Desánimo relativo

Me resisto. No quisiera escribir nada este día. No tengo ganas de cerrar el capítulo del libro de poemas. Ah, si pudiera volver a empezarlo, si algún conjuro pudiera hacer que todos los que lo han leído se olvidaran y yo pudiera volver a presentarlo como una novedad. ¿Pero para qué voy a publicar dos veces seguidas el mismo libro? Es absurdo. Como si no hubiera tantas otras cosas escritas y por escribir que están esperando el paraíso de la hoja que va a ser leída. El paraíso o el infierno. Según. Pero no, no es eso lo que me inquieta, no es la idea de que lo próximo pueda ser un infierno; estoy seguro de que no lo será. Ni por lo que escriba ni por la cantidad de lectores adictos que una vez vueltos de las vacaciones, con vigor renovado, se aplicarán a buscar el espíritu oculto de estas páginas.

Es eso lo que me tiene sin ganas de escribir, saber que es domingo y que han empezado las vacaciones de Semana Santa y hay poquísimos lectores activos. Aunque sé de sobra que es una apreciación subjetiva que se deriva del hecho de haber podido cotejar todos los días cómo aumenta el cómputo de visitantes y la conciencia de que esta semana, haga lo que haga, habrá poca respuesta, las gráficas se irán para abajo; y no hay nada que hacer porque montones de lectores posibles no harían caso de mis requerimientos de atención e incluso pensarían, con razón, que qué imprudencia importunarlos en su descanso. Qué distinto sería si hubiera salido ya el libro publicado en papel, tendría una expectativa diferente, estaría pensando que ojalá que sus posibles lectores se lo hubieran llevado para leerlo en estos días de descanso. ¡Ay, tío Einstein, qué relativo es todo!

De modo que ¡ánimo!, me digo, ¡sursum corda!, el trabajo es el trabajo y el que uno ha elegido tiene que hacerse lo mejor posible. Y de todos modos no puedo poner un letrero que diga "cerrado por vacaciones" en este blog, no porque físicamente no pueda, porque podría poner una letras grandotas atravesadas, sino porque no tiene sentido: no estoy de vacaciones y sería ridículo fingir que me fui de viaje; no faltaría alguien que me pidiera narrar lo que vi y tendría que mentir o acabar confesando la verdad. Que no sería otra que la que ya he contado.

Así que nada, aquí va el "Colofón". Más claro ni el agua.


COLOFÓN

He estado revisando la historia y resulta
que todos han muerto. Todos, todos.
De manera que esa secreta esperanza que yo tenía
no encuentra fundamento. No sé qué hacer.

1 comentarios:

MRevenga dijo...

He de decir que por más cerca que esté de ti no deja de sorprenderme tu página cada día, ¡qué afortunada!.
Acabo de acabar la fascinante biografía de Virginia Woolf (la de Quentin Bell), y resulta que sus grandes crisis, de adulta, coincidieron siempre con la publicación de un libro, las dudas que te asaltan sobre la actitud de tus lectores son las mismas que la devoraban a ella. Así ha de ser cuando, supongo, lo que con tanto esmero se ha cocinado llega a la boca de los comensales ¿no?.
Enhorabuena por este maravilloso libro y besos.
M.