Hoja de otoño

Hace unos años, ya casi seis, estaba de visita Octavio Vázquez acá en Madrid y nos fuimos a caminar por ahí; la plática nos fue llevando hasta el Real Jardín Botánico que es un parque tan hermoso, y allí nos metimos a ponerle clorofila al gusto del palique, nomás que ya la cosa andaba en sus otoños, porque Octavio llegó los últimos días de octubre o primeros de noviembre, lo recuerdo bien pues traía una caja con pan de muerto para la ofrenda de María Cortina. Yo estaba feliz con la visita. Nos sentamos en una banca y recogí una hoja de plátano (de la familia de los arces), que son tan parecidas a las del liquidámbar (que en el diccionario se llama ocozol) o el maple (que no existe en el diccionario, así que el que no lo conozca está perdido), ya dorada por la estación y arrancada por el aire pero perfecta en su forma y bella como suelen ser las hojas secas cuando apenas han tomado el color declinante pero todavía tienen la flexibilidad de cuando fueron verdes. Y allí puse con humildad vegetal los versos que siguen:


HOJA DE OTOÑO

En ésta
que no es página
escribe sus versos
el otoño.

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