Ya, levántate

Bueno, qué noches me dan estos tratamientos: duermo en pedazos de carne dura y pan amargo; yo, que a los dos o tres minutos de entregar la cabeza a la almohada sé abolir el tiempo y el espacio y volver siete horas después al cauce engolosinado del día, como si el mismo Febo Apolo me llevara en su carro al reino en el que nada ocurre y la Aurora de rosados dedos me abriera los ojos al deslumbramiento de la mañana. Pero, no: retortijones, idas al baño, réditos altos y adelantados a la inversión del sueño: ¡qué monserga! No te quejes, ingrato, me dice la pinche vocecita: todo fuera como eso; mírate lo bien que estás, hasta contento te levantas a pesar de tus protestas. Risa y risa.

Sí; pero cosas le dan vueltas a las noches de uno: en su gira por Europa vino ayer a España Condoleeza Rice y le echó bronca al gobierno por tratar con el cubano y no hacer lo suficiente por los derechos humanos. Un rizo que me puso nervioso se le fue bajando del impoluto peinado que le acababan de hacer en el avión en que vive; sentí cómo se le metió por un oído, le salió por el lagrimal, se hizo hueco para introducirse por la nariz y estaba yo seguro de que al emerger de la boca tendría que hacerla vomitar los crímenes de Guantánamo (nomás para poner un ejemplo de derechos humanos); pero no, muy tranquila dijo que su país hace mucho por ellos invirtiendo grandes cantidades de dinero en su defensa en todo el mundo. Y se fue sin despeinarse.

Y luego de haberme sacudido esas lagañas pensé que sería bueno, así, en plan de amigos, formar una especie de comité o pandilla de estimuladores, digamos, que, de manera amistosa, respetuosa, cálida, y entendiendo las dificultades que pueda entrañar -claro que hay que ofrecerle toda la ayuda posible-, nos acerquemos a Homero para hacerle una poquita de presión y que escriba la segunda parte de la Ilíada. La verdad es que la dejó muy incompleta y se extraña la continuación. Estoy seguro de que habemos muchos que estaríamos dispuestos a hacer nuestro mejor esfuerzo por conseguirle un editor, y aun en caso de que no lo encontráramos en el ambiente comercial, sé que no sería tan difícil editarla por suscripción. Dejo el tábano rondando en la oreja de los demás para que lo piensen.

1 comentarios:

Guadalupe dijo...

Querido Alejandro después de hablar contigo y por primera vez leer tus poemas y reflexiones diarias, lloré y lloré, recordando el sabor de los mangos de manila, de los dulces de leche de la dulceria Celaya, los pasillos de San Ildefonso, el Convento del Carmen. La nostalgia se apoderó de mi.
Me pasee por la galeria de arte, y mi nostalgia continuaba, cuando me encontré con Tiépolo, Goya, Ingres, Fragonard y todos los conocidos de Mixcoac. En fin, gracias Alejandro por hacerme partícipe de toda esa maravillosa creatividad tuya.