Lo único que quiere este pobre poemita es asomarse al concepto de la cultura y señalar algo. Es cierto, parece un chiste, pero pretende entrar como un bisturí en la carne de lo cotidiano e indagar acerca de un crimen: en dónde está el cadáver de nuestra primera desnudez. Cómo es que debajo de la ropa llevamos tanto oculto. "¡Y ellos también!", gritó una mujer que estaba escuchando en el club de lectura cuando lo leí en público por vez primera, con una carga de reivindicación muy fuerte; no sólo nosotras vamos desnudas, ya que nos descubriste, ustedes también aunque su ropa tenga más recovecos y fibras más consistentes. Yo me he reído muchísimo, y casi todos los que lo leen también se han reído, pero lo cierto es que unas cuántas palabras acomodadas de tal modo pueden hacer que nos sintamos descubiertos en algo que jamás habríamos pensado que tiene que ver profundamente con lo que somos. Nuestra desnudez no tiene curso social, somos, seguimos siendo, como en tantos siglos pasados, nuestra ropa. Y nosotros que creíamos que ya el hábito no hacía al monje...
Por otra parte, debo confesar que lo que movió realmente el surgimiento del poema, su explosión espontánea, fue el paseo cotidiano por Madrid en verano, el calor que hace que las muchachas lleven la menos tela posible sobre su acalorada carne, y la lasciva complacencia de imaginar. Pero eso nos ocurre a tantos... y sólo al poeta le sucede el poema.
La entrada de hoy es tan breve porque estamos por irnos a la estación de Atocha a tomar un tren rumbo a Jerez de la Frontera y de allí a Sanlúcar de Barrameda. Ya contaré.
IMPUDOR
¡Y pensar
que debajo de la ropa
van todas
completamente desnudas!
28feb2007
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Las encueradas |
27feb2007
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Los gatos |
En 1963, yo creo, escribí los primeros poemas que me atreví a publicar; los di a las revistas de la época y sólo 10 años después los junté en un librito que llamé "Tambor interno" aludiendo a una figura que había en uno de ellos "y algo me crece del tamaño de un tambor/entre la carne". Pues ahora, cuando leí el poema que corresponde al día de hoy en esta puntual entrega, me acordé de otro, de aquellos días: "Jugábamos con rifles de mentiras /y nos gustaba escribir nuestros nombres /en las banquetas de cemento fresco. / No descendemos de buena familia. / Nos parecemos a los gatos pobres,/escondidos en sótanos nacemos/y brotamos maullando en las esquinas." No, el poema de hoy no tiene en apariencia nada en común con este de los gatos pobres, sin embargo alguna razón profunda lo sacó de donde estaba y me lo puso en el primer plano de la memoria. No creo que valga decir que se trata del mismo poeta cuarenta y tantos años más tarde y que eso sirva para explicar algo; más bien hay algún vínculo de fraseo en los dos poemas que hace que una misma sangre fluya por el interior de ambos.
La mayor parte de los poetas vivos que conozco se ha nutrido en la lectura silenciosa y ha oído la parquedad interpretativa o declamatoria en las lecturas en voz alta de parte de los demás poetas que ha marcado el estilo en que se debe leer; la poesía se lee con la menor cantidad posible de inflexiones de voz, con la mayor monotonía y la menor sonoridad posibles. Nomás que yo provengo de otra escuela: me acerqué a la poesía a través de la declamación porque antes que haber escrito un poema me había aprendido muchos y tomaba clases de declamación, y luego, cuando me declaré poeta y comencé a dar a conocer mis versos, fui a dar al taller de Juan José Arreola que era un estupendo intérprete y que actuaba en voz alta los textos de sus pupilos para subrayar sus valores y, muy ocasionalmente, sus defectos.
Bueno, este "Vértigo" tiene ese algo de entonación que me encanta, yo diría que es un poema para ser leído en voz alta, que puede sumar a su marcha silenciosa un danzar alegre y juguetón que dé las claves de su aprovechamiento a quien lo escuche: la poesía es siempre un riesgo, no sirve para nada, nos pone en predicamentos de todo tipo, y no obstante, no hay felicidad comparable a la que de ella emana.
VÉRTIGO
En enjambre me vienen las palabras
zumbando como violas extasiadas,
como flautas y oboes en campiña dominguera
pidiéndome que salte, que me mueva,
que me arroje por el acantilado pavoroso
que me espera sonriente a pocos pasos
porque dicen que yo puedo volar, que si me tiro
más seré aire que cuerpo, más ala que bulto,
menos concepto y más nota vibrante,
más arpegio que sombra de caída, que me tire.
Se me vienen a juguetear al velo del paladar
como efluvios de la memoria con sus sabores
de melocotones dulces, de gordas mandarinas,
de mangos perfumados y golosas piñas,
entrometidas y con mucho inocente descaro
me hacen cosquillas pecaminosas en los labios
y me empujan con sus sabrosas tentaciones
para que me lance a lo que dicen que será disfrute
como el que es solazarse en la delicia anónima
de la pura disposición para el placer de los sentidos,
que si veo el abismo frente a mí en donde pierda el paso
que no le tenga miedo porque allí regalan vida,
que allí me está esperando el paraíso, dicen.
Se me vienen a las yemas de los dedos
sin considerar que uso las manos para tantas cosas
y allí me comadrean indiscretas como viejas conseguidoras,
me ponen al alcance atisbos de pieles que me erizan,
palpaduras que nunca sospeché que hubiera tales,
morbideces que tentar sin el menor recato,
lisuras de mejilla y de cadera de cobre, de mármol, de alabastro,
palpitaciones cuya sangre interior se me contagia
y me empujan, me orillan de bulto y de palabra
para que me vuelva adicto al vuelo que me atrae y que me aterra.
Se me vienen también como aires, como vientos,
como soplos que no sé si llamar premoniciones,
como susurros inquietantes al oído,
insinuándome tesoros escondidos
que están sólo esperando a que los coja yo,
que son la almendra del alma de los tiempos,
el cristal impecable en que se mira el centro cardinal
de la verdad, que a qué espero, que en su manto
me habrán de recoger en el momento mismo
en que deje la orilla y decidido vuele,
y yo entonces sin saber lo que hago
aturdido, febril, manipulado por esta multitud aleve
que me atosiga con vehemente almíbar,
voy a la orilla de la página y me lanzo.
26feb2007
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Ropa vieja |
Habíamos puesto a cocer una carne con huesos, ajo y cebolla, cilantro y perejil, para hacer caldo destinado a una sopa de huitlacoche que teníamos congelado desde la última vez que fuimos a México. De los huesos sacamos el tuétano y allí de pie en la cocina lo untamos en tortillas recién calentadas y lo sazonamos con sal gorda. Aquel glorioso taco fue el aperitivo. Deshebramos la carne y la puse a freír en un poco de aceite de oliva -siempre debe entenderse en España, excepto cuando se especifica lo contrario, que se trata de aceite de oliva- hasta que se fue dorando levemente, entonces le agregué una cebolla mediana cortada en juliana más un chile verde y un pimiento del mismo color también en rajas, sal y pimienta y lo tapé para que se integrara todo. Pues no, la verdad es que lo veía yo muy seco, pero recordé que tenía una salsa de jitomate molido con chile, ajo y cebolla, y frito, y se la eché; como era poca no llegó a hacer caldoso el guiso pero le dio una consistencia más apetitosa. Quizás no es la ropa vieja tradicional pero era algo muy parecido. José Sanchis y Arantza Salaberría que nos acompañaban en la mesa alabaron el guiso, y no menos la sopa de huitlacoche, que se hizo friendo cebolla y ajo picados y granos de maíz fresco; luego agregamos el huitlacoche desbaratado y la sal necesaria y dejamos tapado para que se conocieran las partes a fuego lento; por último el caldo, suficiente para que quedara una densidad notable del difícil platillo negro perfumado con epazote. El huitlacoche no necesita explicación en el centro de México pero sí en el resto del mundo: es un hongo negro por dentro y gris por fuera, de aspecto poco amistoso, que prospera enracimado en la mazorca del maíz cuando se abre accidentalmente mientras está creciendo y se mojan los granos; allí el huitlacoche se desarrolla como una protuberancia que salta a la vista y hace que quien cosecha, si no conoce sus delicadísimas posibilidades gastronómicas, lo considere pudrición y lo tire a la basura. El epazote es una hierbita humilde que crece en México en cualquier parte y cuyo perfume, seco y penetrante, va muy bien con algunos guisos; es de esos sabores que es mejor conocer desde niño para cogerles el gusto.
Y ahora empezamos la semana con un juego. Los elementos del poema son sumamente sencillos: estadísticas y deseo. Y unas cuantas palabras, las menos posible. El juego consiste en dar vuelta a la lógica y hacer que las palabras se froten unas con otras, como sacadas de su comodidad para obligarlas a hacer chispa. Y confieso que no tengo mucho reparo en que se diga que esto pertenece más al terreno del humor que al de la poesía; desde mi punto de vista son caminos paralelos que no pocas veces se rozan en sus infinitos particulares. El chiste es también sublimación del lenguaje y procura, lo mismo que el poema, trascender la rusticidad de las explicaciones para llevarnos de los pelos a una posibilidad humana de nueva creación del universo, en donde unos nos reímos, otros nos azoramos, otros creen ver a Dios, otros nos sentimos flotar, otros lloramos y nos envolvemos en los mantos del dolor como en los de una madre acogedora, y otros todo. Así que si quieren que sea chiste, sea. El alma, sin embargo, clama en el desierto.
DE ESTADÍSTICA
Y hablando
de estadísticas,
a mí me gustaría
que me tocaran
más muchachas
por persona.
25feb2007
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Cada quien en su lugar |
Sigo aquí con el cuento de cómo terminé el año pasado el libro de poemas "Se está tan bien aquí", que permanece inédito aunque yo no sé si inédito se llame a lo que ya va apareciendo día a día en una página electrónica como esta; en todo caso, lo que quiero decir es que no existe todavía el objeto libro, impreso sobre papel y acumulable en un librero después de haberlo leído, subrayado, lagrimeado y manchado con los dedos que pasaron antes por una salsa. Y no es que no quiera publicarlo y exponerlo a tan mundanos destinos sino que no tengo editor. Si alguien entra por primera vez a este blog y no sabe de qué se trata puede remitirse a las páginas anteriores de la bitácora y se enterará de la verdadera y profunda historia de cómo se hace un libro de versos.
Hacia el final del libro, cuando ya para mí tenía forma de libro y no de colección de poemas, sentí la necesidad de invocar a las musas: "Canta oh diosa la cólera del pelida Aquiles". Pero me di cuenta de que a escaso numen podemos acogernos los poetas de hoy en día, y peor si, como yo, creemos poco en masallases y nada en dioses de ningunos, como no sea, claro, en todo lo divino de la verdaderísima realidad del arte y las creaciones humanas.
Había un capítulo que me importaba dejar cerrado ya que me encaminaba al momento de decir adiós, y era el relativo a las influencias literarias, la intertextualidad, los vínculos entre la obra personal y el contexto literario de época, y cosas por el estilo. Perdón por hablar de esto en este espacio, pero así me amaneció el domingo. Yo he sido poco amigo de la academia toda mi vida; o más bien dicho, me ha parecido que una cosa es la academia y otra la poesía; haga cada quien lo que le corresponde y no le pidamos a nadie que se meta en los terrenos de otros. Porque ahora resulta que para poder ir de poeta ya no se puede ir con los ropajes propios del oficio sino que uno ha de tener títulos universitarios de letras y tesis y análisis y opiniones de sí propio y de los demás que han de estar cotejadas con las cumbres del pensamiento y el orden de los académicos; si no, no.
Y luego estaba el otro asunto, el de para qué escribe uno. Y la verdad es que aunque el poema estaba destinado a ser parte del principio del libro el interés profundo que lo movía era dar cuenta de un montón de acontecimientos que aparecen a lo largo del libro y que tradicionalmente no están englobados entre lo que tiene autorización para llamarse poesía. Ya hablaré de eso, yo creo, cuando empiecen a salir los ejemplos. Hoy preferiría contar un sueño que estaba teniendo hace ratito, antes de despertarme.
SUEÑO DE LOS PUROS
Los sueños, cuando se vuelven palabras escritas pierden la sangre de su profunda verdad pero no hay otra manera de tratar de conservarlos y transmitirlos. El caso es que venía a comprender que mi enfermedad era resultado de mi rebeldía porque en realidad yo era un líder religioso, un líder moral y había querido escapar de ello; me parece que era yo el verdadero líder de los judíos. Y me percataba de que el pelo me había crecido demasiado y en forma por demás irregular; tenía un greñero que no era para nada propio del dirigente que yo era sino más bien la melena desordenada de un rockero. Lo asumía y entonces ya podía ir a la habitación de mi madre, que estaba del otro lado, a buscar mi caja de puros que yo sabía que ella tenía confiscada; no porque pensara fumármelos; no, ya no; sólo quería tenerlos porque eran míos.
Salí de la invocación contando cual es el verdadero sentido que tiene el color de las plumas de los pájaros, la dureza calcárea de las conchas y el grosor de las líneas que produce el pincel. Y buscando, como siempre, la complicidad de los demás, de las señoritas, sobre todo. El libro, ya para esas alturas, estaba prácticamente terminado, aunque aun no había escrito la despedida.
INVOCACIÓN
De manera que no teniendo musa o diosa a quien pedirle
que engalane mi prosodia,
-otra cosa es que no tenga a quién encomendarme
pero no es el caso ahora referirme a ese prodigio
pues de ello aparecerán aromas y se develarán colores en su momento-
y habiendo hecho pública profesión de ateísmo,
asumo plenamente la responsabilidad por los versos
que vienen aquí. Yo los hice solo, sin ayuda de nadie
pues declaro no estar ya
en situación de pedir auxilio para tales menesteres,
sin demérito de todos los ilustres antepasados en cuyas obras
he bebido los néctares propicios y apurado las necesarias ambrosías,
y con el propósito de mejorar el mundo un poco,
con la intención científica de lograr injertos de mi piel
en la lacerada piel del mundo,
con el deseo descarado de conmover a las señoritas que los lean
y a los muchachos que se acerquen a ellos
y atraerlos a mi bando y feligresía en los límites de este mundo
y considerando que a falta de la energía inconmensurable de los dioses,
que ya no están,
cada quien, desde su soledad íntima y creativa,
debe hacer lo que pueda para que ruede el mundo y siga girando.
24feb2007
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Agua |
Hace mucho tiempo que aparece el agua en mis poemas; bueno, en los de cualquier poeta. Dejara de ser uno de los elementos básicos. Pero creo que está siempre ligada, cuando la uso, con sensaciones de bienestar, de plenitud. Por lo menos las evocaciones que puedo hacer de memoria son todas de esa naturaleza.
La circunstancia de este poema en particular la recuerdo perfectamente: entro a la ducha y los hilos de agua me cubren, dejan de ser hilos para tornarse en velos, en gasas envolventes, en afecto circundante y pleno; qué cómoda y dichosa puede ser la vida, aunque sea un ratito. Hablo con el agua, le doy las gracias, le digo palabras mimosas, le señalo el mérito de lo que estoy recibiendo de su parte; qué bien lo hace, condenada. Y ella, discreta, apacible, me sigue acariciando. Toda sensación de dolor desaparece, se van los malestares de la espalda, de la cintura, de las piernas, y queda sólo ese trato benévolo.
Hace tiempo que he perdido el reparo de hablar sin interlocutores, lo que llaman por ahí hablar solo; en realidad no me importa hablar con el agua, con la ropa, con los instrumentos de la cocina. Hasta hago un juego que comenzó por verbalizar el asunto ante Milagros: no, no hablo solo, ni que estuviera loco; estoy hablando aquí con la cazuela. De modo que no es una figura literaria lo de decir que coqueteo con el agua de la regadera, que casquivaneamos.
Recuerdo un poemita más breve todavía que surgió durante un viaje en tren por Nueva Inglaterra; habíamos ido a Providence invitados por Julio Ortega para un coloquio y ahora nos dirigíamos a no sé dónde, quizás a Boston; era invierno y afuera todo bosques, nieve y agua, montones de vías acuáticas, arroyos, canales, esteros, pantanos, agua, agua, agua por doquier, agua ligeramente azul, y todo blanco de nieve: "Si tuviera /un agua mía /mi agua,/ la llamara, /mía." Éste está publicado en "Júbilo", y en "Poemas y otros poemas", ahorita que estaba buscando el anterior, me encontré con éste: "Del agua,/como de otras mujeres,/se sabe por su canto/su temperatura." Y este sí es antecedente directo del que hoy reseño porque es de la misma ducha de la que estoy hablando, de la del baño de la casa de la calle Cervantes, en Madrid, donde vivimos; o sea que ya mi relación con ella iba bastante adelantada.
REPENTINO AMOR
Mis relaciones con el agua
han sido siempre de primer nivel
pero últimamente ella y yo
estamos, francamente, enamorados.
23feb2007
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Ilíada |
No recuerdo si esa vez leí toda la Ilíada o nomás la estuve picoteando, porque ese 2005 fue un año marcado por otro acontecimiento, para la historia no más importante que Homero, pero para mi vida personal sí. Ya me había sucedido algo semejante con la descripción de cuando Helena es llamada por la mensajera Isis para ver el combate entre Paris y Alejandro -esa vez creo que andaba yo en Nueva York visitando a mis hijos-, e igual que en esta ocasión me pareció que teniendo cosas semejantes que decir, me daba Homero elementos para mi propio cuento, mi Homerito chulo, mi cieguito de cabecera; el caso es que de pronto me apareció el fragmento de Tamiris que fue atacado por las musas y se me ocurrió el poema; o no, no es que se me ocurriera el poema, un poema, sino que me puse a escribir lo que yo leí en esa anécdota y cómo me sentía ligado al destino de ese pobre personaje cuya culpa, aparte del gusto de tomarse unos tragos con los amigos, cantar y decir tonterías, era no poder trascender la belleza femenina e ir más allá. Me venían en auxilio muchos momentos de solaz y descoyunturas, de risas y otras adrenalinas con Arturo Beristain, a quien tanto extraño, y con otros amigos entrañables más la sensación de perder lo más por lo menos. Pero aunque digo esto anterior no con eso quiero decir que el poema se hiciera en la conciencia antes que en la escritura; una cosa y otra, poema y escritura, no pueden estar separadas: la chispa salta en el acto físico de la escritura. Si es que hay chispa.
TAMIRIS EL TRACIO
Homero, Ilíada
Igual suerte que Tamiris el tracio he corrido yo;
él salía de la casa de Eurito el ecaleo en donde habían estado pellizcando la lira, bebiendo y componiendo el mundo,
cosa que como todos sabemos, aunque nos gusta hacerla y un poder superior nos impele, no está reservada a nuestras pobres fuerzas,
y antes de irse,
muy alegre y sosegado como se está cuando el vino entra al torrente de nuestras preocupaciones y las disuelve con su elegante sombra, tuvo la ocurrencia de decir que no creía en las musas,
que para él la creación era el trabajo, que eran patrañas
de holgazanes y advenedizos, que
“musas a mí, eso quiero yo, ja, pero las quiero a otras horas y para otra cosa”
y salió no muy recto, tal como a mí me ha pasado algunas veces, ligoteando ideas con imaginaciones,
recuerdos con presagios y deseos
y se encaminó al cercano bosque que había de cruzar por fuerza, como a todos nos pasa, antes de llegar a su destino,
¡que otro hubiera sido!
Allí, en esos sombríos trayectos en que se internaba sin temor
no sabiendo lo que le devendría,
las Musas, hijas de Zeus, que lleva la égida,
lo cercaron por designio divino como si fueran un juego de espejos, lo acorralaron, lo amansaron con sus altos poderes,
le afearon sus locas expresiones de descrédito y chacota
y ante el terror reflejado en el último brillo de sus ojos,
le infligieron el peor castigo que se puede aplicar a un poeta: lo cegaron, lo privaron del divino canto y le hicieron olvidar el arte
de pulsar la cítara.
Y nadie crea que tenían piedad ni lástima del pobre hombre
que no obstante las había mirado una a una, de frente,
retratando en medio del pavor sus perfectos rostros
–las hijas de Zeus dedican su estar en la eternidad a cuidar
con afeites y cosméticos naturales la belleza de sus pieles
y sus larguísimos y abundantes cabellos,
la contundente hermosura de sus cuerpos alimentados con
mieles y ambrosías, la ligereza de sus longuísimas piernas,
la táctil agilidad de sus divinos pies-,
no, ninguna clemencia mostraron sino riéndose y contentas
se internaron en lo profundo con su óbolo, pues de algún lado
han de obtener los cantos y melodías con que alegran a los dioses.
La suerte de Tamiris el tracio, digo, la he corrido igual,
y como él, guardo en algún pliegue imposible de mi ceguera
y mi mutismo,
arrinconado en esta pocilga de mendicante,
la felicidad de haber visto -¡mal que lo hiciera!- la insondable
belleza de las Musas.
22feb2007
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Ficharon a Pe |
Woody Allen ficha a Pe para su próxima película, decía El País un día de la semana pasada. Y nosotros sabemos que ha contratado a Penélope Cruz, porque Pe es el apocorístico que le da España a una de sus actrices consentidas, y que lo saque en su edición de internet el periódico como la noticia destacada de la tarde no suena fuera de lugar. Lo que extraña es el fichaje, o a mí me extraña porque sólo lo había escuchado en el caso de los jugadores de futbol. Al principio confieso que no entendía –sobre todo por mi falta de interés en el tema- a qué se referían cuando decían que tal club había fichado a tal o cual jugador. Ni siquiera me había valido la pena desarrollar la posibilidad de que le hubieran dado turno para ingresar a sus filas o lo hubieran puesto encima de una mesa de subastas; mucho menos que lo hubieran fotografiado de frente y de perfil con un número colgado del pecho e ingresado en los anales informáticos del combate a la delincuencia. Me pasaba lo mismo con el repechaje, que sigo sin comprender. Y de repente, con el uso del término en el caso de Penélope, se me revela el sentido del término: contratar.
Claro, ahora lo entiendo: contratar es un verbo que sirve para el oscuro mundo laboral, para los mortales comunes y corrientes a quienes una empresa contrata para que desempeñen un trabajo que seguramente podría desempeñar cualquier otro u otra que tenga una preparación y una experiencia similares, y en cambio fichar señala, separa, individualiza, subraya al sujeto laboral elegido como único para realizar determinada función. No sé desde cuándo se usa en los terrenos deportivos pero es la primera vez que lo veo usado en los artísticos; esperemos a ver si se traslada a otras disciplinas: Alfaguara ficha a Felipe Garrido, el Museo de Arte Moderno de México ficha a Juan Manuel de la Rosa, el Festival Cervantino ficha a Fernando del Castillo para su próxima edición… Más inesperado será cuando deje de tratarse de personajes vivos y se refiera a toda clase de personalidades: El Prado ficha a Tintoretto, Gredos ficha la obra completa de Plinio el Viejo, Hollywood ficha por fin al verdadero protagonista del Divino Rostro.
Ya en lo puro especulativo se me ocurre que en cualquier momento nos vamos a enterar de nuevas traslaciones del habla deportiva y seremos informados de que el pichichi de los novelistas en español es Arturo Pérez Reverte, el de los dramaturgos José Sanchis Sinisterra, o que el pichichi del cine es Michel Douglas o Brad Pit, y el de los artistas plásticos está siendo Gabriel Orozco; pero más me sorprenderá cuando abarque otros oficios y se dé por ejemplo la noticia de que el congreso venezolano acaba de fichar para pichichi vitalicio a Hugo Chávez. Uno no sabe las vueltas que da el idioma.
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Brevedad de la vida |
¡Qué va!, uno no piensa en eso, porque está incluido en el paquete inicial: la vida es breve, duele, etcétera. Pero, al menos yo, siempre he pensado que como la vida dura toda la vida no hay por qué estar pensando en su final. Lo que tiene el poema es que no habla sólo de eso sino de la imaginación y la memoria.
Durante muchos muchos años me despertaron en mi casa de Tiépolo los trinos de los pájaros. Es lo que extraño en Madrid, como no vivo cerca de ningún parque... Había uno de vocación académica muy acusada que silbaba cinco notas ascendentes y regresaba en seguida a recogerlas sin perder ni cambiar la entonación, y vuelta a empezar, hasta que todos los demás se despertaban y empezaba el concierto. Hago enorme esfuerzo por recordar el santo que fijó la escala musical que usamos o el concilio en que se definió su estructura, pero de balde, no me sale; esas y tantas, tantísimas más trampas tiene constante la memoria. Como los jardines de La Alhambra que ya no sé si los recuerdo porque los vi o creo que los recuerdo porque me los narró Pepe Tito.
Pero lo que de veras me apura es lo otro: el ansia de pensar que la vida hubiera sido otra cosa si me hubiera aplicado. Pero qué le vamos a hacer, nací cabeza de chorlito.
MÁS BREVE
Más breve que el canto de los pájaros
que anuncian el amanecer ensayando escalas musicales,
más corto que el trayecto entre el principio y el final
de algún jardín nazarí que se me escapa en la memoria,
más fugaz que la imaginación, porque en nada puse pie,
ha sido la vida,
que está preguntándose cómo es que se acaba así.
21feb2007
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Aquí empiezan los poemas |
La cosa empezó por aquí. Ya estábamos en octubre y seguía haciendo calor; menos mal porque me quedaba varios días tumbado en casa con el trancazo de la quimioterapia y cuando se me pasaba el efecto devastador salía a la calle a mover un poco las piernas y el calorcito no se había ido de allí. Las muchachas, claro, seguían ligerísimamente vestidas. Y cómo no. Madrid bullía, efervecía la vida y donde quiera brotaban estímulos. Por lo menos la mitad del primer tratamiento me lo pasé con esta estupenda medicina.
No es que este sea cronológicamente el primer poema escrito de los que conforman el libro, sino que es el que abre el ciclo que me dio la gana tratar en esta colección de poemas; algunos que aparecen en páginas posteriores fueron escritos mucho antes, años incluso; aunque sí, la parte más carnosa la escribí en esta etapa y a principios de 2006. En algunos momentos sentía la necesidad de apurarme, de terminar, de despedirme. Pero después de cerrado este ciclo ya llevo escritos muchos otros poemas. Qué gusto.
UN VERANO REMOLÓN, 2005
Con cuánta rémora se fue el verano, que no se quería ir,
y quién va a querer marcharse cuando se está tan bien aquí.
¿Habrá un cielo prometido para los veranos muertos,
o se irán nomás a enfriar como los otros cuerpos?
Las muchachas del verano no se querían cubrir,
todo septiembre fue remolonear con los desnudos hombros
y octubre mismo, lleno de sol, moraba sobre pieles,
piernas, brazos, vientres, cuellos, casi pechos,
y sonrisas y efluvios de los ojos jugaban al calor
como si fuera eterno. Ah, qué bien, verano.
No sé si fui yo el causante de este alargamiento
o yo no tuve que ver y fue el desorden de los tiempos.
Pero este verano fue distinto, ajeno a la costumbre,
sorpresivo, elástico, moroso, humano más que nunca.
Escúchalo:
20feb2007
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Ahí les voy |
El día menos pensado sin necesidad de aparatos externos vamos a poder leer, oír, ver, sentir, a lo mejor hasta oler lo que pase por donde nosotros no andamos, y tal vez no falte mucho para que tal despropósito ocurra; seremos entonces semejantes a los dioses, aunque, claro, habremos perdido lo que en los últimos siglos hemos apreciado tanto: la individualidad. Vaya usté a saber. Sólo me quedó la duda de si Dios nos huele; yo para eso mejor no existiría.
Por lo pronto, lo que ya es cierto es que es bien fácil escribir y ser leído por los demás sin permiso de los editores, ni de los censores, ni de los que nos quieren o dejan de querernos, sin quedar bien (ni mal) con los que manejan las redecillas de poder. Ora que el chiste es que a los demás les interese lo que escribimos, que se sepa, que todo el mundo se entere y que tengamos el toque de la varita mágica, el ábrete sésamo del interés de los demás. Y como esa es la principal característica de este medio, ahí les voy.
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Qué va a haber |
Y teniendo en cuenta que aunque me gusta escribir todo lo que puedo, prefiero escribir versos, que por lo común es el género que me proporciona (no todas las veces, claro, pero sí muchas) un estado que puedo identificar con la felicidad, me permito compartir con quienes se avengan a buscar periódicamente este espacio los versos que últimamente me han alegrado. Los voy a ir poniendo día a día hasta que se me acabe el material del último libro que tengo conformado e inédito: "Se está tan bien aquí". Luego seguramente pondré otros que voy haciendo, unos mejores y otros peores, y lo más seguro es que a veces abra otros temas: que si viajes, que si reflexiones, que si acontecimientos o sorpresas, que si fotos. Si algún día no pongo nada será seguramente porque esté quimio (hay veces que estoy así) o de viaje o porque no sepa alguna de las truculencias del blog.