniel y pensaré que él pretende otra cosa.
Uno: revisar páginas amarilladas por el tiempo en esta biblioteca de tiovivo que gira sobre un eje y a la que van subiendo transeúntes inesperados que las más de las veces dan dos o tres vueltas y se van en busca de otras distracciones; y dos: tender un puente como de Escher, que va de un punto en ninguna parte a su contraparte en ningún punto, y en el que alegremente se encuentran personas que intercambian formalmente muchas palabras, como si estuvieran construyendo un mundo, y siguen adelante en busca de otras personas con quienes intercambiar las ganancias verbales que se obtuvieron en detenciones previas. Unos largos pasillos tiene esta Casa de Inversiones en la que vamos coincidiendo todos tarde o temprano. En todo caso, Daniel, muchas gracias por tu comentario: me hiciste la página del día.
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Soneto |
Aquí aparece, en formato clásico, uno de los asuntos que más ha ocupado el tiempo de mis versos. Una sola entidad, no dos, es lo que llamamos cuerpo y alma.
SONETO
Cesar podrán las venas de mi pluma
su sanguíneo caudal perecedero,
podrán secarse en su secreto fuero
los minúsculos copos de la espuma
y disolverse tanta luz en bruma
ocultando al escéptico agujero
impreso como un sol de mal agüero
sin que deje de verlo y me consuma;
el hoyo de la punta del camino,
ese que en hielo, maldición y tierra
habrá de consumir la llamarada,
filo de pedernal, hoja del trino
de un transcurrir cortísimo que aterra:
escaso es el vivir, y luego nada.
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24jul2007
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El Solitario |
Hay algo encantador en los malos. Tal vez por eso el mito de la serpiente nos es tan entrañable. Uno está con la justicia, claro; pero hay un secreto anhelo de que el malhechor se escape, tenga ese juego de astucias oportunas que le permitan burlar a los representantes del orden que por lo general no cuentan con una especial simpatía y que pueden ser unos u otros. Actúan con cuadrícula ejemplar sobre la página de los hechos delimitando con las herramientas de la lógica el espacio en que el héroe se mueve. Pero él es un manojo de recursos. No en vano se llama héroe al malhechor de las películas, cuando la palabra había servido para designar al que hace por los demás el sacrificio máximo: los héroes de la Independencia, los héroes de tal o cual batalla. Los héroes griegos, no obstante, no se sacrifican más que por sí mismos, por su propia fama, y no tenemos sobre su comportamiento una mala opinión, aunque hayan sido tan depredadores como Hércules, tan ojetes como Jasón o tan mentirosos como Ulises. Hay algo en romper el orden que nos parece de un atractivo irresistible. El que se atreve, en la escuela, aunque lo expulsen, lleva colgada en las solapas la admiración de la mayoría, porque se atrevió a hacer lo que todos hubiéramos querido y no pudimos.
Ayer prendieron al criminal más buscado de España, el Solitario. Un atracador de bancos que actuaba solo, como su sobrenombre indica, y del que había muchas imágenes de vídeo ingresando a los lugares del crimen, como dicen, que sin embargo servían para poco. En todas aparecía disfrazado con barbas, bigotes, lentes oscuros, peluca, un chaleco antibalas que lo hace verse mucho más grueso de lo que es, y con las armas metidas debajo del abrigo; ayer llevaba dos pistolas y una metralleta. Y lo pepenaron en Portugal en el momento en que iba a entrar a trabajar. Ya lo venían siguiendo. Se metió primero a un café en el que tres agentes estaban listos para detenerlo; salió de allí y se desplazó al estacionamiento para disfrazarse dentro de su coche; acto seguido, se dirigió al banco, cruzando muy civilmente por el paso de cebra, y al disponerse a ingresar, supongo que en el momento de mayor descarga de adrenalina, porque aunque fuera su asalto número taitantos me imagino que necesitaba una descarga fuerte de algo químico, un levantón, que le diera el valor para entrar y disponerse a matar si la situación lo requería, cuando, como dice el corrido, pistola en mano se le echaron de a montón.
Jaime Jiménez Arbe, 51 años, tres homicidios, decenas de atracos en los últimos 13 años, en los que astutamente se burló de la justicia, detenido en Figueira da Foz, Portugal, por las policías portuguesa y española en conjunto; no hizo el servicio militar porque le diagnosticaron paranoia; vivía en Las Rozas, Madrid, con dos hijos y la madre (de él); los vecinos lo tachan de conflictivo. Nunca cambió el disfraz. Una y otra vez -¿con poca creatividad?- usó los mismos recursos, los mismos elementos de enmascaramiento. Claro, ya detenido pierde todo su encanto; qué bueno que una vez más triunfó la justicia. Fiu.
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Primera llamada |
Sin comentarios.
PRIMERA LLAMADA
He vuelto al bosque de mi penosa adolescencia
bajo cuya fronda entonces loca mis penas sacudía
para que las llevaran los pájaros
a donde se guarda el llanto de los hijos tristes
y no, ya no es como antes, ya nada es como era
y mis ojos que ahora ven de otra manera
-heridos y distantes- ven otra realidad más plena,
con sabrosos matices y fulgores, más serena
tal es lo que he vivido; una docena
de anécdotas, un trío de penas, alguna algarabía.
Y nada más que contabilizarse en pérdida o ganancia
bajo estos árboles se pueda. Vida, qué ansia.
Escúchalo:
23jul2007
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Educación para la convivencia |
Quien lo ha tenido todo difícilmente se aviene a la disminución de sus privilegios. Como le pasa a la iglesia católica en España, que fue, desde la toma de Granada, el bastión del Vaticano en Europa y el principal promotor de esa religión por la vía de las conquistas en América: a sangre y fuego sumó millones de adeptos nuevos a su causa. Su permanencia ha sido larga. Larga y continua. El estado, al margen de la ideología de quien gobierne, subsidia hoy día con una muy considerable cantidad a esa institución por la vía del presupuesto hacendario y hasta hace nada esa iglesia tenía la facultad de impartir la educación religiosa, por cuenta del estado, en la educación pública. En esta legislatura, los españoles han decidido mayoritariamente -cosas de la democracia- cambiar la obligatoriedad de esa asignatura y sustituirla por una más acorde con los tiempos y de mucha mayor urgencia real: la educación para la ciudadanía, basada en la interpretación de las obligaciones y derechos que tienen todos los ciudadanos para convivir de manera pacífica y constructiva, a partir de la Constitución que los rige.
Pues se ha abierto -como dicen por acá- la caja de los truenos: la jerarquía religiosa, junto con algunas asociaciones de padres de familia y por supuesto la oposición política representada por el partido de la derecha, el PP, -no perder de vista que el año próximo hay elecciones generales- han anunciado que se opondrán con todas sus fuerzas, incluyendo la movilización callejera y la apelación a la objeción de conciencia, a la puesta en marcha del cumplimiento de lo que las leyes actuales de España han sancionado en materia de educación. Quieren convencer a los españoles de que la Educación para la Ciudadanía es un atentado contra sus libertades (¡!). Ayer el presidente Zapatero habló fuerte en relación con el tema: "ninguna fe puede oponerse a la soberanía popular que reside en el Parlamento, ni a las leyes que de la misma dimanan".
Curiosa situación desde la óptica de los mexicanos que tenemos un estado separado de la iglesia desde hace prácticamente un siglo y medio, gracias a las llamadas Leyes de Reforma plasmadas en la Constitución de 1857. Desde esa lejana fecha el estado se hace cargo de los asuntos terrenales y la iglesia -las iglesias- de los asuntos espirituales de su credo. Esto no quiere decir que la iglesia católica no busque por todos los medios posibles aumentar su influencia política, sobre todo desde el sexenio de Salinas de Gortari que le devolvió muchos fueros a esta confesión al haber establecido en 1992 relaciones diplomáticas con el Vaticano y haber hecho modificaciones a las leyes de culto, pero conviene que los mexicanos vean las enormes ventajas de mantener la anterior correlación de fuerzas entre la iglesia y el estado, al margen de la ideología que se profese. O lo que es peor: cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar.
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Sólo arbusto |
Aquí si me vi crítico conmigo mismo, ni modo; hay veces que la propia mediocridad saca la patita para decir aquí estoy, y como la rima obliga...
SÓLO ARBUSTO
Mi vida va sin nada por la vida
y con tanto contento
que todo es vicio y holgura.
No miento,
esta frescura
es desecho y es comida
y tanto pasa al costal del gusto
de todo lo que miro y hago
que me siento redondo,
un estupendo arbusto.
¡Árbol fuera, magnífico y cachondo!
Escúchalo:
22jul2007
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Injurias a la Corona |
No tengo, como mexicano que soy, un vínculo de reconocimiento ancestral de la monarquía sino, por el contrario, de rechazo a la jerarquización que deja en los linderos de lo divino a unos cuantos mientras califica a todos los demás de simples mortales. En España, hay que decirlo, la familia real se ha portado de manera ejemplar; el rey Juan Carlos ha sido un jefe de estado muy formal, discreto y cumplido y ha avalado oportunamente la democracia constitucional que rige al país, y su familia ha sido de lo más serio que puede pedirse a quienes podrían disfrutar de los placeres de la frivolidad económica y social que se derivan de pertenecer a esa escandalosa minoría de las monarquías europeas. Para decirlo breve: me caen bien y me merecen todo el respeto el Rey, la reina, sus hijos y sus nietos. Felipe parece un hombre esforzado en constante preparación rigurosa para asumir, cuando le toque, la responsabilidad de dirigir el estado español.
Pues resulta que hay un escándalo porque una revista de humor publicó en su portada una caricatura en la que está Felipe follando con Letizia, su legítima esposa, con la que tiene ya dos hijas -lo que quiere decir que el ejercicio no les es ajeno-, mientras comenta que los 2,500 € que el gobierno ha ofrecido por cada hijo que se tenga harán que lo que están haciendo sea lo más parecido a trabajar que haya hecho en su vida. A lo que un juez respondió mandando secuestrar la edición de la revista en todos los puntos de venta por agravio e injurias a la Corona y que ayer el fiscal general de la nación haya avalado la decisión del juez. Un escándalo mayúsculo. La libertad de expresión en el centro del debate frente al control de la opinión pública por parte del estado.
Al caricaturista le parece que el Príncipe de Asturias es un ciudadano como cualquiera que debe pedir su estipendio por tener hijos y a los guardianes de la Casa Real les parece que las personas a quienes resguardan no pueden ser tocadas con la bajeza de lo humano y la ruindad de los actos e intereses cotidianos. Piensan también que la desnudez de los personajes –como si no se asoleara todo el mundo desnudo en las playas, y que no es fotografía sino caricatura- es ofensiva y más el acto reproductorio en que están retratados, cuando han hecho motivo de divulgación el embarazo y alumbramiento de las hijas, aunque hay que reconocer que han sido enormemente discretos en todo lo que atañe a la chismografía que pudiera haber circulado en torno a estos hechos.
Ya veremos cómo evoluciona el caso porque tiene que ver con lo profundo del alma española actual. En ese debate entre el pasado franquista que defiende el PP, cada vez con más radicalismo (y en este caso, sectores activos en la administración pública), y la modernidad europea que intenta representar el actual gobierno (aunque caras vemos), yo me pronuncio a favor de la libertad de expresión. Con todo lo respetables que me parecen los personajes, como ya dije, creo que también es respetable el dibujante que hizo la portada de la revista, me guste o no, y su personal visión de la política real. Y oportuno, porque ha multiplicado por miles a los interesados en el tema. A ver cómo reaccionan el gobierno y el partido en el poder. Veremos si da para más.
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Mientras tanto |
MIENTRAS TANTO
A las nueve
a las ocho
a las siete
me levanto
y es entonces
que el día
se remonta
tanto
los pájaros
mis hijos
el mercado
el canto
y a las cinco
a las tres
a la una
el desencanto
de saber que
estoy vivo
apenas
mientras tanto.
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21jul2007
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Un sobrino salvaje |
Recordarán ustedes las fábulas de los niños salvajes, esas historias en las que aparece de pronto un ser que se extravió en la selva y contrario a lo que indica el sentido común ha crecido sin contacto humano, acogido por las fieras y por lo tanto sin uso del lenguaje y carente de los signos de identidad de la especie. El más famoso es Tarzán porque tuvo la fortuna de entrar al cine por la puerta grande de las superproducciones holybudenses pero hay otros casos; al menos una película francesa de tonos muy antropológicos, que recuerdo, creo que de Truffaut, y seguramente muchos libros que ignoro pero no por mi ignorancia dejarán de estar allí. Si no existe ya pronto harán el libro y la película de esa chiquilla camboyana que apareció el año anterior después de haber desaparecido en la selva creo que diez o doce años antes y que fue noticia en la prensa mundial: una hembra humana de mirada extraña que sin embargo iba poco a poco aceptando los acercamientos y mimos de quienes decían ser sus padres y que quién sabe en lo que habrá parado porque dejó de ser noticia y se esfumó. Un antropólogo español estaba implicado en el caso, creo, porque lo llevaron como profesional a dar su opinión.
Bueno, pues resulta que en el sueño me salió un sobrino salvaje pero con un salvajismo bastante peculiar. Éste no era uno perdido en la selva ni criado por lobas o tigresas sino un niño normal, que en mi sueño podía tener diez u once años y con una camisa de cuadros tipo vaquera, hijo de una hermana y al que llevaba yo de visita a una casa en la que había varios otros niños de diversas edades; de visita o se había quedado a dormir allí. Ya tenía yo que recogerlo e irnos y en ese momento me daba cuenta de la enormidad de su salvajismo: era un niño que no conocía el mundo de las computadoras y para quien el ordenador era un completo enigma. Mi hermana, la responsable de su educación, había omitido por completo la enseñanza de lo cibernético, desde el más elemental acercamiento y el pobre chamaquito era un completo salvaje, lo notaba yo, que me proponía ayudarlo a resolver la situación, y lo notaban los otros niños que lo miraban como una auténtica curiosidad. Por desgracia fue uno de esos sueños deshilachados que uno al despertar no puede configurar de alguna manera y darles cuerpo porque lo suyo es ser jirones y evanescer en el aire cuanto más se les quiere atrapar.
No tengo fichero de notas periodísticas ni retentiva suficiente en mi cabecita loca para tener a la mano el caso de la mujer oriental de hace unos meses ni la infinidad de historias relacionadas con el tema pero eso es lo de menos porque ahora la memoria y la información son cosas colectivas: pongo el caso aquí y pido ayuda y alguien en un santiamén sabrá a qué me refiero y me orientará acerca de cómo iniciar la búsqueda, que tardará segundos en completarse, a través de los servicios del tío Google y así comprobaré una vez más que salvaje, lo que se dice salvaje, no soy, que estoy metido hasta los codos en la civilización de mi tiempo y que el pobre sobrino de mi sueño es alguien que puede ser fácilmente redimido. Lo más inquietante es qué tipo de mensaje quería mandar mi subconsciente a mi sistema de raciocinio, y allí es donde la puerca tuerce el rabo: nunca he sabido interpretar los sueños. La que es buena para hacerlo es Milagros.
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Darío asomándose por un hoyo |
Estos versos fueron en su momento una celebración de la puesta en escena del poema de Darío "A Margarita Debayle", que hice con el nombre de "Margarita, sinfonía tropical" en el teatro Covarrubias del Centro Cultural Universitario, en 1991; uno de los trabajos más bellos y hondos que he hecho en mi vida.
DARÍO ASOMÁNDOSE POR UN HOYO
El vate Rubén Darío
es un enemigo mío.
Bien puedo ser tan mamerto
porque ya el tipo está muerto
que si viviera el profano
yo le daría con la mano
cebiche, pulpos, ostiones,
protomarítimos dones
con mi natural manera,
y que nos amaneciera
platicando de princesas,
de faunos y de faunesas.
Que te tomas, don Rubén,
¿una cervecita?, ten.
Acompáñame una escena
y verás qué, qué, qué buena
puse en mí tu fantasía
de tropical prosapía
para hacer tu Margarita
como si fuera una cita
de dos hilos del deseo,
una bonita otro feo,
ella joven, el ya viejo
y yo medio disparejo
entre toda esta maraña
de afectos, de suave maña,
inventando que querías
pasar con ella unos días.
Tal como yo lo querría.
¿Viste qué fácil caía
el ingenuo de Mixcoac?
Hace su jugada y ¡cuac!
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20jul2007
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La verdad tiene dos caras |
Uno de los efectos más pertinaces de la quimio ha sido el endurecimiento de la planta de los pies. Durante mucho tiempo me quejé de que la almohadilla o puente entre los dedos y el arco, estaba como hinchada y tenía una sensación equiparable a la de encía inflamada; pues poco a poco se ha ido extendiendo al resto de la planta de ambos pies, y lo peor es que he comenzado a detectarlo en las manos, en las yemas de los dedos, que desde hace algún tiempo están con un hormigueo que aumenta poco a poco. Todo fuera como eso, claro, hay cosas mucho peores. Tenemos una relativa flexibilidad en la planta de los pies; uno estira los dedos o los encoge y toda la planta del pie se activa; pues en mí no: se manifiesta, sí, pero en su dureza e incomodidad. No; en ningún momento llega a ser dolor, sólo es molestia. Un acartonamiento sin gracia cual ninguna. Como si fuera perdiendo territorio. Un médico me dijo –no sé si sea cierto- que es a causa de los metales de la quimio que, al no poder eliminarse, caen por gravedad y se asientan en las extremidades. Bonita cosa. Por mí que me hagan unos cortecitos y me pongan un imán.
Imagino las bolas de aserrín metálico que se irían haciendo y que yo guardaría cuidadosamente con sus destellos luminosos en una cajita forrada de terciopelo rojo como remembranza romántica de cuando los metales preciosos -preciosos tienen que ser, porque ni modo de creer que le metan a uno plomo o fierro viles- corrían por los pasillos y salones iluminados del caudal de mi sangre engalanando las fiestas y saraos que se organizaban para despedir a las peores células, las más díscolas que se habían manifestado y menos disciplina y orden guardaban en relación con las demás. Ah, qué guateques se armaban, cómo corrían ríos de vinos espumosos, rojas fuentes de tintos que abastecía el propio Dionisos sin descuidarse nunca, grifos de oro brillante de los que brotaban unos rones que en su origen habían sido jugos de cañas dulces mecidas bajo soles tropicales y maduros, y mezcales del desierto, de agaves crecidos con la certeza de que el sol se ha muerto en el zenit y nadie ha dado la voz de alarma porque no hay un alma, que manaban de damajuanas inmensas que nunca se agotaban.
Y entre estas dos vertientes de la realidad me debato. Una cosa y otra son ciertas. La verdad es una chiquilla que se deja escoger para bailar con ella. Nos mira siempre con una sonrisa enigmática, espigada en su vestidito de tela simple floreada y abierto el escote provocador, retándonos para que la consagremos en el altar de las divinidades o la llevemos arrastrada de las greñas a nuestro cubil de solitarios. Y cada quien sabe con cual de las advocaciones de la verdad se queda a la hora de definirse. Mire usted, señor, la mera y pura verdad es que tengo las patrullas duras, como encallecidas y eso, si no me lo toma usted a mal, es también motivo de fiesta, porque, mire usted, cuando calibro lo que queda y lo que se va me alegra un montón tener estas pequeñas rémoras a cambio de seguir tirando -buey que es uno- con el peso de mi muy personal e íntima carreta; ¿me agarra la onda?
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Las migas de mi abuela |
O sea que hace diez y siete años ya escribía con este medio electrónico porque en lugar de página aparece la pantalla. Y uno sigue pensando que es una novedad. Aunque ahora me acuerdo de que el libro siguiente que aparecerá en estas páginas, Poeta en la mañana, fue escrito antes y también en computadora. ¡Uh!
LAS MIGAS DE MI ABUELA
Se me antojan las migas de mi abuela,
el caldo grueso, mucho ajo frito y epazote
y encima el pan sobrante desmenuzado,
también se me antoja la ternura torpe de mi mamá
que no sabía acariciarme con naturalidad
y de nervios le salía un olor horrible,
pienso que voy a vivir toda la vida
y me aparece en la pantalla la palabra abierta,
todo se me está yendo para afuera
excepto los ojos que han decidido mirar adentro,
tengo apetito de muchachas y vocación de poeta.
Hoy es martes. Tengo 45 años. Mexicano.
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19jul2007
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Sansón y la justicia |
Ayer leí una novela de Robert Louis Stevenson que se llama El Weir de Hermiston, una novelita inconclusa, por desgracia; se murió y la dejó a medias, aunque su amanuense nos cuenta cómo pensaba continuar y terminar. Trata de una relación padre hijo entre un juez frío, severo, imperturbable al aplicar la justicia, y su hijo sensible, delicado, humanista, inclinado a la reflexión y al análisis del comportamiento humano. Pocas veces he leído un texto en que el autor despliegue más conocimiento de los inagotables matices del alma humana, de las posibilidades de explicación que tienen los movimientos más insignificantes de la conducta; un tono, un volumen de voz, la dirección de una mirada, la manera de anudarse un pañuelo, pueden constituir la más acabada expresión particular y colectiva del alma de las personas y del alma de los pueblos. Es una lástima que la novela se haya quedado a medias; se echan de menos las justificaciones con que el novelista habría legitimado el hecho de que el padre condene a muerte al hijo único por contravenir la justicia.
Así que cogimos la carretera primero hacia Valencia y luego derechito a Madrid; no me detuve más que a cargar combustible de coche y de persona, diesel y pinchos de tortilla, con un aconsejado descanso de media hora, y por la tarde estábamos en casa, hogar dulce hogar, casita linda, mi rinconcito, mi lugarcito consentido. No lo noto mientras estoy en ello, pero sí me cansa manejar; no como caminar, que me pide sentarme al poco rato; manejando no me doy cuenta, no siento ninguna incomodidad, pero cuando llegamos al destino y traigo tres o cuatro horas de conducción, aunque haya venido sentado cómodamente, me derrumbo. Y así me derrumbé, como el edificio que tira Sansón conmoviendo con renovada fuerza hercúlea sus columnas para vengarse de tres mil filisteos que estaban allí para entretenerse a sus costillas. Y a propósito: pienso si todo no será por culpa de mi peluquero que me tiene con la cabeza casi rapada; es cierto que yo le dije que lo cortara sin miedo, que se fuera hasta abajo, que ya crecería, que bla bla bla, pero es probable que yo ignorara -y él no- que mi fuerza radica en la longitud de mis cabellos y por eso ando tan apendejadillo. No sé, habrá que esperar a que me crezca.
Y por lo pronto, desayunar, bañarse, integrarse a las rutinas domésticas. Hay que ir al mercado porque no tenemos fruta y eso me resulta imperdonable; no es desayunar comer algo que no vaya precedido por la dulce frescura de la fruta. Así que cerremos el capítulo de la bitácora de este día, dejemos de pensar en agregarle historias y sucedidos y emprendamos con seriedad las obligaciones del día. Porque en el cumplimiento del deber está la explicación de todas las cosas. Y su más alta justificación. Tal vez en el mercado Antón Martín encuentre la razón de esta inquietud que de pronto me impele a precipitar los acontecimientos del día y poner a riesgo la punta de mi nariz. Nunca se sabe, el futuro se está construyendo como las llamas de una hoguera y no se sabe nunca hasta dónde llegarán las lenguas del fuego.
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Alas |
Todos estos poemas místicos y filosóficos sobre el mar son tan simples que no aceptan ninguna especulación.
ALAS
Con nada se llena
el mar.
El mar
es una
tacita
que no se llena con nada.
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18jul2007
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Frutas y mar |
Me como una mandarina y miro hacia el mar. La mandarina fresca, perfumada, dulce, queda emparentada así con el agua de que me estoy despidiendo. Ah, si aquí hubiera descubierto la prodigalidad de la mandarina, pero qué esperanzas, si desplazo las baterías de la memoria, puedo llegar con facilidad hasta la infancia, mucho antes de conocer el mar. Así que voy de nuevo. Me como una mandarina frente al mar mientras calculo que nos vamos, que nos regresamos a Madrid, que hay que escoger el camino por el que volveremos para que se haga lo menos pesado, o lo más atractivo. Podríamos pasar por Cuenca y mostrarle a Fernando esas casas medievales colgadas del acantilado, el Museo de Arte Abstracto que se desplaza horizontalmente. Quizás podríamos iniciar un trámite para intercambiar exposiciones entre este museo y el Manuel Felguérez, de Zacatecas. Y de tal suerte volveríamos virtud al vicio.
El caso es que la estadía en esta casa magnífica de Jaime y Mercedes se acaba. Cerrar las ventanas, fijarse de no dejar conectado nada, no dejar llaves (grifos) abiertas, no dejar nada corruptible a la intemperie; buscar la manera más fina de dar las gracias por el hospedaje, que será aquella en que se note lo menos posible que estuvimos. Despedirse galantemente de las buganvilias y las azaleas (azáleas, las llamamos nosotros, con acento) del macetero de la terraza y dejar el áncora pequeña de un recuerdo ligeramente sumergida en el mar para poder volver cualquier día de estos. Y es fácil: se pone uno de frente en la terraza y el mar viene a comer en la mano, así de cerca y manso lo tienen.
Ya que el sabor de la mandarina se integró completamente hasta diluirse y empezar a ser recuerdo, me vino un regusto a lima y se me hizo agua la boca. Hay una fruta en México que llamamos lima y que acá no existe; es un cítrico más pequeño que la naranja, más amarillo que verde, que tiene un pezoncillo duro en el extremo en que se aferra al árbol mientras crece. No hay que confundirla con lo que acá llaman limas que son nuestros limones verdes, ácidos y pequeños. La lima es fruta dulce y perfumada como una niña, de una inocencia que sólo puede catalogarse de paradisiaca. Un vaso de jugo de lima puede sustituir una historia con ventaja y eliminar cualquier desviación de la conciencia. Y hoy, si tuviera una ristra de limas, si pudiera oler esa fragancia, si sacara cuidadosamente el pellejito de un gajo después de haber chupado toda la dulzura y me quedara con lo amargo de la cutícula… Esa sí que sería una buena despedida del mar.
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Mar espejo |
Qué más da si este poema lo escribí hace quince años o anoche.
MAR ESPEJO
Llego
como el mar
hasta la orilla.
Más adentro,
adentro de su agua
el pez incomprensible
se desplaza.
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17jul2007
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Gaviotas oyendo la guitarra |
Uf. Toda la noche soñé cosas relacionadas con el directorio del blog: tenía paquetes de direcciones preparadas con distintos sabores: divertidas, ligeras, rápidas, humorísticas, y acababa por darme cuenta de que era una falsa apreciación mía, que a nadie le llegaban los mensajes especializados sino que había listas ordinarias de correos electrónicos sin ningún encanto y lo que yo creía personalizado no lo estaba. El desengaño era mayúsculo. Ahora ya no tiene gracia pero antes de despertar del todo, cuando estaba haciendo el corte de caja de la noche y tratando de separar las ganancias, me di cuenta de que había sido una noche con pérdidas, que trabajé de balde. Sobre todo porque me equivocaba respecto a cómo recibía Milagros las informaciones que mandaba. Según yo, mis mensajes eran una gracia y un contento, hasta que comprendía yo toda la verdad. No, no había alegría, ni humor, ni nada personalizado: un correo masivo sin chiste, una mortificación que para nada servía.
Si, claro; si no pienso que haya ningún enigma; me quedé preocupado por la disminución de visitantes, y el sueño, que depende directamente de los dioses, de Zeus, en concreto, me manda respuestas en clave para que por la mañana pueda yo vivir con tranquilidad, con la misma al menos con que las gaviotas volaban anoche poco antes de que oscureciera del todo mero enfrente del balcón -cuya puerta habíamos cerrado para encender la luz y que no se metieran los mosquitos-, avisando que el espacio es compartido, que ellas también están y tienen cosas particulares que hacer. Pero aquí aquí volaban, como que se dejaban venir a donde retachaba el aire con la contundencia de la construcción para poder quedarse un instante inmóviles enfrente del vidrio que nos tenía separados, como si quisieran hablar con nosotros, los insensibles de la ventana cerrada.
A lo mejor les daba curiosidad el que Fernando estuviera tocando la guitarra con esa delicadeza con que la estudia, bajito, comedido, apenas presente, como si en lugar de tocar unas cuerdas tensas en un instrumento templado de madera, estuviera tocándose las venas en busca de un sonido íntimo y completamente personal. Son incomprensibles las gaviotas. Quizás tenían la encomienda de hablar conmigo y prevenirme acerca de lo que había de soñar horas más tarde. Tal vez habría podido dormir por fin ocho horas de punta a punta, o siete, al menos, como hace tanto tiempo que no me ocurre. O hubiera sabido por su boca lo que sería la noche y habría podido modificar las hebras entretejidas del destino. Debí salir a hablar con ellas. Debí ser más humilde. Pero ya ven ustedes que uno siempre llega tarde a las cosas trascendentes y luego el arte no es más que la constancia que uno construye para disculpar sus distracciones.
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Horizonte |
De puro claro que es no se me ocurre qué decir.
HORIZONTE
No lucha más,
ha perdido la voluntad
el mar.
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16jul2007
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Otra visión |
Quiero cambiar la tónica de mis palabras; he estado demasiado grandilocuente. Es natural: el mar arrastra. Pero quisiera regresar a mi sencillez cotidiana. Volver a preocuparme por las cosas ordinarias. Ayer cayó estrepitosamente el número de visitantes del blog. Es natural, llegamos a la mitad de julio y toda España está de vacaciones. Y el resto de Europa también. De aquí hasta la mitad de septiembre va a costar trabajo remontar el marcador. Me sorprendió el descenso en América, pero ya pensaré por qué. Era fin de semana; también eso ayuda. Y quizás una influencia involuntaria: si el propio autor anda paseándose por qué hemos de aplicarnos a la lectura de su bitácora; total, para que nos endilgue sus arrebatos líricos.
Según nosotros, cambiamos de orientación ayer al paseo; vamos al pueblo de Altea, a la parte vieja, porque toda esta novedad inmobiliaria impone una visión del mundo que no parece estar muy apegada ni a la tradición ni a las maneras de vivir que han sobrevivido a los tiempos. Ay, amigos, qué chasco. Conforme se avanza hacia el centro, hacia la iglesia y la Plaza, se va uno encontrando con un mundo cada vez más irreal y escenográfico: todo está dispuesto para el consumo de los turistas; cada casa antigua se vende, se alquila o es ahora una boutique de ropa de verano, de artesanías sin pasado, de arte sin futuro, de souvenirs sin imaginación ni originalidad, o restaurante de pizzas o de nueva cocina de diseño. Preciosas las calles y las casitas, todas pintadas de blanco, con sus balcones de herrería con malvones rojos y diseños de casa de gnomos. Muchas ventanas abiertas para lucir el decorado de quienes viven de su jubilación y se dedican a presumir su gusto ante la vista de los que pasan. Claro que esto dura sólo el verano; el resto del año deben salir los habitantes de siempre y hacer una vida más cierta.
Pero bueno, como el mundo ya no es lo mismo, seguramente hoy lunes será distinto; estará abierto el comercio ordinario; la gente trabajará; habrá mercado; en alguna parte las cosas serán ciertas. Los turistas en la playa y en la calle la gente verdadera. Nosotros pensamos estar dos o tres días más por estas tierras y regresar a casa; dicen que en Madrid está haciendo una ola de calor muy desagradable, así que vale más la pena que nos entretengamos aquí que hay brisa y está de lo más gratificante el vientecillo que sopla el mar. No tengo ningún requerimiento médico que atender y estoy pasando a un estado de bienestar muy promisorio. Me faltan una o dos aplicaciones de quimioterapia antes de que el médico la suspenda y veamos la evolución del tumor. Me fatigo menos y tengo ganas de caminar y de hacer cosas. Hay que aprovechar.
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Ventana |
Muchos de mis poemas tratan de escudriñar el enigma de la muerte: el cuerpo es el estuche del alma pero alma y cuerpo no pueden ser dos cosas diferentes, no pude ser que una y otra se separen y chao, yo me voy a la vida eterna y ahí te quedas. Más es el cuerpo. Ya no insisto en la parte gráfica de éste como de todos los de su entorno, ya los arreglaremos cuando volvamos a casa, y les pondremos la voz.
VENTANA
Erizado,
como en espinas secas que salen
está mi cuerpo que qué es,
un derrame que se va a perder,
un dolor.
No lo digo por cosas de la carne,
la piel qué,
y lo de adentro
que no acaba de ser más que misterio.
Sí: olor, color, textura, peso, sí. Pero.
Es que hay veces que los ojos
bufan,
el alma entonces
o lo que está impuesto en su lugar
se aguza
y pica,
horada,
sangra
con una tampoco sangre
pero que así parece. Ay.
No muero pero me duele.
Por un orden vital ajeno
rueda la hermosa célula
sin que podamos nada
para levantar el incomprensible destino de la carne
que es ánima con cosa.
Me la palpo.
Me lastima
Feliz, feliz, no soy.
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15jul2007
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Benidorm |
No entiendo por qué vivimos unos cerca y otros lejos del mar. Parece que el mar nos busca a todos. Los que vivimos a cientos de kilómetros queremos agua también, agua del mar salado, agua verde y azul, agua de este corazón que toda la noche late con un compás arbitrario, llamándonos a cuentas. Que todo el día se mueve aunque esté tranquilo, como ahora. A lo mejor es por aquello del origen de la vida, pero hace tanto tiempo. Lo que sí es que a la hora que llega a la orilla quita su tono severo y se vuelve aguamarina: a nadie engañas Mediterráneo, conocemos tus furias e insensateces. Y aquí venimos otra y otra vez. Hay gente que no conoce el mar. Hay gente que nunca se mueve de un mismo lugar. Tal vez tengan adentro un mar suficiente para estarse quietos. Son los menos.
Ayer pasamos por Benidorm y no resistimos la curiosidad de entrar y bajarnos del coche a ver. Edificios altísimos con cientos de apartamentos, tiendas, restaurantes, coches, una babel en la orilla del agua al lado de otra babel en la orilla del agua. Miles de veraneantes en las calles y miles y miles en la playa, unos pegaditos a otros. Puro olor a aceite de coco. Yo miraba hacia el agua afanosamente buscando náyades y ondinas, y no me refiero a las jovencitas turistas sino a las verdaderas nereidas, a las hijas del mar, o a Poseidón con su tridente paseándose con gravedad por la línea horizontal que corta su reino con Zeus, alguna constancia de la verdad marítima, pero nada. Sólo miles de turistas, nacionales y extranjeros. Todo el mundo tiene un piso en Benidorm. Y cómo no si aquí está el mar con toda esta playa extendida para que la piel se tueste. Quién quiere estar lejos del mar.
Pero a la hora que salga la parte irracional del agua, cuando el peligro comience, nos va a encontrar a todos juntos, protegiéndonos unos con otros, los hooligans borrachos con su cerveza cada uno junto a los niños con sus palitas de arena, las suecas desnudas junto a los miles de madrileños que tienen su pisito aquí para el verano, los alemanes grandes y rubios que por ciento noventa y nueve tienen avión y pensión completa de fin de semana, y este sol. El gentío consumidor y alegre que estará aquí mientras haya verano. Porque el mar es terrible, devorador, destructivo; brutalmente atractivo y peligroso. Sobre todo allá adentro. Lo sabemos de sobra. Por eso todo el mundo se amontona en la misma playa, en el poquito de arena y paisaje que recrea un sueño de cuando apenas empezaba la especie. No, no pasa nada, aquí nunca ha pasado nada: la playa, el sol, los turistas, el verano…
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Es más mar |
Coincide, ¿eh?, no crean que lo busqué exprofeso. Pude haberlo escrito a principios de los noventa.
ES MÁS MAR
Todo lo que es
quieto
lo mueve,
todo lo que es
sólido
aunque tarde
los siglos de los siglos
lo deshace,
es más mar
el mar
que todas las palabras.
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14jul2007
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Luciérnagas |
¿Adónde están las cosas que sabemos? ¿En el recuerdo o en la imaginación? ¿O están allí afuera, en donde parecen estar y nosotros, que las sabemos, somos algo aparte de ellas? Lo enorme del cielo pesa cuando enfrente está el mar. Años de años hacía que no veía estrellas juntarse unas con otras y enhebrar su cháchara luminosa, pero ya veo que ahí están, conmigo y sin mí. La noche frente al mar tiene un tamaño distinto. No todas las estrellas son cosa seria, algunas, que se pasan de listas, son aviones que titilan, lo sabes cuando empiezan a reírse, y otras, que vi una noche en Veracruz, no en el Puerto sino en un lugar oscuro, cuando era muy joven, van tan lentas que se confunden: son los satélites, me dijo el tío de Eliseo, son los sputniks. El aire estaba seco aquella vez, como la hoja negra y fija de papel en que se escribe lo que no se ve.
Pero anoche no, anoche la humedad ponía jirones entre la aparición de luces ciertas y fingidas. Y vinieron a plática las luciérnagas. ¿Será que las luciérnagas son luces que ya pasaron y que nada más ven los niños? A Tencha le guiñaban el ojo cuando salía a esconderse con niños en el patio; Isabel, con un babidibú, se las encendía a Fernando; las de Milagros eran revelaciones cintilantes en los paseos por el Burgos de sus padres. ¿Y las mías? ¿También yo tuve luciérnagas allá afuera o las vi nada más en las noches de campamento, cuando las pilas de las linternas sordas untaban la luz de mantequilla en el pan de la oscuridad y el tiempo se detenía encendiendo sus ínfimos anuncios misteriosos? ¿O será que las fumigaciones masivas acabaron con las luciérnagas y ya sólo quedan en la mitología y en el cielo?
El mar -pobre, ya no le queda nada que no se haya sido dicho de él- está frente a esta terraza moviéndose con tanta calma que apenas se oye. Perezoso y denso da unos golpes en las rocas para no perder todo el prestigio y de paso empujar la tierra un poco. Unas son gaviotas y otras no sé si serán alcatraces, cormoranes, o vaya usté a saber; se fueron poco a poco hablando del gentío que hay ahora en esta costa, de la cantidad de construcciones que se han acomodado en la orilla para ver si se beben el mar. Se ve que se les hizo tarde porque ya no van solas. Aquí vamos a estar dos o tres días; ya les iré contando. ¿Y la cursilería?, pos me ha resultado inevitable. Sabrán perdonar.
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Lluvia |
A este poema le pasa en lo gráfico lo mismo que al de ayer; ya lo arreglaremos, y ya se oirá. Así como hay unos del mar, éste es de tierra, aunque tenga tanta agua. Su asunto es el origen y el destino del amor.
LLUVIA
Y luego
abres la ventana.
Está lloviendo
desde la última vez
a gotas gruesas,
infrecuente gesto de la lluvia.
Pero está todo más mojado que una sopa:
allí está mi memoria naufragando,
allí el efecto líquido
se escurre
por una grieta
imperceptible
que se lleva el amor
a un depósito de abajo
en donde la tierra lo guarda
para usarlo un día.
Allí la empapada piedad
que navega guanga
en un lodito,
¡cómo llueve!
Se van a secar los ojos
que estaban esperando
algún motivo serio. Sustituidos.
Sólo llueve.
Escúchalo:
13jul2007
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Remota Altea |
¿Quién puede imaginarse lo que será el futuro? Nos ocupamos con insistencia en lo que llamamos, con el corazón un poquito ahuecado como ala de gallina, del futuro de nuestros hijos, pero realmente, ¿cómo acercarse a una remota intuición de lo que puede ser el mundo en el que vivan? No hay oráculo ya en Delfos que pueda acercarnos a la incógnita imprevisible del futuro. Con esta inquietud me desperté. Hoy toca temprano porque hay que empacar unas cuantas mudas y coger camino; vamos hacia Alicante, a Altea, una de las puntas que sobresalen en el Mediterráneo y llaman a los navegantes fenicios, griegos, cartagineses, ofreciéndoles, dicen, paraísos. Lo más allá que yo he ido es Alcoy, pero no está en la costa; fui al poco tiempo de vivir en España por la curiosidad de ver dónde nacieron mis abuelos y los suyos, pero esta vez una amiga de Milagros nos presta una habitación a la orilla del mar, y como es julio y amenaza el termómetro con subir a cuarenta grados este fin de semana, se apetece la brisa del mar.
Mi bisabuelo Antonio empacó dos hijas y un hijo jóvenes -es decir, pensaba en el futuro de sus hijos- a fines del remotísimo Siglo XIX, y se fue para México a buscarse la vida, como tantos miles y miles de peninsulares durante algunos siglos; México era pobre, y España más. Mi abuelo Antonio se casó con mi abuela, tuvo sus hijos, su vida, y se murió veinte o veinticinco años antes de que yo naciera, de modo que ni el más remoto recuerdo quedó de lo que habrán sido aquellas buenas personas, ni un recuerdo personal. Ni su sombrero. Por no tener no tengo ni siquiera una frase que le gustara decir, una palabra que fuera suya y me fuera dicha con una pizca de devoción trémula, mucho menos de mi bisabuelo Antonio ni de mi tatarabuelo Antonio -tejedores, dice el acta de nacimiento de mi abuelo-, supongo que porque en Alcoy florecía la industria textil y en mi padre el silencio.
Pero no se trata de contarles el novelón de mis antepasados ni la impenetrable calígine del futuro, sino de que vamos hacia Alicante y de que el futuro es por completo imprevisible. Hay que apurarse porque es viernes y en cuanto la gente termine de trabajar llenará las carreteras; esa sobre todo, la de Valencia. Ayer Milagros dedicó muchas horas extra a ponerle a mi iBook un aditamento que me permitirá mantener el contacto con el mundo por vía telefónica a través de satélite, así que supongo que esta bitácora no se verá interrumpida. Altea, Calpe, Gorgos, Jávea, ¿no suenan completamente griegos estos nombres? Son poblaciones cercanas a donde vamos. Claro: el tiempo no es lineal, como la vida: termina y vuelve a comenzar. En fin, hay que apurarse porque el sol corre demasiado rápido en su carro de fuego. Si no funciona el modem no se preocupen, habrá un café internet, como cuando fuimos a Sanlúcar de Barrameda.
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Piedra |
Sigo con la publicación en orden de los poemas del libro Júbilo. Aclaro que las líneas de este poema no van todas al margen izquierdo sino en diferentes posiciones pero la labor no la sé hacer y Milagros de plano no se da abasto. El sentido del poema no cambia; su respiración sí, creo yo. Ya lo enmendaremos. Ah, y tampoco se escucha porque no pudimos editarlo; ya lo haremos. Perdón.
PIEDRA
O sea
que no soy parte de la vida
sino una especie de testigo encarnado
que con su padecimiento
está aquí
un tiempito,
mientras florece
adorna,
luce,
engalana
y a la porra.
Más es la piedra.
O la potencia macabra
de alterarlo todo
y no ver nada.
Y testigo es un decir:
objeto,
porque
el albedrío no tiene espejo.
La voluntad no se ve sino en su ruina.
Ahora resulta
que sin que nadie me lo diga
me doy cuenta
de mí mismo
y no puedo alterarme.
¡Qué incómodo, qué feo,
qué injusta cosa!
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12jul2007
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Adenda del 12 de julio |
Esta conocidísima estrofa del Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz, está siempre en litigio sobre si debe decir déjame o déjanme. A mí me gusta más la versión de las ediciones antiguas, que es la segunda, y aquí justifico por qué.
Y todos cuantos vagan
De ti me van mil gracias refiriendo
Y todos más me llagan
Y déjanme muriendo
Un no sé qué que quedan balbuciendo.
Son las almas que van ya en busca de Dios las que vagan, por eso pueden referirle gracias del amado, las mismas que van buscando y ya atisban, y lo dejan llagado con la llaga del deseo de estar en su lugar pues están ellas más cerca del objeto amado, por lo que al ir muriendo (ellas, esas almas afortunadas) le dejan signos difíciles de descifrar: un no sé qué que quedan balbuciendo. No es él (la esposa, el alma) quien muere, son las almas que vagan en trance de muerte, cuya voz terrena ya sólo es balbuceo.
Lo aclaro porque San Juan me hizo el favor de prestármela hoy para una promoción y no vayan a pensar que es errata mía (o de él).
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Un tipo inquieto |
Pues mira, precisamente de lo que estaba hablando ayer. Me faltó enumerar, entre los vehículos que utilizaría cada día, un blog.
UN TIPO INQUIETO
Yo me compraría todos los días un coche,
una bicicleta, una moto
y unos patines con motor;
empezaría diario como si no tuviera nada
y lo quisiera todo,
iría diario a todas partes
en mi vehículo flamante
alternando modelos clásicos antiguos
con las más audaces innovaciones del diseño.
Ah, qué bien me vería con el pelo al viento
y ondeando la tela de mi camisa.
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Otra adenda, mismo día |
Perdón, pero me parece oportuno añadir algo: hace algún tiempo puse aquí una receta de un pollo con sake que me quedó muy sabroso; hoy lo repetí pero le agregué un poquito de ajo molido y cambié el vinagre de vino por uno de sidra. Creo que los cambios fueron muy afortunados y por eso me atrevo a aclararlo.
11jul2007
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Estado de conciencia |
Este estado de conciencia tiene un nombre, pero no me sale. Como el de un soldado en la trinchera mientras amanece y no suenan los tiros pero se sabe que pronto empezarán. Es como el que debe tener un preso el amanecer del día de su sentencia. O de su liberación. Desdramaticemos: como el de los niños la mañana de Navidad o de Reyes. Me estuve haciendo una labor mecánica que no podía parar hasta las cuatro y media y tengo el hábito, adquirido de unos meses para acá, desde que hago esta página diario, de despertarme a más tardar a las siete y media. Y a las siete y media desperté. ¡Reporra, qué ganas de seguir en donde estoy! ¿Y qué pasa si me duermo una horita más? Luego me apuro y ya. ¿Y quién está esperando a una hora determinada la aparición de la bitácora? La labor mecánica que digo fue pasar a utilizable un largo directorio que me mandó un gentil lector para pirateármelo. ¡Y tenía tanto sueño! Total, que el estado de conciencia -¿vigilante?, no, es poco- me dijo: chiquito, son las nueve, ¿qué no te piensas despertar?
Luego, como tengo bula papal y dispensa eclesiástica, me puedo volver a dormir; igual debo estar en la cama reposando para que los líquidos que antier me pusieron actúen con eficacia. Cuatro o cinco días. Así que tampoco es para tanto. Nomás que la lista era de quinientas almas y las tuve que pasar una por una porque venían junto con otros datos y había que entresacar la pura dirección electrónica. Al ratito era una bala para hacerlo, metía ambas manos en la mecánica y pas, pas, una tras otra, pero eso no evitó que a las cuatro y media las manecillas malhoras se acomodaran en un altozano de la mesa de noche a mirarme con sorna. A veces, aunque me levante a tiempo me retraso leyendo algún correo personal o abro las páginas de los periódicos y me entretengo en las noticias, me distraigo comiéndome una gelatina o alguna fruta, y acabo empezando igual, a las nueve o nueve y media. Sí, pero ya bien despierto, ya consciente de lo que estoy haciendo y no en este estado de anonadamiento auroral que me posee.
Y lo peor es que no recuerdo ni una brizna de lo que estaba soñando porque ese, como quiera que sea, es un buen recurso: uno descabalga del escrúpulo pero se embarca en la memoria del sueño y corre a cumplir con su designio; digo, si uno tiene una misión que cumplir, si es que tiene que navegar, que llevar el encargo de una parte a otra, el recado salvador, la carta reveladora, el auxilio a tiempo, aunque le vaya la vida de por medio, cuantimás una levantada mortificante. No se puede recorrer un campo minado con los ojos entrecerrados y la conciencia pachorra. Ah, pero el motivo del desaguisado: agradezco tanto el directorio que cuanto antes voy a utilizar: quinientos más conocerán, desde el próximo envío promocional de este blog, en dónde hay canela fina.
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Uno mismo |
Este es otro de los que tratan el tema que ayer o antier nomás decía. Quizás en donde he tocado más hondo a propósito sea en Se está tan bien aquí, en el que se llama Solo y mi alma. Está ya publicado en esta páginas, es cosa de ir atrás y buscarlo. O nomás hacerle clic al título, la entrada es del 29 de marzo, se llama Cosas de palabras.
UNO MISMO
Dado el cuerpo que custodio
para hacer con él lo que me dé la gana,
otra cosa sería.
Concedido ad aeternum, como dicen.
Ofrezco a cambio mantenerlo sano,
vestirlo con hermosas galas,
adorarlo,
cuidar su dentadura,
mantener sus partes lubricadas.
Prometo integrarle mi visión del mundo
y tratar de ser con él ejemplo de conservación
y de constancia.
Pero lo quiero por escrito ante notario
y en forma radical y sin reservas.
Que nunca nadie me lo pueda reclamar,
que no me lo quite nadie,
para nada.
Dueño, señor y dueño de lo que han dado en llamar,
irrisoria, irresponsablemente, uno mismo.
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10jul2007
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Fénix a Marte |
Hace unos días, concretamente el 22 de junio, reseñé una nota que me emocionó hasta la exaltación, la de unos científicos que estudian las características de los bosques que crecen en el Pico de Orizaba, el Citlaltépetl, entre Puebla y Veracruz, con objeto de prepararse para intentar la siembra en Marte de especies que crecen a tal altura y en condiciones climáticas tan difíciles. Busqué en Internet y encontré algunos datos de los participantes en el experimento, entre ellos el correo electrónico de uno, y le escribí; desafortunadamente no he recibido respuesta. No digo que esté desilusionado ni que haya perdido la exaltación, ni mucho menos: me entusiasma el hecho de por sí y mi intromisión en la cosa es un puro juego. Juego es, más bien sabe usted que tiene vueltas el juego, dice Sor Juana en una comedia. Un juego y una pizca de fe en que la palabra escrita sigue teniendo ciertos fueros en la cohesión de los proyectos humanos.
Y viene a cuento la recuperación de la página de ese día porque ayer informó la prensa que está listo para salir a su destino el año próximo un bicho interespacial que se va ir derechito a Marte, en busca de agua y de cualquiera de sus manifestaciones, incluso la vida, el robot Phoenix; dicen que llegará en unos meses y que para el propio 2008 estarán averiguando el remoto parecido de ese planeta con el nuestro en cuanto al agua se refiere. No es el primer intento, ya han llegado otros aparatos que han aportado información que ha permitido elaborar la teoría de que sí, de que hay agua, o más bien, hielo, que es una de las manifestaciones del agua, cuando está muerta, lo que no quiere decir que no sepamos cómo revivirla. Una de las formas de hacerlo es con los árboles del Citlaltépetl; cada semilla lleva en sí el calor que se necesita; una no pero millones pueden hacer transformaciones curiosas en el cosmos. Y digo esto no con visión científica sino poética.
Ya sé que son poquitos los lectores de esta página -aunque hayamos sobrepasado los diez mil la semana pasada- y que no necesariamente se mueven en las aguas de lo científico, que además casi todo vive en inglés, pero yo vuelvo a meter la pulga en la oreja por si acaso a alguien se le ocurre cómo activar ese encuentro que propongo. ¡Ah, si encontráramos cómo ser parte de esa eternificación de la especie! ¿Se imaginan lo que sería habilitar otro planeta -ahora ya solitos, sin los dioses- para habitarlo?
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Tirano rey |
Pienso y digo: una suerte de inmortalidad que no puede ser puramente espiritual, ni individual; una inmortalidad que nos competa a todos.
TIRANO REY
El cuerpo no está hecho para obedecer,
todas sus cosas las hace a su voz,
estornudar, toser, soñar,
el que sueña es el cuerpo
por más retórica que usemos al respecto,
orinar, obrar, apetecer, desear;
desea con vehemencia, y luego su deseo mengua,
encanece, se arruga, se endurece;
zozobrar, buscar espacio, arder, morirse,
es una tiranía,
una deidad el cuerpo.
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