30jun2007
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CU Patrimonio Cultural |
La comunidad de la UNAM, que es una reserva humana tan importante para México, está de fiesta: la UNESCO ha reconocido la parte central de Ciudad Universitaria como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Para todos aquellos que no la conocen les cuento que la CU fue construida a mediados del Siglo XX en lo que eran las afueras de la ciudad, un remoto pedregal volcánico; en su diseño y construcción participaron los mejores profesionales del país y significó en la práctica un nuevo diseño del uso del espacio en la ciudad de México. Y la materialización de una noción de país que en las últimas décadas se ha desvirtuado sacrificándola en el altar voraz del neoliberalismo. Arquitectos, ingenieros y artistas definieron la que habría de ser una universidad grande e importante en el mundo. Pero lo mejor de la UNAM es su reserva humana; allí sigue estando, con sus tres funciones sustantivas: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura, lo más rico de la comunidad de personas que conforma al país. Así es que ¡enhorabuena!, ¡felicidades! Beberemos el mejor de nuestros vinos para brindar por la decisión de la UNESCO y por el vigor con el que la comunidad universitaria sostiene su propia grandeza.
Y ya encarrerados con el mejor de nuestros vinos, aprovecho para anunciarles que el jueves de la semana próxima va a tener lugar el Palenque de Poetas que hace meses nos propusimos hacer Julio Trujillo y yo. Ni muy gallitos, ni sangre, ni nada de eso: leeremos nuestros poemas arbitrariamente, sin orden ni programa, acudiendo a lo que nos sugiera la lectura que haga el compañero. Un juego alternado: ahora tú, ahora yo. Pero lo que pasa es que tanto Julio como yo creemos que la presentación pública de poemas en voz de sus autores no tiene por qué ser esa ceremonia solemne, rígida, que se acostumbra, en la que todo el mundo se siente un poco incómodo, sino una fiesta, un jolgorio, un agasajo para celebrar el gusto de que haya personas que dedican lo mejor de su vida a construir con palabras lo que creen que son mundos mejores para sí propios y para los demás. Será el jueves a las 21:30 en Buenavistilla, Club Social, el bar de nuestro colega Kiko Helguera. Ya les ha de haber llegado la información por correo electrónico.
Y a propósito del mejor de nuestros vinos: no recuerdo si les he contado de mi amigo David Cabello, el bodeguero de la calle Cervantes, que es un hombre muy peculiar. Tiene una bodega de vinos grande, negocio familiar heredado de su padre, en la que acumula, resguardados por polvo venerable, vinos de hace treinta, cuarenta, cincuenta o más años. El otro día me regaló un Viña Tondonia del 68 con la advertencia con que deben ir siempre estos caldos: puede que sirva, puede que no. 39 años guardado y quieto. Casi puedo decir que había dejado de ser vino para convertirse en ambrosía, si es que este gusto de fruta celestial tiene la bebida de los dioses. Pero hemos abierto otros de esa misma reserva y han tenido que irse por el caño.
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Invocación |
No recuerdo en qué circunstancia escribí este poema y no me gustaría meterme a analizarlo, así que lo dejo como testimonio tal cual.
INVOCACIÓN
Lamo el vacío,
me lamo la palma de la mano,
tengo pelos,
muerdo nada,
acaricio aire
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29jun2007
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Continental |
Tres es ideal; cuatro está bien, y se puede incluso entre más pero unos a otros se estorban, se vuelve demasiado competitivo; jugarlo entre tres o cuatro es perfecto. Fernando es el que ha impuesto todas las modalidades; a él se le ocurrió que jugáramos en sets para luego promediar y sacar ganador: tres veces la serie completa de seis a doce cartas. Pero ya una vez, no me acuerdo en qué verano, sumamos tres veces tres, o sea veintisiete juegos. Una locura. Entre picas y corazones, tréboles y diamantes que fueron antes... acaba por borrarse el resto del mundo, como si todo estuviera encerrado en esas cincuenta y cuatro cartas rojas mezcladas con las cincuenta y cuatro azules, porque también los comodines juegan con todo y sus disfraces de arlequín o en bicicleta. Valen por la carta que sustituyen y una vez abiertos uno los puede tomar para bajarse si tiene la carta que están representando.
Seis cartas para cada jugador, una muestra que se saca del corte de la baraja, robar una y pagar al pozo; se puede robar del mazo o del pozo; si es tu turno tienes preferencia pero otro jugador se puede llevar la carta pagada por el anterior con un castigo, y no paga. Termina el juego cuando alguien baja dos tercias y se queda sin cartas; puede descartar sobrantes en el juego ya bajado, propio o de los demás. Eso es todo el chiste. Luego, en lugar de seis, siete cartas, y hay que bajar una tercia y una corrida numérica del mismo palo. Una carta más cada vez. Luego dos corridas, luego tres tercias; dos tercias y una corrida; dos corridas y una tercia (esta suele ser la más endemoniada, aquí se demuestra cuando ya los jugadores tienen soltura y pericia porque si son novatos se les ven gacho los calzones); y luego doce cartas para hacer tres corridas, aunque no recuerdo en qué temporada se le ocurrió a Fernando agregar una modalidad nueva: repetir doce para hacer cuatro tercias, ya como última; se agradece mucho porque es una mano rápida y fácil.
Los ases valen veinte, las figuras, diez; todas las demás cartas valen su número; los comodines, si te quedas con ellos arriba, valen cincuenta. Gana el que suma menos puntos. Y eso es todo. Es un juego sin complicaciones, elemental pero variado. Quita agruras, postemillas, carcinomas, cura las várices*, el cansancio, los dolores artríticos, los herpes malignos, equilibra la temperatura del hígado y del bazo, y en el caso remoto de que tengas males del corazón, no hay como tener que hacer dos corridas y una tercia para que no vuelvas a preocuparte por sus latidos desarreglados. Ahora ya saben ustedes cómo es que se nos van las noches hasta altas horas y por qué a veces, en las mañanas, me quejo de la luz, del ruido, de tener que levantarme a cumplir con esta humilde tarea cotidiana sin haber acabado de digerir el pan de la noche.
*en España no se acentúa, se dice varices.
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Júbilo |
Aquí aparece por primera vez la palabra que nombra al libro y alude a ese mar plurivalente que aparece en tantos de los poemas de esta colección, un mar a la medida del poeta.
JÚBILO
En dónde compré este ardoroso júbilo
con que me veo en los demás
no es
de sangreme lo saqué en la tómbola del mar.
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28jun2007
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Reino de tinieblas |
Dos chicos van por la calle Huertas tomados de la mano. Bien tomados mano con mano. No son muy altos ni notorios ni especialmente atléticos, aunque se adivinan algunos cuidados de gimnasio. Son más bien roperitos. Ambos visten camisetas oscuras y el pelo excesivamente corto, como se lleva en estos días. Quizás no me fijé lo suficiente pero uno al menos acusaría una temprana calva. Cruzamos en sentidos inversos y tampoco es cosa de detenerse en medio de tanta gente que pasa y ponerse a revisar su aspecto y lo que les concierna para luego venir con el chisme al blog. Anoche había en el barrio de Chueca una fiesta grande de celebración gay, pero yo sólo salí, acompañado por Fernando, a caminar un poquito por mis alrededores. Hace dos años que en España se pueden casar las parejas del mismo sexo y con ello resolver un montón de problemas que los acosaban, por siglos. El primero, la persecución; ahora es legal, y la justicia defiende su derecho a vivir y a dormir y a bañarse con quien le dé a uno la gana; faltaba más. Pero los más importantes son sin duda los solidarios y los patrimoniales.
En España, como en México, está permitido y hay cada vez más apertura de criterio para ver este modo de ser de las personas. Pero ayer también, mientras ocurría la fiesta en Chueca y esa pareja que les digo iba por Huertas cogida de la mano, los gemelos Kaczynzky, presidente y primer ministro de Polonia, (que en el fondo no son tan diferentes de los dos chicos que iban ayer por Huertas) introducían a la fuerza en las negociaciones de lo que queda del intento de constitución europea una cláusula aplicable en su país que norma la educación moral y prohíbe, por ejemplo, que un profesor homosexual se haga notar como tal ante sus alumnos, y lo peor, le niega el derecho a buscar defensa en los tribunales europeos cuando lo acusen de violar la moral pública (por ir cogidos de la mano, por ejemplo). Claro que estas negociaciones están en eso: en estiras y aflojes, y falta que ver qué decisión toma Bruselas, que es la voz de todos los europeos unidos.
Los polacos la tienen difícil por el camino que van. Este verano las mujeres no podrán exhibir los pechos en las playas a riesgo de ser multadas; el gobierno ha estado acosando a los ciudadanos para que declaren bajo juramento si colaboraron con el anterior régimen comunista; la campaña homofóbica quisiera traspasar las fronteras nacionales e instituirse en toda Europa, nomás que los demás no se dejan. Y lo peor, han comenzado con reivindicaciones nacionalistas que van muy mal con la convivencia pacífica y piden que a los campos de exterminio nazi en Polonia les pongan explícitamente que eran alemanes, no polacos. Pero, claro, dar papas no sale tan barato; haber sido la tierra de origen del exitoso papa Wojtyla tiene que dejar su secuela de atraso, conservadurismo y oscuridad; los que están contra la libertad y la alegría encuentran muchos apoyos para intentar jalar al mundo al reino de las tinieblas.
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Paisaje |
Ya se ve que el mundo vegetal está en primer plano en los principios de este libro.
PAISAJE
El piñón robusto,
la jacaranda florecida,
el colorín también,
los pájaros que vienen por su sueldo,
un escándalo.
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27jun2007
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Modos de amanecer |
No todo en el verano es gracia. Uno de los inconvenientes es la promiscuidad de sonidos. Como hace calor la gente abre las ventanas para ventilar las casas y de paso ventilan intimidades de más. Los patios comunes son amplificadores por los que rebotan las privadas acciones sonoras de los vecinos. Hoy, por ejemplo, me despierto con salmos y oraciones que no alcanzo a descifrar pero sí a comprender de qué se trata. Hay una vecina a la que le gusta escuchar misas y rosarios grabados y no cree que eso pueda incomodar a nadie. Y no, no es la oración lo que atosiga sino el runrún de una voz monótona y grave que taladra el espacio y entra al mío como un animalito inquieto que anduviera buscando en dónde acomodarse. Ni una almohada echada sobre mi cabeza logra ahuyentar al bicho: bsss,bsss, bsss, lo oigo y aunque quisiera estar un rato más sin conciencia, comienzo a imaginarme la cámara en que ocurren los hechos de mi vecina: una pieza amplia con una cama modesta de la que ya ha salido la ocupante para sentarse muy modosita en un sitio frente a un decorado de altar doméstico con vírgenes, veladoras, santos, dorados, rojos, terciopelos, plata y alguno que otro brillo.
¿Y a mí qué me importa? ¿por qué tengo que ponerme a imaginar cosas que no me incumben? Pues por la indiscreción de mi vecina que no calcula hasta dónde pueden llegar los decibelios de su escuchancia. Pero por otro lado está el calor: eso de echarse una almohada sobre la cabeza representa un arriesgado acto de autoinmolación; como en un horno bajo tierra, los sesos comienzan a segregar humedad caliente; todo se hace un microclima insano en el que la inquietud campea; algo se licua, comienza a oler, escurre, se cuela entre la frente y el pelo, entre la oreja y el cuello, entre las sienes y el rabillo del ojo. Una viborilla líquida se desplaza hasta tocar el lagrimal de un ojo y no hay más remedio que meter la mano para ahuyentarla. Pero toda acción responde a órdenes de la vigilia: se acabó el dormir porque hay ruidos y hace calor, en eso puede traducirse todo. Y si abro la ventana yo también para que corra un poco el aire me invadirá la voz de otro vecino que está comenzando a explicarle algo a alguien.
Por eso es que son buenos los hábitos colectivos, las costumbres sociales: si todo el mundo se duerme a más tardar a las doce, todo el mundo puede estar plenamente descansado y reparado a las siete y así nadie molestaría a nadie. Pero el verano es tan alcahuete que propicia los excesos de la noche y uno quiere hablar, comer, cantar, contar, estar con sus amigos, su mujer y sus hijos, jugar barajas, inventar mentiras, aflojar la espita y que corra el rojo vino por las baldosas hasta las horas de la madrugada. Pero, claro, luego vienen las quejas. O no sé en realidad si son quejas o simplemente una manera de despertar que no coincide con las condiciones que hay cuando las ventanas están cerradas y cada quien en su casa y Dios en la de todos, como dicen las madres de por acá.
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La violeta |
Este poema quiere ser tan delicado como lo que describe, y eso es todo.
LA VIOLETA
La adorable violeta se ha quemado.
La trasplantamos,
la pusimos en una maceta decorada,
desenvolvimos el agua para ella,
le cortamos la hojarasca seca,
le dijimos palabras de contento
-la más pálida de las violetas,
la violeta espíritu-
la dejamos detrás de la ventana
para protegerla de los fantasmas del aire
que suponemos mortales para ella
y se ha secado.
Decaen con tanta facilidad estas violetas.
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26jun2007
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Sueños y Juan |
La escena es cósmica. Antes del amanecer, en una montaña frente a uno de los volcanes de México, completamente a la mano. Subo a la cúspide y puedo ver frente a mí, a una distancia mínima de aquí allá, pero en proporción titánica, la cresta del volcán con la grandiosidad de un incendio de hielo absorbiendo tal cantidad de luz que parece estarse inventando el deslumbramiento. Colosal. Nunca imaginé poder ver algo tan rotundo, tan brutalmente conmovedor; estoy seguro de que es algo que no existe en la tierra. Pertenece al orden de una gigantomaquia insólita que no sé por qué tengo oportunidad de presenciar. Pero el paisaje está vivo: grita y arroja de sí montañas de agua tras las que vienen gestos insólitos de violencia: hombres a caballo, hombres en carretas tiradas por toros, coches y camionetas, todos persiguiéndose unos a otros, gritando imprecaciones y blasfemias. Van hacia el tiradero del odio; van en persecución; son la violencia. Se estorban unos a otros y acabarán atascándose con todos sus vehículos en un embotellamiento. Menos mal. Pero está cruzado con otro, en líneas paralelas: hay que llegar, horadando, a los mangos congelados desde tiempo ancestral, al mango perfecto e intacto. Es sencillísimo, la aguja de descongelar actúa con precisión milimétrica y exactitud científica; jamás nos equivocaremos; llegaremos fruto por fruto a su resguardo y podremos sacarlos a la luz descongelada de nuestro apetito. Todo el mundo tiene derecho a su mango. No importa cuánto tiempo haya pasado, cada fruto se ha resguardado en la congelación y podemos llegar a él con la sonrisa satisfecha de quien sabe lo que está haciendo ante el asombro de los demás. Es una operación quirúrgica en el cuerpo del tiempo: todo está allí, sin haberse dañado, y allí están los mangos perfectos que vamos a extraer, uno por uno.
Hasta que ¡plas!, se acaban los sueños: ah, es el día, ya es la luz, ya me avisa que la ración se me acaba; pues qué gorda me tocó hoy, la verdad. Tengo remanentes de otra historia soñada que ya no quiero poner en la colección. Con lo que pasé en limpio a la vigilia tengo bastante. Todo está revuelto en mi ánimo. Dice Milagros que los sueños nos los pone la luna cuando crece. Será.
Anoche llegó Juan, mi chamaquito, el más pequeño de mis hijos, mi Benjamín. Nada más que es un señor por más que sea mi chamaquito; anda trabajando y pasa por aquí para ver a su padre, darle un beso, tomarse un vasito de vino y, adiós papá, nos vemos luego, tengo mucho que hacer. Apenas estará unas horas hoy y se trepará en otro avión que se lo lleve a chambear. ¡Qué monserga! Hace meses que no lo veo. Y hoy lo veré un ratito y chao. Así que tengo que apurarme; hay que ir al mercado, hay que diseñar la comida. María y Rodrigo regresaron también ayer de ver un poco de mundo. Fernando está aquí. Milagros tiene que hacerse cargo de que la casa camine. Y yo me tengo que apurar. ¿Mi salud? No, hoy no; perdónenme, no tengo tiempo. Mi Juanito nada más está unas horas.
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Almácigo |
En América, al menos en México, conservamos el término árabe para el sitio en que se desarrollan las semillas antes de trasplantarlas; en España le dicen semillero, y ya. Es parte de esa comunión con el mundo elemental en la que el poeta encuentra la explicación de la vida: los alimentos de la tierra. Pero apropiarse de las cosas es cambiarlas de sitio.
ALMÁCIGO
...Leyendo con esfuerzo el transcurrir de la noche
mientras en el almácigo de unos árabes ignotos
la lechuga crece, amontonada,
sin saber si tendrá oportunidad de ser aquella,
la lechuga magnífica,
la mía,
la ensalada real en nuestra mesa,
el beneficio de saber que al fin,
¡alegría!,
sin más, ella y nosotros,
somos los alimentos de la tierra,y la noche que leo con inocencia pobremente fingida,
prepara en sus rebordes, con paciencia moral
para llevarme a no sé dónde,
un discurso que impone datos de verismo acartonado,
precisiones geográficas,
bagatelas realistas.
Lechuga, te conmino.
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25jun2007
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Riesgos de la escritura |
¿De dónde sacan los escritores sus historias? Yo, por ejemplo, no cuento historias, más que de mí mismo y de cosas que me quedan a la mano; ya he aclarado que no puedo ni podré ser nunca novelista porque no logro involucrarme con las anécdotas ajenas ni consigo ordenarlas dentro de mi imaginación. Muchas veces he visto con cierta envidia la capacidad indagatoria de novelistas que conozco; están todo el tiempo husmeando en las vidas de los demás; si yo la tuviera, he pensado, qué fácil me sería vivir de mis obras, que serían novelas, claro. Yo nada más describo las pequeñeces cotidianas de mi única y propia historia y muy a regañadientes me atrevo a contar algo que les pasa a otros, siempre y cuando estén muy cerca. Pero no tengo vocación para construir nada literario con las vidas de los demás, qué lástima. Ser un Balzac, un Pérez Galdós, un Dostoyevsky. Aunque también tiene sus peligros. Como lo que le pasó la semana anterior a un escritor en Francia. Resulta que se le ocurrió usar para su libro todo el material humano de un pueblo demasiado pequeño al que eligió como lugar de trabajo y de retiro.
En los pueblos pequeños todas las cosas se saben porque no hay mucho que contar, aunque todo se cuenta, y él ahí estuvo, averiguando las minucias de las vidas ajenas, que son todas en el fondo tan iguales, y las fue poniendo en su libro con esa misma necesidad que tienen los pintores de usar un modelo, no importa que no se parezca mucho al original, y no porque sea único sino para poder centrar características y acontecimientos en una vida creíble y que no se desborde lo humano de sus observaciones. Pero en este caso parece que sí le quedaron igualitos los retratados. Fue revolviendo sus barrabasadas y grandezas (supongo, porque no he leído el libro) y con esa masa hizo el pan de su obra. Lo normal, pues; nada del otro mundo. No; la que se le armó: un día lo esperaron a la llegada del pueblo y lo tundieron a palos.
Los pocos vecinos del pueblo (el riesgo fue escoger un pueblo tan chico, pero yo creo que ahí estaba el reto) sintieron la peor de las desnudeces, la de verse desnudos a sí mismos. El escritor usó lo que pasa en todas las vidas de toda la gente, lo que ocurre siempre en todas partes y en todos los tiempos, lo que ya todos sabían y contaban: que si este era alcohólico y cometía tales desmanes en sus arrebatos; que si aquellos habían cedido al irresistible impulso del incesto; que si tal había traicionado la confianza de los suyos y se había alzado con el peculio familiar; que si aquella mintió durante toda la vida para ocultar el origen de una preñez ilegítima pero tan deseada, y a fin de cuentas, tan inevitable que a lo hecho pecho; que si el que debió ser guía moral de los demás se dedicó a usar su poder para desviar los impulsos naturales de sus pupilos y beneficiarse con ellos a ratitos; en fin, las pocas cosas que menos nos gustan de como somos las personas. De como hemos sido y seguiremos siendo mientras la especie permanezca y se reproduzca. Ahora el escritor tiene demandado a todo el pueblo en los tribunales. Qué risa. Ojalá que se le ocurra escribir esa otra historia, la suya.
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Ciruela |
En la poesía lírica uno dice lo que quiere y no lo que debe; los demás no están atentos a lo que decimos; literalmente nos tiran a locos. Otra cosa sería si interpretáramos la voz de los demás y tuviéramos que dar cuentas de nuestra imaginación. Aunque aquí, por ejemplo, lo que hago es darle el protagonismo al deseo: la voluntad transforma lo que le da la gana. Y eso, en realidad, debería ser parte de la épica.
CIRUELA
¿Quien fabricó la más sabrosa de las ciruelas?
No fue el árbol
que erguido impone su monumental,
monumental
soberanía;
él fue medio nomás, vehículo de hombre,cerezo equívoco, tipo peral
con disimulo,
cosa de fábrica y disfraz.¿Pero por qué está tan sabrosa la ciruela?
¿Quién la hizo?
No fue el árbol con todo y su belleza
el artífice de esta posición divina
que transforma las cosas a su gusto.
Ha sido el gusto, pues. Y el que lo tuvo.
¡Qué ciruela!
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24jun2007
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Dar la gana |
Hay veces que no te da la gana. Los españoles, muy finos, dicen: no me apetece. Y así no tienen que ser tan rudos. Porque nosotros, ya cuando decimos no me da la gana es porque tenemos carga afectiva, porque algo emocional ya nos dijo que no, que esa bola que se hace abajo del estómago cuando no tienes voluntad de aceptar y aceptas por compromiso, ya te está rompiendo la piel del vientre y estás a punto de explotar. Pequeñas diferencias que el trato nota: somos muy modositos pero podemos ser muy explosivos, y los españoles nos parecen muy rudos de entrada cuando se expresan con tanta claridad, pero qué alivio, porque antes de pasar a mayores son tan capaces de decir no. Y a nosotros, qué trabajo nos cuesta hacerlo. De seguro los sociólogos y los historiadores dirán que es por nuestro pasado colonizado, pues cómo le vas a decir que no al amo, pero yo no estoy tan convencido de que esa sea una verdadera razón. Hay rasgos culturales que se confunden con explicaciones superficiales que acaban pasando por buenas. Tampoco es que una cosa me parezca mejor que otra. Para nosotros no es agradable ese modo directo de negar y para ellos es desconcertante hasta el asombro el nuestro.
Para no darle más rodeos, la cosa es que no me dio la gana levantarme temprano. Es domingo. Claro que desperté pasaditas las siete, como siempre y dije, órale, muchacho, a chambear. Pero tenía un dolorcillo de cabeza que necesitaba agua; el mezcal que anoche me hizo el honor de acompañarme estaba reclamando un trato justo. Una semana te pasas sin probarme y luego quieres que me asimile como si fuera frutita fresca. Bebe agua y duérmete, y no molestes.
Había estado soñando que iba a una casa de citas. Estaba con otros dos amigos y la habitación de los servicios que requeríamos era un cuartucho frío y desangelado, como un espacio destinado a bañarse. Creo que mis amigos ya habían cumplido sus expectativas pero yo me paseaba como los caballos antes de cubrir a la yegua y todo era inútil, la chica estaba allí, dispuesta, pero sin ningún encanto. Y yo sin ninguna emoción. En otro cuadro, estoy diciéndole a la responsable del establecimiento que se necesitan terciopelos, rasos, espejos, maderas cálidas, pinturas agradables, que así no.
Y tenía mucha más historia a las siete y algo de la mañana, me revolvía redactándola en la almohada, pero claro, como no me dio la gana de levantarme y escribir sino que me volví a dormir, todo se me borró. Y además no estoy seguro de que uno deba contar estas cosas.
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Árbol |
El de este poema es un asunto al que he recurrido otras veces, ayer mismo, para no ir tan lejos. No es que estemos encima y vayamos a irnos a otra parte cuando acabemos, somos parte de lo que constituye la tierra y aquí se resuelven completos todos nuestros ciclos. Tiene algunas dificultades gráficas que qué bueno que se me hizo tarde porque Milagros me está ayudando a resolverlas, yo no sé cómo poner sangrados en la misma línea.
ÁRBOL
Cómo nombrar al árbol para que sea mi amigo
tú árbolyo hombre
colorín, sí
yo mexicano
¿puedo hacerme amigo de un árbol?
hablar con él, contarle mis pesares, abrazarlo
y mucho más:
esas hojas que te están saliendo
que te están saliendo,
que te están saliendo.
en un susurro se me antoja lamerle la corteza
si yo tuviera la lengua que todo lo resiste
de mi amigo el gato que todo lo resiste.
si en lugar de cabellos me salieran flores
rojas como las tuyas
mi amigo el árbol y yo bailando en una fiesta
los dos buscando algo adentro de la tierra.
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23jun2007
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Hormigas |
Dicen que cuando hay hormigas en la casa es porque alguien está sintiendo profunda envidia de lo que en ese casa ocurre, pero yo no puedo pensar que alguien me tenga envidia, no estoy en situación envidiable, digo, más que de ánimo y no sé si los malvados envidiosos suelen sentir esa baja pasión por el ánimo ajeno. El caso es que batallamos con las hormigas. Si descuidadamente dejamos en la cocina sin envolver con esmero o sin meter en un frasco o en una lata bien cerrada algo que contenga azúcar o sea dulce nos llevaremos la desagradable sorpresa de encontrarlo invadido por las pequeñas acarreadoras que insensiblemente se llevan a su casa lo que encuentran. Las veo y salta en mi memoria, lleno de cariño, el "Hermano sol", de Carlos Pellicer: ...Si en la última piedra nos sentamos / verás cómo caminan las hileras / y las hormigas de tu luz raseras / moverán prodigiosos miligramos.
Ya tenemos localizados los puntos de aparición por donde se los llevan, que son los registros de la luz; se meten por ínfimas ranuras bordeando el cableado y ve tú a saber qué laberintos las conducen a qué insondables galerías bajo los cuidados azulejos de la pared impecablemente lisa; allí ocultan mundos en los que miles de seres, así sean tan minúsculos como estos, pueden hacer colonias, divisiones, jerarquías, habitáculos y depósitos de azúcar y misterios, porque nosotros las vemos saquear lo dulce pero son capaces de recoger en el camino proteínas, granitos de sal, calcios, muescas de hierbabuena, potasios, briznas de huevo y harina y todo lo que su abuela les encarga para condimentar los alimentos que su reina, muy escondida en el fondo del nido poniendo huevos sin fin, gusta paladear mientras se aplica.
Tal vez toda la culpa sea de Ramón López Velarde; o más bien, de Juan Manuel de la Rosa, mi compadre, porque en su afán de buscar en donde quiera la belleza, reprodujo el poema Hormigas de Ramón en un políptico portátil de hojas de papel hecho a mano sobre una tela de lino plegadiza, que él dice que es arte para viajar, para poder quitar los cuadros horrorosos de los hoteles y poner algo que valga la pena. Como es muy ligero se puede llevar doblado en la maleta y clavar hasta con alfileres. Y sí, nosotros lo pusimos en la mera entrada de la casa para que las visitas lo disfruten, y todo el mundo lo lee y se admira pero me suena absurdo pensar que la especie al verse aludida se sienta convidada. El poema de López Velarde no es precisamente un panegírico del insecto sino una fúnebre metáfora del deseo en la que los bichitos tienen una función luctuosa. Tal vez estas hormigas que andan en nuestra cocina tengan envidia de las cosas bellas que hay en casa, o a lo mejor provienen de otras fuentes, de unas que no toman en cuenta ni la envidia ni el arte sino algunos enigmas que nosotros, evidentemente, no manejamos.
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Quién |
Hay poemas que más vale no querer explicar porque te meten en problemas; dicen lo que dicen, lo que sólo se puede decir de esa manera; si quieres traducirlo sólo lograrás decir una cosa distinta y acabarás traicionando al poema. Déjalo como está.
QUIÉN
Qué pie está debajo de mi pie
el que camina y va con extraño propósito
modulando algo
que no tiene para mí sentido
hay alguien que recorre lo que yo recorro
para quien sí son posibles la memoria y los hechos
alguien cuya razón de ser
vive más bien emparentada con el aire, con el agua y con el fuego
y realiza en la tierra su destino raro
un pie calcomanía, inversión de las cosas,
se mueve debajo de mi pie, lo siento.
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22jun2007
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El bosque en Marte |
Me emociona hasta ponerme los pelitos de punta una noticia que leí ayer en Reforma.com: unos científicos de la UNAM y la UV (la Universidad de México, la Veracruzana, y la de Louisiana), que trabajan en conjunto con la NASA, están estudiando cómo sembrar un bosque en Marte, a partir de investigaciones que llevan nueve años haciendo en el Citlaltépetl, un volcán de más de cinco mil metros SNM, que tiene la cualidad de producir árboles a una altura inusual y en una temperatura que el propio bosque modifica, y dan por hecho que se podría probar suerte en aquel planeta. Están estudiando el suelo, las bacterias, la humedad, yo qué sé, y buscando cómo hacerlo compatible con aquellas condiciones.
Yo, claro que habría querido ser biólogo y astronauta y explorador y astrónomo y arquitecto de paisaje, y cuanto más se necesite, hasta diseñador de escafandras o de alimentos concentrados, y juntarme con ellos para poner mi granito de arena. Si estuviera tantito más joven, viéndolo con el entusiasmo con que lo veo, les propondría que me integraran a su equipo como poeta del proyecto y la expedición; lástima que esta monserga que les he contado me tiene un poco inhibido para planes de largo plazo, y que vivo hasta acá. Le paso el tip a quien crea que puede tomar esa estafeta y correr con ellos. Urge.
¿Se imaginan la cantidad de información acerca de los planetas que deben tener estos cuates, y la alegría con que han de soñar un bosque del que puedan llamarse padres; la visión de tan largo alcance que han de tener acerca de la especie humana? ¡Qué Zeus ni qué Jehová ni nada, estos hasta podrán comprobar que existen! Yo me vuelvo loco pensándolo: esos sí que son trabajos que valen la pena y no los de engañar a los demás para juntar dinero. Si un día, en el siglo que sea, alguien en Marte respira un oxígeno que producen unos árboles que unos muchachos se empeñaron en llevar para modificar las leyes del universo, cómo se van a sentir de humanos quienes lo vivan y lo entiendan. De manera que cuando vayan, ya muy pronto, las expediciones, podrán comenzar a trabajar su parcela y a sembrar su mundo vegetal.
Sí, ya sé: habrá talamontes que quieran aprovecharse y vender la madera que se produzca, pero quién dijo que todo fuera lineal y que la imaginación tuviera que atenerse a lo peor de lo que somos: entonces alguien la comprará para hacer durmientes sobre los que corran los trenes marcianos y lleven a la gente a ver paisajes insólitos, luces que no imaginamos, crepúsculos de duración tan diferente y colores desconocidos que abrirán a tamaños que no concebimos las nociones del amor y del arte. Tal vez el Amazonas, que ya no existirá, se quede chico. Sí, si no me chupo el dedo, ya sé que la humanidad tiene de todo, pero eso no me quita el impactante entusiasmo que la noticia me produce.
Y no crean que ignoro la abundante y seria participación en el tema de los lenguajes del blog, lo que pasa es que esta noticia me dejó tamañito y por ningunísimo motivo quise dejarla pasar.
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Nogal y pueblo |
Mutatis mutandis (o sea: cambiando lo que se deba cambiar), este poema trata de la creación vegetal y de la perduración de la especie humana, ambas cosas que tienen que ver con el tema del bosque en Marte, y no crean que me lo saqué de la manga, es el que sigue en el orden de Júbilo. Y agrego que mi relación con las nueces se hizo muy cercana a partir de un guiso poblano prodigioso que se llama chiles en nogada, y del que ya habrá oportunidad de hablar.
NOGAL Y PUEBLO
Una cosa es una nuez al ser comida
rugosos hemisferios cosa seca alimenticia
sabrosa sobre todo oportuna casual y fácil
y otra muy distinta es una nuez sembrada
en tierra y agua
confiada en salir desde su duro laberinto
sin cascanueces sin mano que la procure
a partir de una orden de un deseo
una nuez pequeña y tierra y sol y aire es un nogal
y tiempo
un hombre con una mujer es un pueblo
es más fácil.
Escúchalo:
21jun2007
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Lenguajes del blog |
A propósito de la escritura en el blog, me comenta Norberto de la Torre si no será necesario emprender una búsqueda de nuevas formas de lenguaje, y me pone como ejemplo esta reducción magnífica: Ke bno ke los tigrs no existen, los inventó Lizalde n sus poemas. Que viene a ser una eliminación de letras fáciles de sustituir por la voluntad pero contando con la información previa del lector. Podría ir más lejos todavía: ke bno q ls tigrs n xistn, ls invntó Lizld n ss poems, o algo por el estilo, tal como hacen los chicos en sus mensajes de teléfono a teléfono. Siempre y cuando el lector sepa que el poeta Lizalde tiene un libro de poemas en que trata el tema de los tigres como metáfora, porque si lo ignora ni la reducción ni las palabras completas cumplirán con su objetivo.
También dices, Norberto, que el género podría equipararse con los epigramas, los haikus o las greguerías; es decir, que te inclinas por la reducción máxima en el uso del lenguaje, menos palabras y más sentido; menos letras y más significados; pero desde mi punto de vista no es necesario, en el blog no hace falta la reducción, el espacio no es problema como sí lo es en la comunicación de esos mensajes inmediatos. Aquí lo que hace falta, creo, es la claridad y la precisión porque el lector puede asumir cabalmente las palabras completas e incluso disfrutarlas si llegan a ser como caramelos o como frutas oportunas. O como pases a otras formas de realidad. No creo que el lector de blogs busque una comunicación compacta en su presentación. Y más todavía: puede disfrutar lenguajes cifrados y códigos secretos, como los que usábamos en aquellos antañísimos: nofo mefe gufus tafa lafa sofo pafa, porque hay espacio y hay tiempo; quizás lo que falte sea confianza en que lo que se está leyendo vale la pena.
Pero, claro, este objeto sobre el que escribimos no es un libro -me refiero a la pantalla-, no tiene entidad duradera propia, se borra con un clic, con un paso de enter, y si no logras captar la atención del lector y hacer que lo marque en su archivo o, mejor, en su memoria, no has logrado el objetivo; pero, ¿no será lo mismo que pasa con toda lectura? ¿No será una ilusión lo de que el libro puede perdurar por su forma material a pesar de su contenido? El tema está para escribir no una página sino muchos libros, pero me encantó que Norberto cogiera el trapo y se le antojara lidiar a esta bestia.
Escribir es relativamente fácil; usar la escritura como forma de convivencia aceptada por los demás es lo que está cabrón.
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Menta |
Hay algo en este poema que me parece fallido. Por más que le busco, no le encuentro. Quizás sea un problema de temperaturas. En todo caso, no soy de los poetas que a lo largo de su vida van corrigiendo y reescribiendo sus poemas. Quizás sea que el paisaje descrito queda forzado al pasar como ardor frío entre las piernas. No sé; así he dudado muchas veces. Pero ya está publicado y ni modo.
MENTA
La tarde apunta
a un aroma visual como de menta,
se refrescan las horas en los ojos,
pasan hojas trinando,
una nube pide auxilio,
se carcajea el aire,
entre las piernas un ardor frío
me recuerda que soy un calendario,
sólo un observador de aromas:
un responso.
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20jun2007
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Sigue la jerga trapeando |
Claro; es que la jerga, para el habla de los españoles es el lenguaje especial y familiar que usan entre sí los individuos de ciertas profesiones y oficios, como los toreros, los estudiantes, etc., tal como dice en su 2ª acepción el Diccionario de la RAE, y no lo que dice en la 1ª: tela gruesa y tosca. Por eso Milagros, que sabe que tengo un coloquio permanente con las cosas, creyó que hablaba yo con el trapeador por las noches cuando ella se descuida. Y la verdad es que no anda tan desencaminada porque esa posibilidad es potestad de los poetas. Miren, si no, este maravilloso párrafo que me acabo de encontrar en las Argonáuticas Órficas, de Porfirio, una de las versiones del viaje de los argonautas que leímos hace años en nuestro club de lectura. Están en el momento de botar al mar la nave Argos pero no pueden porque está pesadísima:
"Se despojaron de sus armaduras y se ajustaron a sus pechos la cuerda de arrastre. Y, naturalmente, cada uno cargaba su peso con presteza para arrastrar a las ágiles olas la elocuente Argos (elocuente, porque la nave tenía el poder de hablar, que le dio Atenea, quien les ayudó a construirla) Ésta, incrustada en la arena, resultaba pesada, al estar retenida en la tierra por algas secas, y no respondía a las vigorosas manos de los héroes. El ánimo de Jasón se encogió (Jasón, como ustedes se acordarán, acaba de ser elegido jefe de la expedición en una ceremonia padrísima) y me hizo una seña a escondidas para que con mi canto excitara a mi vez la confianza y la fuerza en los fatigados héroes. Entonces, con mis manos tensé mi lira y entoné un canto alegre y rítmico, de mi madre, y de mi pecho hice salir una voz dulce como el lirio."
La descripción sigue, más bella cada vez hasta que entre el esfuerzo de los muchachos y el canto del poeta, la nave responde entusiasmada, se aligera y corre al mar a comenzar la aventura. Claro que la fuerza de cuarenta o cincuenta fortachones es mucha pero quizás no lo habrían logrado sin el vigor colectivo que otorga la poesía. Y sin su poder para transmitir vida a las cosas. Y en todo caso, cada quien tiene que hacer su trabajo.
Y ahora resulta que ya me comí el espacio en que iba a describir, para los pocos que no lo saben, cómo es el juego de barajas Continental, en el que anoche estuvimos todos tan desacertados, excepto Fernando que se fue livianito hasta el final y nos dejó con unos numerotes que difícilmente vamos a remontar cuando hagamos promedio. Nimodo, así es la suerte. Pero vieran lo bien que la pasamos y lo mucho que nos reímos.
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Estar |
Es una delicia que tengamos en el idioma un verbo como este; esa sutil diferencia entre ser y estar nos concede una dualidad invaluable. Estar es aparte de ser. Estar nos da poderes sobre los elementos y las cosas. Estar nos da un poder extra, sobre nuestro propio ser.
ESTAR
Lo que quiero es estar,
y estando, no dejar que el agua se detenga,
como un pez lujurioso,
estar, y estar moviéndome en el aire
para que como en aspas todo avance
hacia un júbilo movible,
nada más estar me gusta,
y si la tierra no para de menearse,
no cesa de frotarme,
sé que estando nada más
habré de se ser caldero de cenizas
nomás de puro estar.
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19jun2007
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La jerga del trapeador |
En México se usa una tela basta y tosca de algodón muy absorbente tejido en hilos gruesos, de trama y urdimbre sencilla, con pocas variantes de color, que va del blanco sucio al rosa mortecino y a un azul opaco y mustio, cuyo ignoto diseño, adornado con filetes de color más oscuro que hacen una discretísima cuadrícula, es idéntico al que se usaba cuando mis padres eran pequeños y jamás oí que hubiera sido distinto en tiempos de los suyos o que tal hubieran contado sus mayores acerca de los gloriosos de María Castaña, lo que me hace pensar que su origen se pierde en el oscuro pozo del tiempo; se compra por metros y se le cose un dobladillo en casa para que no se deshilache, y suele estar a la venta, muchas veces exhibida en rollos, en donde uno puede escoger el ancho, el largo y el grueso requerido, además de las tiendas de telas, a la entrada de las tlapalerías (paciencia, que viene la glosa: del nahua tlapalli, pintura, y que es el establecimiento en que se venden herramientas y toda clase de enseres para el cuidado y mantenimiento de la casa, además de las jarcierías -de purísima raíz griega, para que vean de qué están hechas las lenguas-; en España se usan dos tiendas para estos fines: ferreterías y droguerías). La tela que nos ocupa en este opúsculo se llama jerga y su uso prioritario es la limpieza, particularmente de los pisos.
De rodillas, me decía mi mamá; lava bien la jerga en tu cubeta y arrodíllate para que sientas que va quedando limpio, y enjuágala con frecuencia. Ideal era tener dos cubetas: una con agua jabonosa y otra con agua limpia; sacaba uno la jerga chorreante del agua con jabón y frotaba el pedazo de suelo, luego exprimía el sobrante en la primera cubeta y la introducía en el agua limpia para enjuagarla y volverla a pasar, lo más seca posible, sobre el mismo trozo ya redimido antes de pasar al siguiente y repetir la operación; digamos que una mecánica sencilla pero eficaz. Hay, claro -a qué no se atreverá el ingenio humano-, unos palos terminados en su parte baja con otro transversal en el que se coloca la jerga y así no hay que hacerlo de rodillas, y aun hay otros que tienen en este remate bajo un filo de hule (también del nahua ulli), o caucho (del quechua kawchu), muy útil para arrastrar el agua sobrante en pisos de superficie muy lisa o en los vidrios de las ventanas. En España se usa para la primera de estas labores una herramienta llamada fregona que está hecha hoy día de tela sintética o estambres muy gruesos de algodón, en tiras o flecos, y se presenta en el extremo de un palo, como remedo de peluquín, que se exprime en un artilugio de plástico adaptado a un cubo, del mismo material, que ante la presión del demandante y un ligero movimiento de torsión, cierra unas aspas que oprimen los flecos y los hacen ceder la mayor parte de su contenido acuoso; o sea, no hay que meter las manos.
En todo caso lo único que quería transmitir es que me siento como jerga de trapear, que es una expresión muy comprensible para los mexicanos pero no estoy seguro que sin mi explicación anterior lo fuera para los millones de hablantes del idioma que no viven en ese interesante país creador de idiomas. Y no vayan a creer que esta sensación de trapo pisoteado proviene de los efectos de la quimio sino porque anoche, como bien pude prever, se habían quedado aires de revancha en la partida de continental y entre María, Rodrigo, Fernando y yo, nos comimos las dos y las tres de la mañana buscando las tercias y las corridas que nos hicieran triunfar (para quienes no conocen este juego, les sugiero que estén pendientes de próximas ediciones de su bitácora consentida en las que tal vez se explique con detalle). Y claro, el deber me hizo despertar a cumplir con mi obligación antes de rendirle al sueño el tributo necesario. Ahora no puedo explicarlo porque me siento, ya lo dije, como trapeador.
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Sal y pimienta |
De la misma fuente que el arquetipo, la rosa y el Nilo del maravilloso hallazgo de Borges que les mandé hace unos días por correo electrónico, es este poema del que otro espíritu (el mío, claro) saca su vaso de agua y lo comparte.
SAL Y PIMIENTA
No describo la cosa cuando nombro
y en rombos de sonido en espirales en volutas digo
pues la cosa es pastel
muchacha
zanahoria
una humedad un charco un chorro
y tal viene a quedar la cosa ya descrita
con la sola apetitosa forma de la cosa verbal que palabreo.
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18jun2007
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Ritual del hospital |
Hoy sí me van a perdonar pero repito la acción de hace tres semanas punto por punto de manera ritual: los rituales son eso, repetición de una acción que ya no tiene sentido en sí misma y sólo es lo que representa. A tanto he llegado que ya el horror que les tenía a las agujas me parece la mera reiteración celebratoria de un rito: los dioses del Hospital de Día agradecen el holocausto: las víctimas otorgamos una poca de sangre propiciatoria y ellos, desde su lejano Olimpo, deciden quién sí y quién no. ¿A poco no es para dejar de pensar en la aguja que atraviesa la piel y rompe el cauce sagrado de la vena para llevarse golosa el fluido divino de la vida? Uno tiene entonces visiones más altas y trascendentes y se deja de miedillos ñoños al pinchazo que casi ni se siente. Me voy bien tempranito, pero regreso pronto. -En el español que se usa en España han sustituido, en el caso de la acción personal, temprano por pronto: la gente se levanta pronto o llega pronto a su trabajo cuando hay carga atrasada; en ese caso debí poner me voy bien prontito pero regreso pronto-. Y en un rato más regresaré a desayunar.
Anoche Madrid fue un caos, qué bueno que no salí porque la fiesta duró hasta altas horas; lo malo fueron los cohetes, que tronaban a deshora, algunos muy fuerte, tan fuerte como el entusiasmo que se desató con el cardiaco partido del Real Madrid con Mallorca. Ya muy alto el segundo tiempo empataron a uno y remontaron al rato, y cerca del final consiguieron el tres uno que justifica la fiesta. Yo no salí, digo, pero Alejandro Strauss, que vino a recoger a su papá Enrique que veía conmigo el partido por la tele, pintó en sus ojos el horror de los tumultos de la plaza de Cibeles en donde festejaban al Real Madrid campeón luego de cuatro años de quedarse atrás a pesar de lo que le han invertido. Uf, qué fiesta; o, al menos, qué coheterío. El Ayuntamiento puso un helicóptero de la policía a volar en el centro (yo, casualmente, vivo en el centro) no se sabe si para vigilar a los que festejan o para castigar a los que decidimos quedarnos en casa a dormir. Hasta cierto punto porque entre aspas y motor y los nervios que me da poner el despertador, a las cinco estaba con tamaños ojos. A lo mejor ni era de la policía sino de la tele; en ese caso debió venir uno de la policía a llevárselo preso por molestar al vecindario.
Ahora, sobre la fruta picada en un tazón: papaya, piña, kiwi, plátano y uvas -¿se imaginan qué rico?- voy a poner nueces, piñones rosas (que no existen en España), pasitas, amaranto (que tampoco se conoce), nopal deshidratado (uh: mucho menos: hojas de chumbera secas y hechas harina; buenísimo laxante natural, infalible, porque la quimio me paraliza los intestinos), y muesli (lo que en México se llama granola y en otros países que hablan español no tengo idea: mezcla de cereales y frutos secos) y jugo (zumo) de naranja, y cuando me lo acabe me comeré un mango de manila de los que me trajo María, como si no fuera suficiente la anterior orgía frutal. Antes de eso ya me refiné una gelatina de té, como aperitivo. Ya en otra página conté lo de las gelatinas. Y luego, bien enfrutado me iré al hospital a darle mi libro nuevo dedicado al oncólogo que tanto ha hecho por mí, y a que me pongan las agüitas.
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Del vuelo |
No está dedicado pero debería haberlo estado a Tito Monterroso porque sus descubrimientos inventivos ayudaron a mi musa con esta imaginación.
DEL VUELO
Da vueltas insistentes,
hace un poco de ruido,
se para con sus patas golosas
en la mierda, en la hostia y en la rosa.
Y deja sus huevecillos
fecundados al vuelo
en donde menos podemos sospechar.
Qué mosca es el poema.
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17jun2007
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Trabajador constante |
Esta semana hará cuatro meses que comencé a escribir esta bitácora. No he faltado un solo día al trabajo, no me he pedido ni un día de descanso porque lo que menos me pasa es que trabajar me canse (perdón, Pavese) y no veo que pronto vaya a pedir bajas o licencias. Por lo general entro temprano, aunque a veces, y lo he confesado, he cometido el feo y juvenil atropello de quedarme dormido, sobre todo cuando la noche ha sido voraginosa y la seda de la luz matinal ha cubierto mis ojos con piedad de hermana. Produzco ciertas ordenaciones de palabras, tratando de ser claro y sobre todo, breve, en las que cuento lo que perciben mis sentidos, lo que acomoda mi imaginación y lo poco que procesa mi inteligencia; las acomodo en su sitio, aviso a los órganos correspondientes que ya lo hice, las encomiendo al azar incorruptible, y luego salgo a desayunar, con la conciencia del deber cumplido.
Algunas veces me he sentido lleno de vigor y fuerza y chico se me ha hecho el mar para echarme un buche de agua, y otras he remontado la página con esfuerzo y arrugas en la frente y en el corazón. Siempre con entusiasmo. Igual me muevo en la dicha que en la desdicha, porque todo en esta labor me es alegría. Hoy es domingo y no sé cómo irá a estar el clima (amaneció fieramente nublado) pero es verano; anoche estuvo lloviendo y refrescó un poco. Tuvimos el corazón alegre y entre que son peras o son manzanas nos pusimos a jugar con la baraja hasta que cada quien perdió un reino o ganó las indulgencias que tanta falta le hacían. De seguro en alguien habrá quedado tanto acopio de corazones y diamantes que hoy vuelva a retarnos. Eso tienen los fines de semana, que propician algunas especulaciones.
Mañana me enchufarán a la vía intravenosa por donde me inducen la promesa de que seguiré escribiendo más y más páginas de este diario. Ya está previsto que vendrán unos días difíciles para mi energía pero no necesariamente se alterará mi trabajo de cronista porque ese lo puedo hacer con energía y sin ella, desde la cama incluso que ni el artilugio de las almohadas necesita porque está convenientemente articulada para sentarme y ponerme a ordenar las palabras que me tocan. Todo está fríamente calculado. Tampoco vayan a creer que quedo como trapeador, lo único es que no puedo correr, levantar pesas o subir al Tepozteco. (El Tepozteco es un cerro empinadísimo que da nombre a Tepoztlán, un pueblo muy bello y peculiar, de fuerte raigambre prehispánica, a sesenta kilómetros de la ciudad de México, en cuya cúspide hay una pirámide.)
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Propiedad |
Para no repetir lo que ya dije os remito a una página que apareció al principio de este blog, el 24 de febrero, con el nombre de agua, en esa página comenté este poemita y su circunstancia. Id, id, porque está gracioso lo que conté.
PROPIEDAD
Si tuviera
un agua mía
mi agua,
la llamara,
mía.
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16jun2007
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Un detalle feo y otro no |
Por España, cuando se ofreció, México se dio entero. Miles de españoles, refugiados de la Guerra Civil, llegaron al país y tuvieron todas las condiciones para vivir como seres humanos en situación de desventaja. Claro que la historia no es nada personal y distintas generaciones tienen distintas necesidades, pero no deja de dar tristeza que los españoles acaben de aprobar y poner en práctica un comportamiento en sus aduanas que nos resulta tan ofensivo: selectivamente piden a mexicanos al ingresar que demuestren tener el dinero suficiente para permanecer en el país el tiempo que dicen que estarán o, en caso contrario, muestren la carta de invitación de quien se hace responsable por ellos.
Han comenzado a darnos un trato discriminatorio de país pobre. Es cierto, en México hay muchos pobres y hay millones de trabajadores migrantes, como hubo en España hasta hace treinta años, nada más que los mexicanos no suelen venir a Europa, queda mucho más cerca Estados Unidos. Y la historia no es un muladar en el que se van tirando los desechos del pasado. O habemos algunos que creemos que no debe ser así. Muchos años antes de la Guerra Civil, mi abuelo alicantino llegó a México a buscar trabajo, como tantos otros miles de españoles, y así fue por generaciones hasta antes de que se inventara que la única mercancía que no tiene fronteras libres es la gente. Todo lo demás está pactado en los tratados de libre comercio. Ojalá que nuestro próximo embajador (porque ahora no hay quien nos defienda) pueda tocar el espinoso tema. Muy feo detalle.
Y otro no: ustedes no se imaginan lo que era hacer televisión hace cuarenta y cinco años. Nada de la magia con que ahora se miente creando universos virtuales existía, la televisión era el testimonio que las cámaras daban de lo que ocurría en un espacio determinado. Unas camarotas de este tamaño que sólo veían lo que encuadraban. Lo que se hacía era lo que se veía en la pantalla. Yo empecé a hacer televisión, como actor, cuando la llamada televisión cultural era un concepto que no se correspondía con la realidad: el Canal 11, de México, tenía una cobertura ridícula, lo veían unos cuantos vecinos que se acercaban al Politécnico, que era la institución que tenía el permiso de transmisión, a pedir que les adaptaran la antena especial que se requería porque la señal, aunque era abierta, no contaba con la simpatía de la televisión comercial y no había manera de verla por más abierta que fuera. Decíamos en nuestra amargura inocente que el crimen perfecto era matar a alguien y echarlo al aire por el Canal 11, con la certeza de que nadie jamás lo vería. Hoy tiene cobertura nacional, repetidoras internacionales vía satélite y un prestigio consolidado como ejemplo de televisión cultural.
Y viene a cuento la evocación porque acabo de leer en la prensa que por fin contará la UNAM con un canal propio de televisión abierta en el Canal 20 y comenzará a emitir a fines de este año. Hace muchos que la UNAM produce programas pero nunca ha tenido un espacio propio de pantalla; ahora podrá diseñar un modelo de televisión cultural a la medida de su tradición y su esencia; esta universidad tiene la difusión de la cultura como una de sus tres funciones sustantivas, junto con la investigación y la docencia, por eso es ejemplar. Le llega muy tarde el permiso gubernamental pero al fin le llega; ojalá que pueda acortar pronto el camino por los atajos y ubicarse en el espacio mediático con la fuerza que le corresponde. Con este, habrá tres canales de televisión cultural en México, contando el 22. Insisto en que es un país grande y culto, y avanza, pese al escepticismo común que arrastramos los mexicanos.
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Angelito barroco |
Este es el primero de los poemas que hablan del mar, vienen varios después en el libro. Creo que lo anecdótico no importa, además de que no lo recuerdo.
ANGELITO BARROCO
Bajé del cielo
dejé mis cosas
y la piel
y corrí
a saludar al mar.
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15jun2007
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Marcelo y los chapulines |
Iba a comenzar a leer mis poemas en la presentación de antier en el Instituto Cervantes, y un cuerpo se levanta, se acerca por un lateral, cubierta la identidad con una cámara fotográfica, hace clic y se desemboza con una sonrisota: Marcelo Galván. ¡Hombre, Marcelo!, dije con la alegría que me dio verlo, porque la vez anterior, que también me sorprendió, en noviembre del año pasado, estaba en la inauguración de la biblioteca con mi nombre en el Faro de Oriente, en México, y ahora estaba solidariamente aquí. Tú eres de los amigos a los que uno les dice nos vemos tal día a tal hora en tal ciudad de tal país de tal continente y se sabe que estará allí, listo el ferreruelo para el embozo, con una daga afilada por lo que pudiera ofrecerse y con ánimo dispuesto a todo. Con gente así se llega al fin del mundo.
Muchos amigos estuvieron presentes. No los nombro porque necesariamente omitiría algunos; la memoria es una traidora implacable, una tía intrigante, vieja, chismosa y cotilla, y entre tantos se me quedaría alguien en los pliegues del olvido o la distracción, pero en esa sala del Instituto Cervantes había muchas personas que fueron convocadas por este medio y sintieron el deseo generoso de asistir. Yo nomás miraba desde mi sitio frente a los demás y se me alegraban los ojos identificando a los míos. Aquel, ese, esa, esos dos, allí están ellos, mírala, mírala, sí vino. Dejo aquí constancia de mi alegría y de mi agradecimiento a los que estuvieron; también recibí muchas presencias en espíritu vía internet porque hay algunas personas que creen que Madrid queda muy lejos y no se animaron a venir; que le pregunten a Marcelo Galván, cuyo blog está marcado a la derecha de esta página en la barra de enlaces a los cuates.
Y con esto cierro el capítulo de Se está tan bien aquí; las personas en España interesadas en adquirir el libro pueden dirigirse a la librería Hiperión, porque ahí me dijo Ernesto Lumbreras, el editor responsable, que había dejado ejemplares para su venta. Por cierto, me trajo Ernesto desde Oaxaca una bolsa bien abastecida de chapulines pequeñitos para comerlos de botana con el mezcal; y eso, traducido a términos de comprensión fuera de México, es: una bolsa de saltamontes muy pequeños, tostados, para comerlos acompañando una bebida fuertemente alcohólica y exquisita que se produce en varias partes del país pero que donde ha conseguido más fama es precisamente en Oaxaca. Sí, grillos, saltamontes, bichitos que nos comemos con gran gusto y estamos dispuestos a compartir porque son deliciosos y altamente nutritivos. Se comen también en tacos con salsa y anoche se me ocurrió, aunque no la hice, pero la haré, una omelette (tortilla francesa) de chapulines.
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Ansia |
Cuando vuelves la primera página de Júbilo te encuentras con esta exclamación, con este grito interno y contenido que pide plenitud.
ANSIA
Probar,
saber,
morir,
siquiera una vez.
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14jun2007
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Va Júbilo |
Ayer llegaron a casa mi hija María y su novio Rodrigo; la apertura del verano es propicia para venir a Madrid y la visita al padre es un buen don que se da y que se recibe con igual intensidad; el padre se alegra un montón y a la hija le salen lucecitas por todos lados; trajeron mangos y tortillas, trajeron huitlacoche y elotitos tiernos; trajeron alegría, vitalidad y chilitos verdes. También llegó mi amigo Fernando del Castillo; lo trajo el mismo verano, el calor que acá se siente. El eco que hace su voz cada vez que llega sale por la ventanita del baño e inunda Madrid; los amigos vienen corriendo a oírlo. Luego se va su canto por toda España y a veces tenemos que salir corriendo para recuperarlo. La casa está llena. Fernando trajo un cargamento de mezcal de Saldaña que ya era indispensable y unas deliciosas enchiladas potosinas que nos cenamos anoche. Todo está bien. El verano empieza.
Y comienza hoy la pospuesta aparición de Júbilo, que es un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, en 1996. Yo entonces estaba sano y fuerte y el mundo acababa de ponerse al alcance de mi mano. Necesitaba una palabra que me definiera y apareció en uno de los poemas: júbilo. Había pasado toda necesidad de afirmación, que había sido larga, y sólo quería poder nombrar las cosas que me rodeaban. Pisaba con claridad y me vestía con garbo. Aunque nací y había vivido toda mi vida en el altiplano, apareció el mar como leitmotiv, aunque después he pensado que no se refieren tanto al mar estos poemas como al elemento puro, el agua, de quien últimamente ando muy enamorado. Hay por ahí un poemita escrito en la orilla del Báltico que hice en un viaje a Rusia con mi amigo Enrique Strauss, que anoche recordábamos: también vino a visitarme estos días.
Algunas veces me detendré a comentar el poema, su circunstancia anecdótica o alguna mentira que se me ocurra; quizás pueda hablar en alguna ocasión de la materia laboral, de la poesía; pero lo que de veras me interesa, lo que para mí vale la pena, es compartir mis poemas con ustedes que abren la página y me miran a los ojos y se dan cuenta de que yo también miro directamente a los ojos de quienes me miran. Verán que la vamos a pasar bien.
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Poeta |
Me refiero, como ustedes leerán sin desviarse para ninguna parte, a la poesía.
POETA
Es mía.
Es mía
otra vez es mía
y otra vez es mía
nadie es tan dichoso.
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13jun2007
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Presentación cumplida |
Pues, amigos, el acto se cumplió con creces; la expectativa no desmereció y muy contentos nos fuimos al Bocaito de la calle Libertad a comer pescaditos fritos. Hubo mucha gente y cada uno de los poetas tuvimos nuestro momento de gloria, aunque la mayor correspondió, como debía ser, a Gamoneda, quien cerró el acto con una improvisación profunda y la lectura de algunas versiones suyas de poemas del turco Nazim Hikmet. Para mí, el mejor momento fue cuando Julio Trujillo, que dijo cosas muy gratas de mi trabajo, extendió un rollo de papel que había estado jugueteando entre las manos y dejó ver en una banda larga como de un metro la dirección electrónica de este blog. Me encantó el gesto porque rompió el acostumbrado protocolo solemne de las presentaciones de poetas e inauguró un tono contante y sonante, no exento de buen humor, que a mi juicio es el más apropiado para la poesía. O sea que muy bien quedó Calamus, la editorial, con haber hecho el gesto de juntar poetas españoles y mexicanos y presentar la colección en Madrid. Y a otra cosa, mariposa.
Vinieron muchos amigos, entre ellos Javier Espada y Concha, su mujer, y quedamos al calor de los vinos posteriores, en hacer una presentación próximamente, durante unas jornadas dedicadas a México, en el Centro Buñuel de Calanda. Habrá que llevar tequila y mezcal. Yo encantado de ir a leer mis poemas allí y a todas partes. Tenemos pendiente la presentación en Málaga con Alfredo Rodríguez Brondo y estoy voluptuosamente dispuesto a escuchar propuestas de personas e instituciones que estén interesadas en organizar lecturas y presentaciones de este buen lector que sabe hacer que la divulgación de su poesía sea amena y vital y huye de los tonos mortuorios y las solemnidades que por lo general entenebrecen la poesía. Sé que estoy descaradamente haciéndome publicidad, pero más vale ahora que estoy vivo y contento de hacerlo que me aprovechen y no luego digan ¡hostia!, cómo no se nos ocurrió invitarlo cuando se podía.
Porque la verdad es que lo que más disfruto en la vida es la lectura en voz alta de mis poemas; ante otros, se entiende, porque leérselos en voz alta a la pared no me divierte. Como soy actor tengo soltura y recursos y así como lo gozo procuro que lo paladeen quienes me escuchan. Ya estamos apalabrados para octubre en Oaxaca, en Colima y en Sinaloa pero queda todo el resto del mundo y todo lo demás del año, a partir de la semana que entra. Un libro nuevo es un buen pretexto para presentarse ante el público. Acudamos.
Y me parece que lo saludable es comenzar mañana con la aparición bajo esta marquesina de los poemas del libro Júbilo y dejarnos de dilaciones innecesarias. Preparaos, mortales.
Otra cosa: le acabo de pedir permiso a Julio Trujillo para publicar aquí lo que dijo de mi libro, así que al ratito lo pongo. Estén pendientes.
Ya está:
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Bienvenida (de Julio Trujillo) |
BIENVENIDA
por Julio Trujillo
Alejandro Aura, Se está tan bien aquí, Calamus, Oaxaca, 2007.
Si tuviera que adivinar la edad de Alejandro Aura, con la sola evidencia de su nuevo libro de poemas, Se está tan bien aquí, diría, con gran osadía, que tiene entre cero y cien años. Este arco vital no es caprichoso: Aura, el poeta, es al mismo tiempo un recién nacido y un centenario lobo de mar. Su mirada tiene la transparencia de quien recién llega: no hay velos ni apenas estrategia en sus poemas sino un asombro que envuelve, un pasmo vital que lo lleva a tutearlo todo, a estirar la mano y tocar, saborear, interrogar con los cinco sentidos. Y esos mismos ojos neonatos albergan, sin contradicción, el iris retorcido de quien ya viene de vuelta, de quien sabe (por experiencia, porque ha cruzado el pantano y se ha manchado las plumas) que lo complejo es mejor tratarlo con herramientas sencillas y francas. “Alguien tiene que escribir las adivinanzas”, confesó Aura en algún momento, y en esa revelación está la clave de su poesía: el autor de una adivinanza es a) Un niño, en tanto que sus aproximaciones son lúdicas y parten del asombro y la inocencia; b) Un adulto, en tanto que sabe manipular maliciosamente el lenguaje (su contenido y su forma) hasta convertirlo en un artefacto. Podría agregar un inciso c) El autor de una adivinanza es un fantasma: apuesta siempre por el protagonismo de su juguete y no por el suyo propio, se retira a tiempo, sabe que la poesía es de todos y ya no del poeta. Y así es: Alejandro Aura, desde hace años, libro a libro, trabaja sin cansancio y sin afanes protagónicos. Lo atiza el amor por la escritura, no el aplauso. Apuesta por que sea la poesía la que esté en boca de todos, no el nombre de su autor.
Y ahora, ese personaje fantástico de entre cero y cien años ha escrito su último libro: Se está tan bien aquí. Y atención: cada libro que escribimos es el último porque es el más reciente y porque, por lo pronto, hacia delante no hay nada más. Es muy importante tener siempre en mente esta doble acepción en el caso de Aura, pues él mismo fue agudamente consciente de ella: Se está tan bien aquí fue escrito como un último libro. Y yo me pregunto, ¿no deberíamos escribir todos así?, ¿no debería cada uno de nuestros libros, de nuestros poemas, ser un testimonio y un testamento? No lo sé. Pero ya es hora de entrar de lleno en el mentado libro.
Los dos primeros versos, por razones evidentes y no tanto, me parecen de vital importancia:
Con cuánta rémora se fue el verano, que no se quería ir,
y quién va a querer marcharse cuando se está tan bien aquí.
Con un metro versicular que será la norma en gran parte del libro, una respiración holgada que fluye sin mayores interrupciones, Aura lo dice todo en el mero principio: “quién va a querer marcharse cuando se está tan bien aquí”. De aquí surgen el título y las intenciones del poemario: si Heidegger afirmó que el hombre es el ser-para-la-muerte, Epicuro y Aura responden que es justo al contrario: el hombre es el ser-para-la-vida. Mientras yo estoy, dicen ambos autores (Epicuro y Aura), la muerte no está, y cuando la muerte esté, yo ya no estaré, así que la muerte es nada. Y Aura agrega: yo no sólo estoy, sino que estoy rete bien. “Ah, qué bien, verano”. Aura es un gozador profesional, y sus lectores y amigos agradecemos que a esa cualidad se le sume la de la generosidad: lo suyo es la invitación y el contagio, la convocatoria explícita. Por eso, más que el autor de sus libros, podemos decir que es su anfitrión.
Pero algo pasa con el Aura gozador: ha hecho consciencia de los límites y de la brevedad de la vida. ¿Esa consciencia atenta contra lo gozado? No, pero lo matiza, profundiza la mirada y reposa las ansias. Se está tan bien aquí es una reflexión sobre la vida gozada. Por eso podemos leer un poema como “Tamiris el Tracio” (quien fue cegado por la musas) en la personalísima clave del narrador de los poemas de Alejandro Aura, que en este caso es Alejandro Aura. “Arrinconado en esta pocilga de mendicante”, dice Aura, yo soy Tamiris el Tracio: he visto a las musas y estoy dispuesto a pagar el precio de mi osadía. ¿Qué precio? La vida misma, es evidente. ¿Y qué osadía? La de admirar la belleza, la de entregarse a las bondades de la poesía, la de ir, como él mismo dice, a la orilla de la página y lanzarse.
Y el autor se lanza y su pesca es abundante: en su red hay carnalidad y deseo, amor, juegos y juguetes, denuncias airadas y un puñado de poemas-coordenada que rigen con poderoso imán la brújula de este libro. Me refiero al ya mencionado “Un verano remolón, 2005”, a “Un nopal en tierra extraña o sorpresas en España” (delicioso diálogo del autor con una cactácea en pleno Madrid), a “Con qué nuevos ojos te veré” (diálogo con la vida y las nuevas formas de mirarla después del dolor y la enfermedad), a “Hay un muchacho” (breve e intenso poema sobre la entrega del testigo), a “Como todas las vidas que sabemos” (donde se materializa un amor que permea todo el libro, un milagroso amor), a “Solo y mi alma” (un poema de fino ateísmo del que cito estos versos: “alma mía tan lábil, sutil, resbaladiza / que me haces renegar de ti a todas horas / y que junto conmigo te habrás de evanescer / en tan pequeña proporción del tiempo”) y a “Despedida” (en el que el autor imagina algunos paraísos y, elegantemente, dice adiós –pero aquí está él y habrá que desmentirlo, día con día, dándole la bienvenida: Se está tan bien aquí es un último libro, sí, pero sólo porque no se ha publicado el siguiente). El poema “Despedida”, pudiendo ser mexicanísimamente melodramático, es ejemplar en su contención y sobriedad. No tiene la afectación del “Brindis del bohemio” ni la solemnidad de “Para entonces”. Es, como muchos de los artefactos verbales de Se está tan bien aquí, un poema sobre el más grave de los temas pero pasado por el tamiz de una cierta ligereza, un cierto nonchalance que es, en realidad, puritita cortesía: se trata de desgravar la vida misma y entregarla en bandeja, apetitosa y tentadora, para el hambre de los invitados.
Quiero decir, por último, que como lector he aprendido muchas lecciones tras la lectura de este libro. Lecciones de desgravamiento, de aproximación directa y confiada con el objeto, lecciones de asombro y candidez, lecciones de soltura y, en fin, lecciones de amor, pues el amor por la vida y sus manifestaciones es el eje que lo vertebra de principio a fin. Por no hablar de lo que le he aprendido a Aura como amigo y persona… Yo siempre lo veo chorreando vida, dando, ahí donde me lo tope, una conferencia magistral sobre el estar aquí, ahorita, venciendo con talento y valentía a esa putilla del rubor helado que en realidad no existe mientras estemos aquí, y aquí estamos, y se está tan bien.